Despierta Quisqueya

Elon Musk, testigo y protagonista de la primera jornada del juicio contra OpenAI: “Podría matarnos a todos. No queremos un ‘Terminator”

El juicio que enfrenta a dos de los reyes de internet, Elon Musk y Sam Altman, está en marcha. Tras la selección del jurado el lunes, el martes (madrugada del miércoles en la España peninsular) empezó fuerte el caso que analiza los entresijos de OpenAI. En la primera sesión oficial, los abogados de Elon Musk han llamado a declarar a uno de los testigos principales: el propio Musk.

En los juzgados de Oakland, Musk ha hecho una primera intervención durante dos horas de la historia fundacional de OpenAI y de su papel en ella. “Esta demanda es muy sencilla: No está bien robar a una empresa sin ánimo de lucro”, ha dicho. Todo el caso gira alrededor de ese concepto.

Musk argumenta que, cuando en 2015 él decidió invertir en la semilla de OpenAI, pionera en el desarrollo de la inteligencia artificial, lo hacía en una entidad que iba más allá del lucro y buscaba el bien común. “Elegí convertirla en algo para el beneficio de toda la humanidad”, ha testificado. En 2024 demandó a sus principales responsables, Sam Altman y Greg Brockman, y a la nueva compañera de camino de OpenAI, el gigante Microsoft, para exigir que vuelva a recuperar su espíritu filantrópico. Y que le indemnicen con 150.000 millones de dólares (alrededor de 128.000 millones de euros), que asegura que donará a entidades benéficas.

En los discursos de apertura, los abogados de la demandada OpenAI (desarrollador de ChatGPT) han afirmado que toda la denuncia se basa en que Musk, que participó de los orígenes de la entidad, “no logró salirse con la suya” con la empresa y que todo esto es “una demanda de acoso”. Así que los propios abogados de Musk han jugado su carta principal y le han llamado a declarar. El hombre más rico del mundo ha hablado de su carrera, fuera y dentro de OpenAI, donde asegura que participó activamente para crearla como alternativa a Google, y que trabajó en todo su proceso, desde conseguir financiación hasta fichar al personal. También ha repetido que sus intereses van más allá del dinero y están centrados en el bien de la humanidad a través de sus ideas y aventuras empresariales.

Todo para así mantener ese mismo discurso: el de que OpenAI debe regresar a operar “en beneficio de la humanidad”, como dijo en su denuncia hace dos años y como mantiene que siempre ha querido. Sin embargo, hay correos de 2015 y 2017 —él dejó la empresa en 2018— que muestran cómo acordó con Greg Brockman, cofundador y actual presidente de la tecnológica, que OpenAI pasara de ser una empresa sin ánimo de lucro a ser lucrativa. Ahora, asegura que pretendía que tuviera “un beneficio pequeño”.

Sam Altman se ha convertido en su enemigo —de hecho, quiere que deje de ser la cabeza de OpenAI— y él se ha presentado como el gran salvador tecnológico global. El responsable de SpaceX ha asegurado que tiene grandes preocupaciones sobre la inteligencia artificial generativa, sus usos y su futuro, puesto que cree que pronto la IA superará las capacidades técnicas de los humanos. En cambio, considera que Altman no está teniendo el suficiente cuidado con los grandes riesgos de esta tecnología. “Tengo una preocupación extrema sobre la IA”, ha afirmado, como recoge CNN. Ha pintado un panorama o blanco o negro porque la IA, afirma, solo tiene dos caminos: o ser buena para la humanidad o ser destructiva: “Podría matarnos a todos. No queremos que nos hagan un Terminator”.

El fundador de Tesla ha tratado de mostrar que el caso va más allá de OpenAI, y que este es un juicio histórico que marcará la pauta de numerosas organizaciones benéficas y también de empresas tecnológicas. Asegura que si Altman, de 41 años, ganara la partida, “daría vía libre a un saqueo a toda organización benéfica en Estados Unidos”, como explica el diario The New York Times, otro de los medios presentes en la sala. “Las consecuencias de este caso van mucho más allá de mí o de todos los que estamos aquí. Se vería destruido todo el fundamento de la filantropía en Estados Unidos”.

Musk intervendrá en la segunda sesión del juicio, y después la juez Yvonne Gonzalez Rogers llamará al estrado a Jared Birchall, ejecutivo de xAi y de Neuralink y gestor del patrimonio de Musk.

Falta por ver qué dirán Altman y Brockman en el estrado. Otros importantes testigos también irán a contar sus versiones, como el presidente ejecutivo de Microsoft, Satya Nadella; la exejecutiva de Neuralink (empresa de neurotecnologías de Musk) y parte de la junta de OpenAI, además de madre de al menos cuatro hijos de Musk, Shivon Zilis; Mira Murati, exresponsable de tecnología de OpenAI; o la ingeniera robótica Tasha McCauley, que fue parte de la junta de la empresa y participó en el breve intento de deponer a Sam Altman de la empresa en 2023.

Entre los principales argumentos de Musk está que, si no se revierte el modelo de OpenAI y se transforma en una entidad benéfica como lo fue en sus orígenes, podría suceder lo mismo con casi cualquier empresa benéfica. Sin embargo, los expertos apuntan a que eso no es tan sencillo, y que el caso no tiene por qué replicarse en otras sociedades, y que de hecho ya solo darle la vuelta a la estructura empresarial de OpenAI sería complejo y un mandato poco común para un tribunal.

El jurado, formado por nueve personas escogidas por la jueza Rogers, tiene mucho que pensar durante estas cuatro semanas. Si Musk gana, podría obtener esos 150.000 millones de dólares, y parecería tener vía mucho más libre para desarrollar su propia empresa de inteligencia artificial, xAI. En cambio, si Altman sale victorioso, sería un espaldarazo para su modelo de negocio en general y para su empresa en particular, que está valorada en 730.000 millones de dólares (unos 623.000 millones de euros) y prepara su esperada salida a Bolsa.

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