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Descubre cómo el uso de tarjetas personales se ha convertido en el método preferido para desviar combustible estatal en Cuba. Una brecha en el control que permite el robo de miles de litros sin dejar rastro contable.
Una brecha crítica en el sistema de control de combustible ha quedado al descubierto: el uso de tarjetas magnéticas personales para extraer el diésel y la gasolina que el Estado asigna a las empresas. Este método permite que miles de litros se desvíen hacia el mercado negro sin que los libros de contabilidad de las entidades reporten una pérdida económica inmediata, lo que hace que el robo sea prácticamente invisible ante las auditorías rutinarias.
El esquema, que hoy es una de las principales líneas de investigación del Ministerio del Interior (MININT), opera bajo una lógica de «limpieza» financiera. Según detalló el teniente coronel Asmel Rojas Águila, el combustible se extrae físicamente de los servicentros, pero en lugar de usar la tarjeta corporativa de la empresa, se utilizan tarjetas personales. Esto provoca que el recurso salga del inventario real, pero el dinero de la empresa se mantenga intacto en su tarjeta oficial. Como no hay afectación monetaria directa para la entidad, las alarmas no saltan.
50 000 litros en el «agujero negro»
La impunidad de este mecanismo permitió que, solo en la empresa de Acueducto de Mayabeque, se drenaran 50 000 litros de combustible en un periodo de seis meses. Las consecuencias de esta filtración fueron directas para la población: unos 4000 ciudadanos dejaron de recibir agua por pipas cada día porque el combustible para los camiones se estaba «vendiendo» a través de transacciones privadas.
En la investigación, liderada también por la Fiscalía General de la República, se detectó que una sola de estas tarjetas personales manejaba movimientos superiores a los 6 millones de pesos. El negocio es redondo: se extrae el recurso a precio estatal y se revende en la calle, donde el litro puede alcanzar los 5000 CUP.
Una cadena de complicidad
Las autoridades reconocen que este desvío no es obra de una sola persona, sino de esquemas donde participan choferes, energéticos y directivos, con la presunta complicidad de operarios en los servicentros que permiten el uso de tarjetas personales para despachar combustible estatal.
Mientras el país enfrenta una crisis energética sin precedentes, este «truco» técnico ha permitido que sectores estratégicos como la agricultura y el transporte colapsen, no solo por la falta de recursos, sino por una estructura interna que facilita que el combustible se convierta en efectivo antes de llegar a su destino. Actualmente, varios implicados se encuentran bajo medida de prisión provisional, mientras el foco se expande hacia toda la cadena de mando que permitió esta fuga de recursos durante meses.
