Anastasiya Minkova sufrió un fuerte impacto emocional al regresar a casa de un viaje el pasado mes de septiembre y descubrir que su marido se había marchado llevándose a su hijo de dos años.
Esta ciudadana con doble nacionalidad (estadounidense y rusa) lucha ahora por la custodia del niño, a quien CNN se referirá como Ren para proteger su identidad.
La última vez que Minkova vio a Ren fue hace seis meses: pasaron 30 minutos juntos jugando con juguetes en un centro de acogida infantil, bajo la atenta mirada del personal.
“Mi hijo se aferró a mí con fuerza y no quería soltarme. Apoyó la cabeza en mi pecho y sentí que se sentía aliviado al verme por fin”, declaró Minkova a CNN.
“Cuando se acabó el tiempo, me sentí totalmente desolada”.
La familia vivía en la isla de Shikoku, en Japón, un país donde —hasta un cambio legislativo ocurrido este mes de abril— solo uno de los progenitores podía ser considerado tutor legal del niño tras el divorcio.
Por lo general, ese progenitor era quien convivía con el niño, lo que llevaba a los abogados a aconsejar a sus clientes que huyeran con sus hijos antes de iniciar los trámites de divorcio; una práctica que en otros países podría considerarse sustracción de menores, pero que en Japón no era ilegal, según explicaron abogados a CNN.
“Si un progenitor se marcha de casa con los hijos, se convierte en su cuidador principal durante el procedimiento legal. Esto refuerza considerablemente su posición frente al progenitor que se queda atrás”, afirmó el abogado de familia Masanori Tanabe.
El Ministerio de Justicia de Japón sostiene que la nueva ley permite reconocer a ambos progenitores como tutores legales y debería abordar el problema de la sustracción de menores al exigir a los padres que se divorcian que “respeten la dignidad del otro”.
Si no cooperan y uno de ellos se lleva al niño, este hecho podría jugar en su contra en futuros procedimientos de custodia, señaló el ministerio.
Sin embargo, varios abogados declararon a CNN que no está claro cómo interpretarán los tribunales la ley, que la custodia compartida no será automática y que la norma no garantiza el reparto del tiempo de crianza.
Asimismo, activistas y padres señalan que la ley no refuerza los derechos de los progenitores que se quedan atrás cuando sus hijos desaparecen bajo la custodia exclusiva de sus exparejas.
Minkova conoció a quien ahora es su esposo en Facebook en 2013 y se reunió con él en Japón cuatro años más tarde, tras contraer matrimonio.
Según relató Minkova, empezaron a surgir señales preocupantes en la relación antes de que ella quedara embarazada de Ren en 2022. Tras el nacimiento de su hijo, comentó, su esposo se volvió cada vez más crítico con su forma de ejercer la maternidad y exigía tomar todas las decisiones sobre la crianza del niño.
Minkova dijo que había estado considerando el divorcio, pero cuando viajó a visitar a su familia en Rusia el pasado mes de septiembre, no esperaba regresar y encontrarse con una casa vacía.
“Mirando atrás, fue el mayor error que he cometido en mi vida”, declaró a CNN. “Pero nunca imaginé que él aprovecharía esa oportunidad para marcharse de casa”.
Minkova contó que el padre de Ren se puso en contacto con ella por mensaje de texto para comunicarle que se había ido llevándose a su hijo, y que le permitía verlo una hora a la semana.
Para Minkova, aquello no era suficiente.
Explicó que el primer encuentro tuvo lugar en un centro comercial y los siguientes en el domicilio familiar de Shikoku, pero que su esposo imponía las condiciones. “Es horrible, porque tenía que despedirme de mi hijo cada vez”, dijo Minkova. “Él lo metía en el coche y mi hijo parecía desconsolado en cada ocasión”.
Tras un altercado con su esposo en un supermercado a causa del niño, se avisó a la policía y el caso fue remitido a la agencia de bienestar infantil de Japón, según Minkova y un informe policial consultado por CNN.
Tras varias semanas de agitación, durante las cuales Ren pasó un tiempo bajo cuidado temporal, la agencia de bienestar infantil del gobierno japonés lo devolvió a su padre, dijo ella.
Minkova aún no ha solicitado el divorcio, por lo que oficialmente conserva los mismos derechos de patria potestad que el padre de Ren, aunque no el mismo acceso al niño.
CNN contactó al esposo de Minkova, quien afirmó que las autoridades competentes en materia de bienestar infantil en Japón ya han intervenido en este asunto.
“Dado que los procedimientos judiciales están en curso y los hechos aún no se han determinado, debo abstenerme respetuosamente de discutir los detalles”, añadió.
La reciente y trascendental reforma del Código Civil de Japón busca establecer derechos más equitativos mediante la introducción del concepto de patria potestad conjunta para los padres divorciados.
“Se espera que los padres consideren la crianza de su hijo tras el divorcio teniendo en cuenta el interés superior del menor, y que ambos continúen involucrados en dicha crianza de manera adecuada y cumplan con sus responsabilidades incluso después de la separación”, declaró el Ministerio de Justicia.
Sin embargo, algunos expertos señalan que esta medida no ofrece una solución inmediata para padres como Minkova.
“La traducción literal del término japonés ‘kyodo shinken’ es ‘patria potestad’ y no ‘custodia parental’”, explicó la abogada de familia Masami Kittaka, quien no participa en el caso de Minkova.
“Esto significa que ambos padres tendrán los mismos derechos para tomar decisiones importantes sobre su hijo —en aspectos como la educación y la atención médica—, pero no existe garantía de que compartirán el tiempo de crianza”.
“Lamentablemente, en casos anteriores, a menos que el progenitor pueda demostrar cambios significativos en sus circunstancias, es poco probable que el tribunal modifique un régimen de patria potestad exclusiva por uno de patria potestad conjunta”.
No todos los padres en Japón apoyan la patria potestad conjunta; algunos temen que obligue a las personas que huyen de parejas abusivas a mantener un vínculo con su expareja.
No obstante, varios abogados explicaron a CNN que la reforma permite establecer la ausencia de contacto en casos de violencia doméstica o maltrato infantil.
Emily Sato, quien utiliza un seudónimo por razones legales, dijo que su esposo desapareció con su hija pequeña en 2022, poco después de que empezaran a hablar de divorcio.
“Un día llegué a casa y descubrí que se habían llevado la mayor parte de los muebles”, dijo a CNN Sato, una ciudadana estadounidense que reside en Tokio.
“Había un correo electrónico que decía que se había llevado a nuestra hija y se había mudado. Fui inmediatamente a su escuela, pero me dijeron que no había asistido y que ya me habían eliminado de la lista de personas autorizadas para recogerla”.
Para cuando se evaluó el caso de Sato, su hija ya vivía exclusivamente con su padre, y el tribunal consideró esa situación como un entorno estable que no debía alterarse, señaló ella.
Kittaka, la abogada de la familia, afirmó que para los padres extranjeros en Japón el principal desafío no es que sean más vulnerables, sino que a menudo carecen de una representación adecuada.
“En muchos casos, los padres extranjeros creen que sufren discriminación por ser extranjeros. Pero el tribunal no discrimina tanto en función de la nacionalidad”, explicó.
Más bien, las barreras lingüísticas y la información limitada pueden obstaculizar su capacidad para desenvolverse eficazmente en situaciones legales, señaló Kittaka.
A pesar de no haber visto a su hija desde noviembre, Sato sigue viviendo en Japón. “No soporto la idea de dejar a mi hija”, afirmó.
Sato comentó que el cambio en Japón hacia la custodia compartida es “un paso importante en principio”, pero que la situación solo mejorará si se hacen efectivos los derechos de acceso compartido.
“Sin una aplicación efectiva, los derechos legales no garantizan un acceso real, y las ventajas obtenidas al llevarse a un niño pueden persistir incluso bajo la custodia compartida, lo que complica aún más los casos”, dijo.
Jeffery Morehouse, de Seattle, evita las fiestas familiares y las visitas al supermercado los fines de semana: momentos en los que es más probable que recuerde a su hijo Mochi, de quien fue separado hace 16 años.
“Es demasiado doloroso”, dijo a CNN. “A veces veo a otros niños de la edad que tenía mi hijo cuando lo vi por última vez, y eso me hace revivir los primeros días de su secuestro”.
En 2007, en el estado de Washington, Morehouse obtuvo la custodia principal de su hijo, cuyo apodo, Mochi, significa “pastel de arroz” y, en japonés, también “dulce” o “adorable”.
Tres años después, su esposa se trasladó a Japón con el niño; un hecho que Morehouse califica de “secuestro” según la legislación estadounidense.
“Tenía seis años y medio”, comentó Morehouse, quien dirige Bring Abducted Children Home, un grupo de defensa para padres estadounidenses cuyos hijos han sido secuestrados y llevados al extranjero.
“La última vez que abracé a Mochi, la última vez que escuché su voz, fue el Día del Padre de 2010. Te quiero, Mochi, estés donde estés”.
Morehouse afirmó que los tribunales reconocieron la validez legal en Japón de su orden de custodia estadounidense y que logró dos fallos históricos que ratificaban este hecho.
Sin embargo, señaló que Japón “no hace cumplir las leyes ni los tratados para devolver a los niños a su hogar legítimo”.
El Ministerio de Justicia de Japón declaró a CNN que ha gestionado los casos de sustracción internacional de menores de manera “apropiada”, conforme a los tratados de la ONU y al Convenio de La Haya sobre los Aspectos Civiles de la Sustracción Internacional de Menores, firmado en 2014.
Un portavoz indicó que, entre 2017 y 2025, los tribunales de familia de Tokio y Osaka emitieron órdenes de restitución en el 70 % de los casos en primera instancia y en el 63 % en apelación. Ambas cifras superan el promedio internacional del 59 %.
No obstante, Morehouse —quien lleva más de una década haciendo campaña por la restitución de niños estadounidenses llevados ilegalmente a Japón— duda que la reforma del Código Civil japonés vaya a generar cambios significativos.
“No aborda los problemas sistémicos subyacentes, y las condiciones estructurales que facilitan la sustracción de menores por parte de uno de los progenitores permanecerán inalteradas”, afirmó.
“Lo que deberían haber hecho es dar el siguiente paso y decir: ‘Vamos a establecer la corresponsabilidad parental y la custodia compartida, y buscaremos la manera de hacerlas exigibles legalmente’”.
John Gomez, fundador de la organización benéfica Kizuna Child-Parent Reunion, lleva casi dos décadas haciendo campaña para proteger los derechos de los niños y restablecer su relación con ambos progenitores en Japón.
Gomez, ciudadano estadounidense residente en Tokio, señaló que la organización ha hablado con más de 200 padres afectados por esta problemática, observando patrones claros que se repiten “caso tras caso”.
“Los abogados especializados en derecho de familia aconsejan a sus clientes que se lleven a sus hijos. La sustracción de menores por parte de un progenitor no se trata como un delito penal, sino como un asunto de índole civil”, explicó Gomez a CNN.
“Dado que la sustracción de menores por parte de los padres no se ha abordado en esta reforma del Código Civil —a pesar de haber sido solicitada por muchos padres japoneses—, cabe esperar que sigan produciéndose estos casos”, añadió.
El abogado internacional Masayuki Honda declaró a CNN que otorgar la custodia compartida a ambos progenitores tras el divorcio no conducirá necesariamente a una reducción de los casos de “secuestro” de menores.
“La nueva ley no es lo suficientemente eficaz para eliminar este incentivo”, afirmó, señalando la falta de consecuencias para los padres que se llevan a los hijos sin permiso.
Minkova también cuestionó cómo se desarrollará la situación en los tribunales, especialmente en su propio caso, ya que busca obtener un mayor acceso a su hijo, Ren.
“En la práctica, los tribunales podrían denegar la custodia compartida si los padres no mantienen una buena relación, algo que ocurre en el caso de muchas parejas que atraviesan un divorcio”, señaló.
“En esas situaciones, sigue sin haber garantías de que el niño pueda mantener una relación significativa con ambos progenitores”.
Eso es precisamente lo que más teme en el caso de Ren.
