Un líder político conservador, que fue director penitenciario del país, fue electo a la presidencia de Guatemala el domingo, en una contienda inmersa en el contexto de la crisis migratoria en la que miles de guatemaltecos abandonan su país cada mes.

Con más del 90 por ciento de las casillas de votación contadas, Alejandro Giammattei, de 63 años, quien estaba compitiendo por cuarta ocasión para la presidencia, obtuvo casi tres quintas partes de los votos y derrotó a Sandra Torres, la ex primera dama, según los resultados preliminares de las elecciones en Guatemala.

Ninguno de los candidatos inspiró mucha confianza entre los electores y poco más del 42 por ciento de los votantes elegibles participaron.

Que tantos guatemaltecos elijan la incertidumbre de la migración antes que la situación de pobreza, violencia y corrupción que viven en su país es una señal de los desafíos que enfrenta Giammattei, quien tiene poca experiencia política.

Adicionalmente a sus problemas, Guatemala es uno de un puñado de países centroamericanos en la mira del gobierno de Donald Trump, que intenta transferir la carga de disminuir la inmigración a Estados Unidos a los países de origen de los inmigrantes.

No hace mucho, Guatemala parecía lista para una transformación.

En 2015, un extraordinario movimiento popular guatemalteco inspiró a toda América Latina. Cientos de miles de personas acudieron a la plaza principal de la capital, Ciudad de Guatemala, para protestar contra la corrupción, impulsadas por las investigaciones contundentes que llegaron a vincular al presidente de la nación.

Hoy, esas investigaciones están llegando a su fin, la corrupción endémica persiste y el cansancio y el cinismo han afectado a la nación.

Cuando Giammattei proclamó su victoria, no mencionó la corrupción y prometió en cambio que los guatemaltecos tendrán “un presidente que se mantendrá en contacto con la gente y hará que el país camine”.

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