Santo Domingo. – En República Dominicana, la alimentación de los niños comienza con una alerta silenciosa. A edades en las que deberían predominar la lactancia materna y los alimentos naturales, una gran proporción ya está expuesta a bebidas azucaradas y productos ultraprocesados.
Según la encuesta ENHOGAR-MICS 2025, el 70.4% de los niños de 6 a 23 meses consumió bebidas azucaradas el día anterior a la entrevista, mientras que un 38.5% recibió alimentos no saludables.
Apenas el 19.2% logró lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, como recomiendan los organismos internacionales.
El hallazgo revela una tendencia preocupante: la introducción temprana de azúcar en la dieta infantil. En esta etapa, entre los 6 y 23 meses, los niños deberían iniciar una alimentación complementaria basada en alimentos naturales, papillas, frutas, vegetales y la continuidad de la lactancia materna.
Sin embargo, en la práctica, muchos son expuestos a jugos en caja, néctares industrializados, galletas dulces, cereales azucarados o incluso pequeños sorbos de refresco, productos que sustituyen preparaciones frescas y adecuadas para su desarrollo.
El Ministerio de Salud Pública, en sus Lineamientos Técnicos de Alimentación Complementaria, establece que la lactancia materna debe mantenerse hasta los dos años o más, junto a la introducción progresiva de alimentos sin azúcares añadidos.
La guía recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, la introducción de alimentos naturales a partir de esa edad, evitar el azúcar añadido y los ultraprocesados en la primera infancia, y mantener una alimentación variada y nutritiva.
Sin embargo, los datos muestran una brecha entre la recomendación y la realidad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que los azúcares libres, presentes en bebidas azucaradas y productos procesados, aumentan el riesgo de obesidad infantil, diabetes tipo 2 y caries dental, además de fomentar hábitos alimentarios poco saludables a largo plazo.
La OMS recomienda reducir su consumo a menos del 10% de la ingesta calórica diaria e idealmente por debajo del 5% en niños pequeños.
Para UNICEF, los primeros 1,000 días de vida, desde la gestación hasta los dos años, son determinantes para el desarrollo físico y cerebral.
Una alimentación inadecuada en este período puede afectar el crecimiento, el sistema inmunológico y aumentar el riesgo de enfermedades crónicas en la adultez, lo que convierte esta etapa en una de las más críticas para la salud infantil.
En muchos hogares dominicanos, la alimentación del bebé se adapta a lo que consume la familia.
En ese contexto, no es extraño que niños pequeños reciban jugos en caja o néctares industrializados, galletas dulces o snacks procesados, pan blanco con embutidos o pequeñas cantidades de bebidas azucaradas.
Aunque estos alimentos son comunes en la cotidianidad, no forman parte de una dieta recomendada para la primera infancia.
Especialistas en nutrición pediátrica advierten que el problema no siempre es visible de inmediato, pero sí tiene consecuencias a largo plazo.
El consumo temprano de azúcar puede alterar la microbiota intestinal, generar preferencia por sabores dulces, aumentar el riesgo de obesidad infantil y favorecer la aparición temprana de caries. De acuerdo con los expertos, lo que ocurre en los primeros dos años de vida puede influir directamente en la salud metabólica futura del niño.
La Sociedad Dominicana de Pediatría ha reiterado la necesidad de fortalecer la educación nutricional a las familias, especialmente en lo relacionado con la lactancia materna y la alimentación complementaria adecuada.
Mientras tanto, organismos internacionales como la OMS proponen medidas como la regulación de la publicidad de alimentos dirigidos a niños, la reducción del consumo de bebidas azucaradas y el fortalecimiento de la educación alimentaria desde la primera infancia.
Los datos de ENHOGAR-MICS 2025 muestran una realidad clara: en República Dominicana, muchos niños están iniciando su alimentación con productos que no corresponden a su etapa de desarrollo.
La pregunta que deja el estudio no es solo qué están comiendo los bebés, sino qué consecuencias tendrá esa dieta en su salud futura.
