Despierta Quisqueya

La infancia en el centro de la crisis climática: una deuda pendiente para República Dominicana

¿Cómo explicarle a un niño que la lluvia que cae sobre su casa puede cambiar para siempre el rumbo de su vida? Para un niño, niña o adolescente, una tormenta puede parecer apenas un día sin clases. Una inundación puede convertirse en una aventura pasajera. Una sequía puede ser la ausencia de agua en el grifo. Pocos alcanzan a comprender que detrás de esos fenómenos existe una crisis global que condiciona su presente y amenaza su futuro.

Lejos de ser eventos aislados, estos impactos comienzan a formar parte de la cotidianidad de la infancia dominicana, que representa el 33 % de la población en el país caribeño.

Las cifras muestran la dimensión del problema. Según el estudio “Cambio Climático y Derechos de la Primera Infancia” del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), República Dominicana ocupa el puesto 73 entre 200 países evaluados en el Índice de Riesgo Climático de la Infancia (CCRI), con un valor de 5.2, considerado de severidad media.

En República Dominicana las señales ya son visibles. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Hogares (Enhogar) 2024, el 20.5 % de los hogares reportó haber sido afectado por calor excesivo durante el último año, mientras que 52.1 % de las familias manifestó sentirse más preocupada por los fenómenos naturales que un año antes, evidencia de que la percepción del riesgo climático también crece entre la población.

Sin embargo, el cambio climático tampoco golpea por igual a toda la población. Las comunidades más pobres suelen ser las primeras en sufrir sus consecuencias y las últimas en recuperarse. Las familias que viven en Los Alcarrizos, Nuevo Amanecer o en los barrios ribereños del Cibao no eligieron instalarse en zonas de alto riesgo.

Muchas llegaron allí porque nunca existieron alternativas de vivienda digna, planificación urbana o infraestructura suficiente para reducir la exposición frente a inundaciones y deslizamientos.

Cada temporada ciclónica vuelve a demostrar la misma realidad: los desastres naturales no afectan por igual a toda la sociedad. Las lluvias golpean con mayor intensidad donde ya existían pobreza, exclusión y precariedad. Y, en medio de ese escenario, los niños, niñas y adolescentes suelen cargar con las consecuencias más profundas, aunque pocas veces ocupen el centro del debate público sobre el cambio climático.

Cuando el clima también condiciona la infancia

Para Rosaura Pimentel, coordinadora del Observatorio de Cambio Climático, los efectos de la crisis climática sobre la niñez no pueden analizarse únicamente desde el punto de vista ambiental.

El problema, explicó, atraviesa prácticamente todos los aspectos del desarrollo infantil. “El impacto es sistémico y multidimensional”. Desde el punto de vista físico, sostuvo que el aumento sostenido de las temperaturas y las olas de calor ya producen consecuencias visibles en la población infantil. “El aumento de temperaturas y las olas de calor provocan deshidratación y menor rendimiento cognitivo en las aulas”.

A ello se suman las consecuencias derivadas de las lluvias intensas y las inundaciones, que aumentan el riesgo de enfermedades hídricas, como el cólera y la leptospirosis, especialmente en los sectores de menor poder adquisitivo.

Pero el impacto va mucho más allá de la salud física. Cada desastre deja también una huella emocional. Los desplazamientos forzados, la pérdida del hogar, la incertidumbre y el miedo comienzan a formar parte de la experiencia de miles de familias después de cada evento extremo.

Pimentel advirtió que estas experiencias generan estrés crónico y traumas que pueden afectar el desarrollo infantil durante años.

“Los eventos extremos como huracanes o inundaciones provocan desplazamientos forzados. Los eventos climáticos extremos generan estrés crónico y trauma”.

Para Unicef, el mayor desafío ya no consiste únicamente en reducir las emisiones o fortalecer la infraestructura frente a los desastres naturales. La prioridad pasa por reconocer que la infancia debe convertirse en el eje de las políticas de adaptación y resiliencia.

El representante de Unicef en República Dominicana, Carlos Carrera, sostiene que la evidencia demuestra que los efectos del cambio climático ya están transformando la vida cotidiana de la niñez dominicana.

“En República Dominicana, el cambio climático ya no es una amenaza futura: está marcando hoy la vida de millones de niños, niñas y adolescentes, profundizando la pobreza, interrumpiendo su educación y poniendo en riesgo su salud y su futuro. Proteger a la infancia frente a esta crisis no es opcional, es una urgencia nacional”, explicó a Acento.

Escuelas que también deben proteger

Si los niños son uno de los grupos más vulnerables frente al cambio climático, la infraestructura pública debería convertirse en una de las primeras líneas de defensa.

“La amenaza climática más subestimada para la infancia en República Dominicana es el estrés térmico silencioso prolongado en zonas urbanas y escuelas”.

El aumento sostenido de la temperatura diaria convierte muchas aulas en espacios poco aptos para el aprendizaje, ya que las escuelas con mala ventilación cruzada, sin aislamiento térmico o sin climatización se convierten en hornos, disminuyendo la capacidad de aprendizaje, alterando el comportamiento y amenazando la salud de los niños de menores recursos.

Sin embargo, Pimentel consideró que todavía existen desafíos. Una de las prioridades, afirmó, consiste en evitar que escuelas y centros de salud continúen construyéndose en zonas altamente expuestas a inundaciones.

“Hay que asegurar que escuelas y centros de salud primaria no se construyan en zonas de alta vulnerabilidad, como las llanuras de inundación, y que además puedan funcionar como refugios climáticos adecuados”.

La adaptación también pasa por mejorar las condiciones dentro de las aulas. Las altas temperaturas reducen la capacidad de concentración, afectan el comportamiento y limitan el aprendizaje. Por ello considera indispensable garantizar espacios adecuados para estudiar.

Otro aspecto clave es fortalecer los Sistemas de Alerta Temprana con un enfoque específico para la infancia. “Los protocolos de evacuación y respuesta deben incorporar un enfoque de protección infantil, asegurando rutas seguras y refugios que garanticen su cuidado”.

La pobreza también tiene rostro infantil cuando llega un desastre

Las consecuencias del cambio climático no terminan cuando cesa la lluvia o disminuye el nivel de los ríos. Para miles de familias dominicanas, el impacto comienza después: cuando los ingresos desaparecen, las escuelas permanecen cerradas, los centros de salud dejan de operar con normalidad y el acceso al agua potable se vuelve incierto.

En ese escenario, los niños, niñas y adolescentes cargan con una doble vulnerabilidad: enfrentan las consecuencias inmediatas de los eventos climáticos y, al mismo tiempo, viven en hogares que cuentan con menos recursos para recuperarse.

El oficial de Políticas Sociales de Unicef en República Dominicana, Gavino Severino, explicó a Acento que el cambio climático está profundizando desigualdades que ya existían y amenaza con comprometer el desarrollo de toda una generación.

Aunque todavía existen retos para medir con precisión el impacto sobre la infancia, los indicadores nacionales e internacionales permiten dimensionar el problema.

De acuerdo con Severino, el Índice de Vulnerabilidad ante Choques Climáticos (IVAAC), elaborado por el Sistema Único de Beneficiarios (Siuben), identificó que 600,000 niños, niñas y adolescentes pertenecientes a los grupos más pobres del país se encuentran en alto riesgo frente a fenómenos climáticos extremos.

A ello se suma el Índice Global de Riesgo Climático para la Infancia, que ubica a Quisqueya dentro de un nivel de riesgo medio-alto debido a su elevada exposición a huracanes, inundaciones y períodos prolongados de sequía.

Pero la dimensión del fenómeno va mucho más allá de los hogares clasificados como altamente vulnerables.

“Se estima que entre el 60 % y el 70 % de los niños y niñas del país, alrededor de dos millones, están expuestos a por lo menos un evento climático extremo recurrente”.

La situación, además, continúa agravándose.

Según Severino, durante la última década la frecuencia y la intensidad de huracanes, tormentas tropicales y lluvias extremas han aumentado, incrementando también el número de niños afectados cada año.

Para el especialista, la tendencia es clara.

“La exposición no solo ha aumentado, sino que también los impactos son más severos por la combinación del cambio climático, la urbanización desordenada, la pobreza infantil y la desigualdad”.

El cambio climático no crea por sí solo la pobreza, pero sí amplifica las condiciones que mantienen a miles de familias atrapadas en ella. La evidencia recopilada por el Banco Mundial, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y Unicef coincidieron en que la crisis climática actúa como un multiplicador de la pobreza infantil.

En República Dominicana, uno de cada tres niños vive en condiciones de vulnerabilidad económica.

“Se estima que decenas de miles de niños podrían caer en pobreza o pobreza extrema adicional hacia 2030 si no se fortalece la adaptación al cambio climático en sectores clave como atención a la primera infancia, educación, salud y protección social”.

Rosaura Pimentel, del Observatorio de Cambio Climático, incluso, señaló que la preocupación permanente por el futuro ambiental ya tiene un nombre dentro de la literatura científica.

“Hoy también se documenta la ecoansiedad, como el miedo persistente al futuro debido a la crisis climática”. Aunque este fenómeno también alcanza a la población adulta, la especialista sostuvo que los efectos psicológicos se han hecho particularmente visibles después de los eventos climáticos extremos registrados recientemente en República Dominicana.

El panorama también preocupa a nivel regional. Un informe elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y Unicef estima que 5.9 millones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes de América Latina y el Caribe podrían caer en situación de pobreza hacia 2030 como consecuencia del cambio climático

Entre las principales evidencias identificadas por Unicef se encuentran:

  • La pérdida de medios de vida e ingresos familiares, especialmente en agricultura y empleo informal.
  • El aumento del gasto de los hogares en atención médica después de eventos climáticos extremos debido al incremento de enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue, y otras afecciones.
  • La interrupción prolongada del aprendizaje por suspensión de las actividades escolares, con efectos que pueden reducir las oportunidades e ingresos futuros de los niños afectados.

El desplazamiento infantil: una realidad poco visible

Uno de los efectos menos documentados del cambio climático es el desplazamiento interno provocado por los desastres naturales.

Aunque el país todavía no cuenta con un sistema robusto que permita medir este fenómeno, la información regional ofrece una aproximación a su magnitud.

Datos del Centro de Monitoreo de Desplazamientos Internos (IDMC) y Unicef muestran que, en el Caribe, los niños representan entre el 40 % y el 50 % de las personas desplazadas por desastres.

En República Dominicana, durante eventos climáticos, decenas de miles de personas han debido abandonar temporalmente sus hogares. Una parte importante de esa población corresponde a niños, niñas y adolescentes.

Para Severino, el problema suele pasar desapercibido porque la mayoría de estos desplazamientos son temporales. Sin embargo, su repetición constante afecta profundamente la estabilidad emocional, educativa y social de la infancia.

“El desplazamiento infantil es significativo, aunque subregistrado, y suele ser temporal pero recurrente, lo que afecta su estabilidad y bienestar”.

Pero el especialista, es aún más enfático. El cambio climático también amplifica las desigualdades territoriales existentes.

Zonas rurales:

  • Mayor exposición a las sequías.
  • Menor acceso a servicios básicos resilientes.
  • Alta dependencia económica de la agricultura.

Sectores urbanos más vulnerables:

  • Inundaciones frecuentes.
  • Elevada densidad poblacional.
  • Infraestructura insuficiente para responder a fenómenos extremos.

El resultado es una combinación especialmente crítica.

“Los niños, niñas y adolescentes más pobres tienen una doble vulnerabilidad: mayor exposición y menor capacidad de recuperación”.

La infancia aparece en los documentos, pero no siempre en los presupuestos

Aunque República Dominicana ha incrementado las inversiones vinculadas con la adaptación al cambio climático, Severino consideró que todavía existe una importante brecha en materia de financiamiento específico para la infancia. Actualmente no existe una medición robusta que permita conocer qué proporción del presupuesto destinado a la adaptación climática beneficia directamente a niños, niñas y adolescentes.

La situación tampoco es alentadora a nivel internacional. Unicef estimó que menos del tres por ciento del financiamiento climático mundial está dirigido específicamente a responder a las necesidades de la niñez.

Aunque Rosaura Pimentel reconoció avances en la incorporación del enfoque climático dentro de las políticas públicas, consideró que todavía existe una brecha entre los compromisos y su ejecución.

“De manera teórica e indirecta, sí; pero de manera operativa y presupuestaria, el avance es limitado”.

Explicó que tanto las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC) como parte de la legislación nacional incluyen referencias a la infancia dentro del grupo de poblaciones vulnerables.

Sin embargo, afirmó que aún hacen falta acciones concretas.

“Faltan planes de acción climática que destinen un presupuesto específico y rastreable para salvaguardar los derechos, la salud y la educación de los niños frente a las variables climáticas”.

De hecho, el Consejo Nacional para el Cambio Climático y Mercado de Carbono, al actualizar la NDC a la tercera versión incluyó una visión de género e infancia.

“República Dominicana es un país muy expuesto a los fenómenos meteorológicos extremos, cuya intensidad es cada vez mayor a causa del calentamiento global y el cambio climático, lo que amenaza directamente a los más vulnerables pues pone en riesgo la seguridad alimentaria e hídrica; agrava las precariedades de quienes viven en zonas rurales y en zonas urbanas empobrecidas”, explicó el titular de Max Puig, titular de Cambio Climático y Mercado de Carbono.

Entre las principales brechas identificadas por el organismo se encuentran:

  • La ausencia de un sistema de etiquetado que permita identificar cuánto invierte el Estado en acción climática orientada a la infancia.
  • La limitada integración entre las políticas sociales y las políticas climáticas.
  • La insuficiente inversión destinada a infraestructura resiliente, especialmente en escuelas, sistemas de agua potable y centros de salud.

Si el país no fortalece sus políticas de adaptación, los escenarios proyectados hacia 2030 muestran un panorama cada vez más complejo. Unicef proyectó que podrían aumentar la frecuencia de los eventos climáticos extremos, las interrupciones del sistema educativo, las enfermedades relacionadas con el clima, la pobreza infantil y los desplazamientos temporales.

La advertencia coincide con las proyecciones globales del organismo.

“A nivel mundial, casi todos los niños, niñas y adolescentes estarán expuestos a múltiples riesgos climáticos hacia 2030, y República Dominicana no será la excepción”.

Para el representante del organismo, Carlos Carrera, cada inundación, sequía, ola de calor o tormenta tiene consecuencias que trascienden la emergencia inmediata y terminan ampliando brechas sociales que ya existían. Por ello insiste en que la respuesta del Estado no puede limitarse únicamente a atender los desastres una vez ocurren.

“Si no actuamos ahora con inversiones decididas y políticas centradas en la niñez, el cambio climático seguirá ampliando las desigualdades y dejando atrás a los más vulnerables. Desde Unicef hacemos un llamado claro: cada decisión climática debe poner a la infancia en el centro, porque no hay desarrollo sostenible sin proteger a quienes heredarán el país”, comentó.

El estudio “El impacto del cambio climático sobre la pobreza infantil y juvenil de América Latina” concluye que los fenómenos extremos profundizan las condiciones de pobreza existentes y reducen las oportunidades de desarrollo de la población infantil y juvenil.

A pesar de esa realidad, el informe advierte que apenas el 3.4 % del financiamiento climático multilateral está destinado específicamente a proteger a niños, niñas y adolescentes, una proporción considerada insuficiente frente a la magnitud del problema. En el caso dominicano, los indicadores comienzan a reflejar que los efectos del cambio climático ya forman parte de la experiencia cotidiana de miles de familias.

Las prioridades para proteger a la niñez

Frente a este escenario, Unicef planteó acciones prioritarias para reducir la vulnerabilidad de la infancia.

  • Fortalecer los sistemas de protección social adaptativos para responder rápidamente ante fenómenos climáticos extremos.
  • Implementar transferencias monetarias de emergencia para las familias afectadas.
  • Incrementar la inversión en infraestructura resiliente.
  • Fortalecer la educación climática para preparar a niños, niñas, adolescentes y jóvenes frente a los riesgos ambientales.
  • Consolidar sistemas de alerta temprana inclusivos que lleguen efectivamente a las comunidades más vulnerables.






Karla Alcántara

Abanderada por los viajes, postres y animales. Ha cursado diplomados sobre periodismo económico impartido por el Banco Central, periodismo de investigación por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo, finanzas por el Ministerio de Hacienda y turismo gastronómico por la Organización Internacional Italo-Dominicano.

Ver más


source

Exit mobile version