El desfile low-cost del 9 de mayo en Moscú, la irritación popular por los cortes de internet móvil y una frase intrigante de Vladimir Putin sobre el final de la invasión en Ucrania se convirtieron en señales de que los problemas se acumulan para el presidente ruso.
De acuerdo con diversos analistas, a pesar de llevar más de dos décadas en el poder, Putin enfrenta un escenario donde, tras cuatro años de guerra, su objetivo de controlar por completo el Donbás, nombre asignado a las regiones industriales de Lugansk y Donetsk, sigue sin cumplirse. Por primera vez desde el verano de 2023, Rusia perdió terreno en Ucrania entre marzo y abril, según un análisis de la agencia AFP basado en datos del Instituto para el Estudio de la Guerra.
El estancamiento es notorio: Rusia mantiene el control de algo más del 19% del territorio ucraniano, cifra que incluye Crimea y zonas del Donbás ocupadas desde antes de la invasión de 2022. La prolongación del conflicto y el costo humano y económico comenzaron a pasar factura en varios frentes.
Durante el último desfile del 9 de mayo por el Día de la Victoria, la preocupación por la seguridad forzó un formato sin exhibición de armamento, algo inédito en casi veinte años. Por razones de seguridad, incluso se limitaron drásticamente los accesos a internet móvil, lo que desató el descontento entre los moscovitas.
En la víspera de la celebración, las amenazas mutuas entre Moscú y Kiev desembocaron en una tregua de último minuto, anunciada el 8 de mayo por el presidente estadounidense Donald Trump y aceptada por ambas partes. El contexto llevó a una orden insólita del presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, quien pidió a su ejército no atacar con drones la Plaza Roja.
Putin pronunció una frase que acaparó titulares internacionales y obligó a aclaraciones del Kremlin: la contienda “se acerca a su fin”, aunque volvió a cargar contra el apoyo occidental a Ucrania. Varias voces interpretan este mensaje como un intento de calmar la inquietud interna y preparar el terreno para una eventual salida, pero bajo condiciones impuestas por el propio Kremlin.
En los últimos meses, la situación cotidiana en Moscú es más tensa. Las restricciones de internet, justificadas oficialmente por seguridad, generaron irritación entre los ciudadanos, mientras que el aumento del IVA impacta también a sectores cercanos al régimen.
Según servicios de inteligencia de Letonia citados por AFP, algunas élites rusas ya discuten posibles reemplazos para los actuales dirigentes, en busca de figuras más jóvenes que protejan sus intereses.
La pregunta sobre qué ocurre en Moscú resuena en círculos internacionales. La economía rusa, volcada al esfuerzo de guerra y sujeta a sanciones, muestra signos de fatiga: el PIB cayó un 0,2% en el primer trimestre, la primera contracción en tres años.
En palabras del politólogo Konstantin Kalachev, “hemos rebasado el umbral psicológico de los cuatro años, y algunos entendieron que las cosas no van para nada como estaba previsto”, dijo a AFP.
Kalachev detalla que, para que haya una crisis real, “se necesitan dos factores: un detonante y un líder”. Según su análisis, “el corte de internet no se convirtió en detonante gracias a la alternativa de los VPN, y en cuanto al líder… nuestro sistema no permite emerger a líderes no autorizados”.
A pesar de las tensiones, Putin conserva un control férreo del poder y, como resalta Kalachev, la disciplina social y la propaganda oficial siguen siendo herramientas clave para evitar que surjan opositores relevantes.
El experto francés Michel Duclos plantea, desde el instituto Montaigne, la comparación con los años ochenta, cuando la URSS comenzó a mostrar grietas ante la resistencia afgana. “La Rusia de hoy día choca con el escollo ucraniano”, escribió Duclos, aludiendo a las similitudes históricas y a la sensación de atasco que vive actualmente el Kremlin.
La guerra en Ucrania entra así en una nueva fase de incertidumbre para Rusia, marcada por las dificultades en el frente militar, la presión económica y el malestar social. El desenlace, de momento, sigue dependiendo de la capacidad del régimen para controlar cada uno de estos frentes y de la voluntad del propio Putin de negociar o prolongar el conflicto bajo sus propios términos.
(Con información de AFP)