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Los frijoles siguen siendo uno de los alimentos más consumidos y demandados en la mesa cubana. Durante décadas han acompañado el arroz, las viandas y otros platos habituales en los hogares del país.
Pero la escasez y los altos precios han convertido este grano en un producto difícil de conseguir para muchas familias. En mercados y ventas informales, su costo suele quedar lejos del bolsillo de quienes dependen de salarios o pensiones.
La explicación oficial más reciente llegó desde el sistema de Comercio en Matanzas. Nelson Reyes Hernández, director comercial del grupo empresarial de comercio, aclaró cómo se está realizando la distribución de frijol en los territorios de esa provincia.
El frijol no llega por donativos ni importaciones centralizadas
Reyes Hernández explicó en una entrevista con una emisora local que el frijol distribuido no forma parte de donativos ni de importaciones centralizadas.
Según precisó, este producto llega a partir de las compras que realizan los propios territorios. La medida busca enfrentar la situación alimentaria actual con lo que pueda captarse dentro de la provincia.
El funcionario se refirió a esa modalidad como parte de la “canasta captada” en Matanzas. Es decir, alimentos obtenidos mediante las diferentes formas agropecuarias existentes en el territorio.
«Eso es lo que llamamos la canasta captada dentro de la provincia, con las diferentes formas agropecuarias que tiene Matanzas», señaló.
Cantidades variables según cada municipio
La distribución no será igual en todos los municipios. Reyes Hernández aclaró que en algunos lugares se entrega una libra por núcleo familiar, mientras en otros puede llegar a 2 libras.
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Sin embargo, no se trata de una cantidad fija. Todo depende de lo que cada municipio logre captar y poner a disposición de la población.
Esto significa que una familia puede recibir frijol en un territorio y otra no recibir la misma cantidad en otro municipio. La disponibilidad queda condicionada por las compras locales y por la producción agrícola cercana.
La explicación confirma que no existe una asignación uniforme para toda la provincia. Tampoco se trata de un producto garantizado en las mismas cantidades para todos los núcleos.
Otros productos agrícolas también se incorporan
El directivo puso como ejemplo el municipio de Perico. Allí, además del frijol, se vendió recientemente boniato por libras y unidades de col.
Ambos productos procedían de cosechas locales, según la información ofrecida. La idea oficial es sumar alimentos agrícolas a las redes de comercio cuando exista disponibilidad.
Reyes Hernández aseguró que esta modalidad no se limita a los granos. También puede incluir hortalizas y otros productos obtenidos en los propios municipios.
«Todo lo que se coseche en los municipios, hortaliza incluida, lo podemos poner en aras de facilitarle a la población que tenga un nivel más de alimentación en su vivienda», afirmó.
Una ayuda adicional, pero sin estabilidad garantizada
El frijol y otros productos agrícolas se suman como un añadido por núcleo familiar. No sustituyen la canasta básica normada, sino que dependen de la captación territorial.
Ese punto resulta clave para entender el alcance de la medida. La población puede recibir algún producto cuando el municipio consiga comprarlo o recogerlo dentro de sus redes.
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Pero la cantidad, la frecuencia y el tipo de alimento pueden variar. No hay una garantía estable como ocurre con los productos normados, aunque estos también enfrentan atrasos y problemas de abastecimiento.
En medio de la crisis alimentaria, cualquier venta controlada genera expectativa. Para muchas familias, una o 2 libras de frijoles pueden aliviar algunos días de comida.
La crisis alimentaria marca el contexto
El anuncio llega en un momento complejo para los hogares cubanos. La inflación, la falta de productos básicos y los bajos ingresos han golpeado con fuerza la alimentación diaria.
Los frijoles, antes habituales en muchas mesas, se han encarecido en el mercado informal. También han perdido presencia en las ventas estatales y en los canales de distribución más accesibles.
Por eso, la captación local aparece como una salida parcial. Puede ayudar en determinados municipios, pero depende de la producción y de la gestión de cada territorio.
La medida también refleja las limitaciones del abastecimiento centralizado. Si el frijol no llega por importaciones o asignaciones nacionales, cada localidad debe resolver con sus propias posibilidades.
Para la población, el resultado será desigual. Donde haya más producción o mejor captación, podrá haber más entregas. Donde existan menos recursos, la disponibilidad será menor.
Una distribución atada a lo que se logre captar
La información oficial deja claro que el acceso al frijol dependerá de la capacidad de cada municipio para comprar y distribuir productos agrícolas.
En la práctica, esto convierte la entrega en un proceso variable. No todos los núcleos recibirán lo mismo ni en el mismo momento.
El objetivo declarado es aportar a la soberanía alimentaria local. Pero el impacto real dependerá de la producción, la logística y la transparencia en cada territorio.
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Mientras tanto, los frijoles siguen siendo uno de los alimentos más buscados por las familias cubanas. Su distribución, aunque limitada, confirma la presión que existe sobre la alimentación básica en el país.
