Despierta Quisqueya

Quarry: cuando la música es la espina dorsal de una gran serie

Cada mes se estrenan más de cien series en las grandes plataformas de streaming. Cerca de la mitad son estrenos, y el resto, nuevas temporadas de aquellas que han superado el tamiz de las audiencias y rentabilidad, independientemente de la calidad demostrada.

Con esas cifras, los espectadores solo pueden asimilar un cada vez más pequeño puñado de entregas y deben ser muy cuidadosos con la elección. Por eso, muchas veces, ante el aumento de la cantidad sobre la calidad media, es preciso revisitar algunas antiguas que han superado la prueba del tiempo y se pueden redescubrir con mayor deleitación: eso pasa con Quarry.

Esta miniserie (HBO) se estrenó hace diez años, cuando los vientos bélicos no eran tan virulentos como ahora. Hoy tiene un sentido más profundo vivir en la pantalla este drama sobre un soldado que regresa a Estados Unidos tras su segunda misión en Vietnam. El epicentro de Quarry está en Memphis, una de las ciudades más musicales (Stax Records) y personaje clave de la narración, y se ambienta en 1972. Al igual que otras muchas películas realizadas desde los años setenta, se contempla en la serie el desarraigo de esos desechos humanos que retornan tras la guerra e intentan sobrevivir a un país que ya no reconocen tras haber sometido sus corazones y cabezas a la trituradora bélica.

Y eso en una época en que no existían conceptos como Trastorno de Stress Postraumático, como puede verse en un capítulo. Pero más que una entrega sobre sicarios (quarry significa “cantera”) o veteranos de Vietnam, la singularidad de esta serie se encuentra en la utilización de la música, en el sabio empleo del sonido ambiental de las ciudades y en el universo emocional que construyen los sonidos. Quarry está pensada para los oídos y/o los ojos.

Aunque las interpretaciones, diálogos, guion o ambientación de este thriller son de gran calidad, el elemento diferencial que la eleva radica precisamente en el tratamiento musical. Las canciones actúan como auténtico hilo narrativo y resaltan el extrañamiento del protagonista o el trasfondo psicológico de cada escena. Las urbes y ríos se erigen como un paisaje sonoro que inyecta una energía especial a la acción, porque las canciones de Quarry no operan como meros acompañamientos musicales. Las melodías de esos años sitúan al espectador en la América de principios de los años setenta, en un país dividido por la guerra de Vietnam, las tensiones raciales y el derrumbe del sueño americano. Ahí seguimos.

El armazón sonoro de Quarry lo constituyen más de 200 canciones que salpican sus ocho episodios, con preponderancia de soul, blues, country, rock y gospel, a caballo de los años sesenta y setenta del siglo XX. La eterna y dulcísima Tupelo Honey, de Van Morrison, es la primera que irrumpe en pantalla y trastoca amorosamente la visión del resto del capítulo. Imposible no pensar en esas imágenes que circulan por la red de Robbie Roberson y Martin Scorsese volando con los ojos cerrados al escuchar el vinilo del irlandés. En la web de El Cine de Lo Que Yo Te Diga, puede leerse que “la música no trata de convertir la serie en una lista de grandes éxitos de los setenta. Las canciones elegidas ayudan a construir un ambiente de memoria, deseo y amenaza. Jodi Balfour, la esposa de Mac, contó que para construir a su personaje se hizo casi una banda sonora íntima y que escuchó mucha música que imaginaba que Joni habría escuchado mientras Mac estaba fuera. Van Morrison fue una referencia central, con Astral Weeks sonando una y otra vez durante el rodaje”.

Luego desfilan con coherencia y exactitud otras joyas imperecederas como Don’t Let the Green Grass Fool You (Wilson Pickett); He Made a Woman Out of Me (Bobbie Gentry); Stud-Spider (Tony Joe White); Don’t Lie to Me (Big Star); Ladytron (Roxy Music); One Way Out (The Allman Brothers Band); Telegram Sam (T. Rex) o For the Good Times (Al Green), por citar solo un puñado de bellezas que apuntalan cada fotograma o diálogo. Además de estas formidables composiciones de la época, la serie cuenta con música original de Greg Yaitanes y otros músicos.

Cada pieza sonora surge en el momento exacto. Las letras y melodías incendian lo que ven las pupilas y son una carga de profundidad que ahonda en el paisaje emocional de Tennessee o el valle del Misisipi, regiones fundamentales para la identidad narrativa de la serie. El espectador siente un mitridatismo que le sumerge sin remedio en los sentimientos decadentes o los picos amorosos o los estallidos de violencia o lo que haga falta, porque la banda sonora se convierte en la espina dorsal que lo sostiene todo de forma tan admirable como discreta.

Memphis posee una identidad sonora única. Es la ciudad del soul sureño, del blues urbano y de una tradición musical ligada a las tensiones raciales del sur estadounidense. En la serie, esa herencia se percibe tanto en las canciones seleccionadas como en el diseño de sonido que flota en los bares, en las calles bajo la lluvia, los trenes de mercancías, los motores de embarcaciones, las sirenas o el rumor constante del río. El espectador escucha Memphis incluso cuando no suena ninguna canción. Los silencios pesados, las conversaciones en tabernas casi desiertas y el ruido ambiental de una ciudad industrial en decadencia refuerzan la sensación de aislamiento del protagonista.

Otro puntal de Quarry es su capacidad para alternar canciones memorables con dilatados momentos de silencio. En bastantes secuencias, la ausencia de música resulta tan expresiva como cualquier canción. El silencio deja escuchar los pequeños sonidos del entorno, detalles que convierten el diseño sonoro en una herramienta fundamental. Can you feel the silence?

Parece evidente que Graham Gordy y Michael D. Fuller, los creadores de la serie, son unos pirados absolutos por la buena música. En bastantes planos se ven vinilos, posters y tiendas de discos, rodados con un amor que pertenece a una época de poderío musical sin parangón.

En su décimo aniversario, se confirma que Quarry fue infravalorada en su estreno, no solo por sus valores estrictamente visuales, sino por la   extraordinaria forma en que integró música, canciones y paisaje sonoro para construir una experiencia inmersiva. En definitiva, una banda sonora que cuenta de forma impresionante la historia de una época tenebrosa que amenaza ominosamente con reproducirse en estos días.

Quarry puede verse en Movistar Plus+, HBO y Amazon Prime Video.

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