Despierta Quisqueya

La guerra ‘criptobro’ ha empezado (y EE UU la va ganando)

Cuando Christine Lagarde intervino en una conferencia de bancos centrales a finales del año pasado, su frustración era evidente. Europa llevaba años debatiendo sobre el lanzamiento del euro digital, pero el proyecto aún estaba lejos de ser una realidad. El progreso era tan lento que probablemente su mandato de ocho años terminaría antes de que viera la luz. “Esto es demasiado tiempo”, dijo. “No queremos quedarnos atrás”. En los meses transcurridos desde entonces, la sensación de urgencia ha aumentado entre los funcionarios europeos. Pero dado que la primera emisión de una moneda digital de banco central no se prevé hasta 2029, y que siguen surgiendo retrasos, también han crecido los temores de que el bloque comunitario ya se haya quedado rezagado en la carrera por dominar el dinero del futuro.

La iniciativa de la presidenta del Banco Central Europeo (BCE) va mucho más allá de subirse al carro de las monedas digitales o crear un nuevo juguete cripto para especuladores. Forma parte de un esfuerzo geopolítico más amplio por la independencia y la autonomía, donde la zona euro dependa menos de terceros y pueda reducir su exposición a grandes economías como Estados Unidos y China. También coincide con la ambición de algunos altos funcionarios continentales de fortalecer el papel global del euro. Ven en las políticas impredecibles de Donald Trump una amenaza a la confianza en la estabilidad del dólar y una oportunidad para la moneda única.

Sin embargo, el lento avance del euro digital beneficia hasta ahora a Estados Unidos y a la llamada hegemonía del dólar. En Washington, la Administración Trump, favorable a las divisas digitales, ha respaldado las stablecoins, un tipo de criptomoneda generalmente vinculada a una moneda fiduciaria y respaldada por reservas de activos líquidos. Y el dólar es, con diferencia, la moneda dominante en ese ámbito.

Los bancos europeos también han empezado a tomar conciencia de la amenaza que supone para Estados Unidos el liderazgo indiscutible en la carrera por controlar el futuro del dinero. Algunos argumentan que el euro digital no es la única solución y están impulsando sus propias stablecoins denominadas en euros. Además, las entidades privadas afirman que sus soluciones digitales pueden estar operativas mucho antes que el euro digital que promueve el BCE.

“Ya estamos aquí y las stablecoins están listas para salir al mercado”, dijo hace unas semanas Jan-Oliver Sell , director ejecutivo de Qivalis, un consorcio que incluye a bancos de renombre como ING y UniCredit, que planea emitir una criptomoneda a finales de este año.

Europa ya es vulnerable en múltiples frentes, desde la energía hasta los minerales críticos y el armamento, lo que otorga a otros países o bloques económicos la capacidad de ejercer influencia en el futuro del dinero. Además, Europa depende en gran medida de las empresas estadounidenses para sus sistemas de pago, lo que supone otra preocupación añadida. “Si perdemos el control de nuestro dinero, perdemos el control de nuestro destino económico”, declaró a principios de este año Piero Cipollone, miembro del Comité Ejecutivo del BCE y responsable del proyecto digital de la institución. “Renunciaríamos a un atributo fundamental de la soberanía”, añadió.

Advertencias

Las contundentes advertencias sobre la soberanía parecen estar calando entre los políticos, que han comenzado a dar mayor prioridad al tema del euro digital.

Pero sigue siendo un proceso arduo debido a la burocracia de la Unión Europea, los desacuerdos sobre la regulación y las luchas entre intereses nacionales contrapuestos. La votación de la comisión del Parlamento Europeo, prevista para este mes de mayo, se ha pospuesto al menos hasta junio. Los bancos también han presionado en contra del euro digital del banco central, por temor a una erosión de sus bases de depósitos.

Actualmente, muchas entidades financieras europeas están apostando fuerte por las stablecoins. Société Générale fue una de las primeras, lanzando EUR CoinVertible a través de su unidad de activos digitales en 2023, mientras que otra stablecoin cuenta con el respaldo de la gestora de activos alemana DWS Group, el creador de mercado Flow Traders y la empresa de criptomonedas Galaxy. Qivalis surgió a finales de 2025, y entre los participantes se encuentran actualmente BBVA y BNP Paribas.

Si bien estas iniciativas privadas rivalizan en cierto modo con un euro digital respaldado por un banco central, los responsables del proyecto Qivalis lo ven de otra manera. En su opinión, todo forma parte de una plataforma de pagos que abarca desde monedas de bancos centrales hasta tokens digitales y stablecoins, con el objetivo final de lograr la independencia financiera europea. “Nos vemos a nosotros mismos resolviendo ese problema”, según Sell. “Somos la respuesta europea al problema del dominio del dólar digital”.

La inquietud por el dominio del dólar se ve exacerbada por el enfoque de confrontación de Trump en las relaciones internacionales. No se trata de un temor abstracto. Los líderes europeos han comprobado en primera persona su precaria situación en lo que respecta a recursos clave. A finales del año pasado, fueron las restricciones impuestas por Nexperia y China al suministro de chips informáticos, vitales para los fabricantes de automóviles. Ahora, la interrupción del suministro de petróleo y gas a causa del conflicto en Irán recuerda la crisis inflacionaria que siguió a la invasión rusa de Ucrania en 2022.

El euro es la segunda moneda de reserva más importante del mundo, aunque aún se mantiene muy por detrás del dólar. Ese papel de segundón provocó que en una reunión de ministros de finanzas de la zona euro celebrada a finales del año pasado fuera el escenario de un acalorado debate sobre si las criptomonedas estables aumentarían el dominio del dólar y qué medidas, en su caso, debería tomar Europa al respecto.

El BCE, partidario de una moneda digital promocionada y centralizada desde Fráncfort, ya había lanzado un ataque preventivo, impulsando la prohibición de las denominadas stablecoins de emisión múltiple. Estas se emiten en varias jurisdicciones, lo que, según el BCE, genera inquietudes en torno a la supervisión y los riesgos de contagio en caso de crisis. En la reunión del organismo monetario donde se tomó esta decisión, los representantes de algunos países se opusieron a esta prohibición, argumentando que Europa estaba librando una batalla que ya había perdido.

El impulso de Estados Unidos hacia las monedas estables se formalizó mediante la Ley Genius del año pasado, una legislación para tokens vinculados al dólar destinada a proporcionar un marco legal para esta nueva forma de dinero. “Estados Unidos está utilizando la regulación para moldear la innovación con el objetivo de reforzar los acuerdos monetarios existentes”, escribió recientemente Barry Eichengreen, economista de la Universidad de California en Berkeley, en Intereconomics, una revista europea de política económica.

Las stablecoins ofrecen, en la práctica, servicios bancarios instantáneos, económicos y basados en dólares, disponibles las 24 horas del día, los siete días de la semana, para cualquier persona en cualquier parte del mundo. A medida que se extienden más allá de los mercados de criptomonedas hacia los pagos del mundo real, Trump las ve como una forma de ampliar la influencia de la moneda estadounidense. De los 322.000 millones de dólares en stablecoins en circulación, aproximadamente el 99% están vinculados al dólar.

Esta preponderancia del billete verde en el terreno digital también ha generado demanda de deuda pública emitida por el Tesoro estadounidense. Por ejemplo, Tether, con sede en El Salvador y la emisora de la mayor criptomoneda estable del mundo, también conocida como USDT, posee bonos del Tesoro por un valor aproximado de 117.000 millones de dólares, según sus propias cifras.

Son cifras que inquietan en Bruselas y en el resto de cancillerías europeas. El mes pasado, el ministro de Finanzas francés Roland Lescure afirmó que el mercado de las monedas estables se ha “dolarizado en gran medida” y habló de fortalecer la soberanía “y el papel del euro en la economía global”. En febrero, los eurodiputados respaldaron el proyecto del BCE, afirmando que es “esencial para fortalecer la soberanía monetaria de la UE”. Desde entonces, España ha presionado para que la implementación se realice antes de 2029, argumentando que el auge de las criptomonedas estables estadounidenses exige una mayor urgencia.

Una relación delicada

Europa ya depende en gran medida de las empresas estadounidenses para la infraestructura que sustenta los pagos que la gente realiza en su vida diaria. Esto abarca desde las transacciones con tarjeta procesadas por Visa y Mastercard, hasta las billeteras móviles proporcionadas por Apple y Google que permiten hacer múltiples operaciones desde los teléfonos móviles.

Actualmente, casi dos tercios de las transacciones con tarjeta en la zona euro son procesadas por empresas no europeas. A medida que el uso de efectivo continúa disminuyendo, el crecimiento de las criptomonedas estables podría generar una mayor dependencia para los europeos de plataformas extranjeras.

“Hay que pensar en las stablecoins como la infraestructura de pagos del mundo del futuro”, comenta Marieke Flament, cofundadora de Currency of Power, empresa que asesora a gobiernos y entidades financieras sobre dinero digital. “Si no se construyen las bases para que el euro funcione en el futuro, es posible que deje de existir”, agrega.

En esta carrera por liderar el dinero del futuro hay también más participantes. China, Rusia e Irán están impulsando versiones de dinero digital o aprovechando los criptoactivos existentes para eludir los sistemas y controles bancarios tradicionales, lo que subraya aún más la contienda geopolítica más amplia que se está desarrollando. Rusia tiene experiencia de primera mano con la exclusión de la infraestructura global de pagos. Su acceso se vio restringido tras la invasión de Ucrania en 2022, lo que supuso un duro golpe para la economía del país.

“La rápida instrumentalización de SWIFT [acrónimo de Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication, una sociedad cooperativa internacional de derecho belga, propiedad de unos 3.500 miembros como socios accionistas, que tiene a cargo una red internacional de comunicaciones financieras entre bancos y otras entidades financieras], y las redes de pago con tarjeta contra Rusia, así como el creciente uso de herramientas geoeconómicas por parte de la Administración Trump, contribuyeron a concienciar sobre la dependencia de la UE en los mercados financieros”, explica Nicola Bilotta , coordinador de la Academia Europea de Supervisión de Finanzas Digitales. “Si sistemas como Visa y Mastercard se utilizaran como arma, la UE necesitaría una infraestructura alternativa que estuviera fácilmente disponible y fuera utilizable”. Consultadas para este reportaje, tanto Visa como Mastercard afirmaron haber realizado inversiones a largo plazo en Europa y estar comprometidas con la región.

Mientras tanto, Lagarde sigue presionando. Hace dos semanas, repitió que el euro digital “significará mejorar la autonomía estratégica de Europa”. Consciente de que el tiempo apremia, el BCE también ha puesto en marcha una iniciativa de moneda digital mayorista diseñada para modernizar la liquidación interbancaria y respaldar el dinero tokenizado para su uso entre grandes instituciones financieras. Pero a pesar de estos esfuerzos, Europa sigue a rebufo. EE UU lo sabe y saca pecho: durante la firma de la Ley Genius, Trump dijo que esta garantizaría que el dólar siguiera siendo la moneda de reserva mundial durante generaciones.

“Hay que comprender que el dinero digital no se trata de que los criptolibertarios intenten manipular la regulación financiera o derrocar a los bancos”, argumenta Andrew Whitworth , fundador de la consultora de tecnología financiera y criptomonedas Global Policy. “En realidad, se trata de la soberanía de la economía. Es una cuestión geopolítica”, concluye.

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