Despierta Quisqueya

Afición inglesa en Dallas: fútbol, rodeos y música texana

Dallas recibió esta semana a miles de aficionados ingleses con un contraste llamativo: el fútbol fue el motivo principal, pero el “viaje total” terminó marcando el tono. Entre rodeos, camiones pick-up, música a todo volumen y cánticos que se mezclan con un ambiente típicamente texano, la afición de Inglaterra encontró en Texas una experiencia tan estadounidense como inesperada… y, por ahora, totalmente adoptada.

Un “rodeo” que también se siente en las gradas

Quien pisa Dallas se topa con el imaginario clásico del país: acento sureño, música country sonando fuerte, sombreros de vaquero y cerveza ligera en la mano. A ese paisaje se suman detalles que, para muchos visitantes, no son solo postal: son parte del ritual antes y después del partido.

Sin embargo, durante unos minutos la sensación cambió: en medio de ese ambiente marcado por el espectáculo, los seguidores ingleses hicieron suya la noche. La melodía que suele acompañar a Inglaterra en torneos—Sweet Caroline, asociada a las campañas de la selección, muchas veces con resultados irregulares—sonó como un guiño claro de pertenencia. Luego, la normalidad texana volvió, pero ya quedaba claro que los aficionados habían decidido apropiarse del escenario.

Viajar en Estados Unidos: 2.000 millas antes del primer gran examen

Una de las claves para entender este fenómeno es logística. En el torneo, Inglaterra reparte sus tres partidos de fase de grupos entre Dallas, Boston y Nueva York. Para un aficionado casual, mover un calendario así dentro de un país enorme es un dolor de cabeza; para el más fiel, es una oportunidad de convertir el Mundial en vacaciones.

El recorrido previo a completar esos tres compromisos suma aproximadamente 2.000 millas. Por eso, más que “ir a ver fútbol”, muchos están diseñando rutas completas con pausas turísticas.

Howard Taylor: camioneta, Texas y un plan condicionado por el marcador

Uno de los rostros más representativos de esta expedición es Howard Taylor. En Galveston, mientras tomaba un descanso en un lounge, contó que se hizo con una Dodge Ram de 2.5 litros—“la más grande que he visto”—para moverse por Texas. Para él, esa elección no es un capricho: es la forma más “americana” de vivir el viaje.

Su ruta también está marcada por el fútbol. Taylor explicó que llegó a Estados Unidos el 21 de mayo y que no tiene intención de volver hasta que Inglaterra pierda. De forma provisional, reservó un vuelo desde Nueva York pocos días después del final.

Su estancia arranca en Orlando con hijos y nietas, con un plan inicial de 17 días. Pero el itinerario incluye un desvío futbolero: voló a Leipzig para ver a Crystal Palace conquistar la UEFA Conference League. Ese episodio incluso le complicó el control migratorio: agentes de inmigración no terminaban de entender por qué se marchaba 60 horas a un país extranjero llevando una mochila y, además, con una camiseta del club.

Luego vinieron más escalas: Key Largo, Key West, Miami, Galveston y ahora Dallas. Taylor reconoció que, además del camión, habrá otras paradas en Texas para “aprender historia” del estado antes de continuar hacia Nueva York y Boston.

Sin perder el hábito: su historial de viajes con Inglaterra

Este no es un viaje aislado para Taylor. Su primer partido de Inglaterra como visitante lo llevó a Múnich, para ver el triunfo de Three Lions sobre Alemania por 5-1. En aquel entonces, atravesaba un proceso de divorcio y buscó una forma de mantenerse conectado: se sumó al England Supporters’ Travel Club. Desde 2007 no se ha perdido solo un partido fuera de casa.

Es su sexto Mundial. Además, ha construido una reputación propia: participó en un Lockdown Quiz por Zoom frente al entonces entrenador Gareth Southgate (y ganó). En Euro 2012, se vistió como Freddie Flintstone y cargó—en plena indumentaria—contra aproximadamente 150 policías antidisturbios.

Tanya Sweeney: un viaje para conectar con su hijo

En paralelo, Tanya Sweeney comenzó su aventura por un motivo más familiar que competitivo: hace 11 años se convirtió en madre soltera de su hijo Josh (hoy de 18 años). En aquel momento vivían fuera del Reino Unido, pero consiguieron entradas para el Mundial de Qatar en 2022, donde gastaron fuerte. Con el tiempo surgió una idea: si el Mundial podía ser una experiencia compartida, también podía abrir puertas a nuevas salidas.

“Se ha vuelto un hobby que Josh y yo hacemos juntos”, afirmó. Para ella, no se trata solo de fútbol: es una manera de disfrutar. Ya vivió esta dinámica en Europa—incluyendo Alemania en Euro 2024—y ahora le toca Estados Unidos.

El itinerario que mencionó incluye rodeo en Dallas, Martha’s Vineyard en Nueva Inglaterra y un concierto ochentero de la banda Human League en Radio City en Nueva York. Aunque ya ha visitado el país antes, reconoce que existe una especie de mitología alrededor de Estados Unidos y que, además, la excusa del torneo lo vuelve más atractivo.

Entre rodeos y partidos: la mezcla que define el Mundial

Los días previos al inicio del torneo tuvieron un contraste peculiar en la zona de Arlington. Cuarenta y ocho horas antes del arranque, el área principal—con dos locales de barbacoa, algunos bares deportivos, una cafetería y el ayuntamiento—se percibía casi silenciosa. Había algunos acentos dispersos en el viento, pero el ambiente todavía no era el de una gran fiesta.

Luego, en cuestión de horas, la ciudad cambió. Empezaron a aparecer camisetas inglesas con nombres de ahora y de leyendas: Kane, Beckham, Bellingham y Gerrard. El ruido creció, también la presencia. Un elemento destacado fueron sombreros de “falso vaquero” con la bandera de Inglaterra, que se vieron con frecuencia.

Incluso se comentaron algunos incidentes, como reportes de aficionados expulsados de un pub de Dallas la noche anterior. Aun así, el panorama general fue el de un choque cultural amable: sombreros, cerveza ligera y música—con frecuencia desde camionetas—conviviendo sin mayores problemas.

En el estadio, al momento de la salida de los jugadores, la música que tradicionalmente acompaña a Michael Jordan y los Chicago Bulls sonó por los altavoces. El ritual no parecía fuera de lugar. Y cuando el partido comenzó, el campo también dio motivos para cantar.

El partido en la cancha: Inglaterra remontó y cerró con victoria

Inglaterra arrancó con dificultades en el primer tiempo y terminó encajando justo sobre el descanso. Eso dejó el marcador 2-2 al llegar al intermedio. En la segunda mitad, el equipo encontró otra velocidad.

Jude Bellingham marcó y también lo hizo Marcus Rashford. Al final, Inglaterra ganó 4-2, un resultado que se sintió merecido por lo que mostró en la parte decisiva.

Tras el pitazo final, los jugadores permanecieron en el terreno de juego mirando a la afición visitante. Cantaron Oasis y muchos de los aficionados llevaban aún sus sombreros vaqueros. Esa imagen resume el espíritu del viaje: fútbol, sí, pero también espectáculo, identidad y convivencia.

Dinero, precauciones y el “contexto 2026”

Viajar a Estados Unidos en un Mundial también tiene tensiones externas. Parte de la conversación pública gira alrededor de la situación sociopolítica del país anfitrión y de la percepción del torneo. Taylor señaló que intenta ser cuidadoso y “no molestar a nadie”: incluso dijo que no ha publicado nada desde que llegó.

Para Sweeney, en cambio, el enfoque es distinto. Reconoció que hay referencias políticas y que algunas personas le dijeron frases como “no puedo creer que lo celebren allí” o “¿por qué querrías ir a Estados Unidos?”; también mencionó la advertencia sobre ICE. Pero sostuvo que ella ha viajado bastante al país y no lo tiene como idea central.

En lo práctico, ambas posturas se traducen en precauciones similares: Sweeney dijo que elige hoteles céntricos, paga más por estar en el centro y se mueve con cuidado—por ejemplo, usando Uber—, algo que aseguró que ya hace también en el resto de sus viajes.

Presupuesto: de menos de 600 dólares a casi 30.000 libras

Otro factor determinante es el costo. Taylor se apoyó en su participación dentro del grupo de England Traveling Supporters’ Group, lo que le permitió obtener entradas preferenciales de FIFA. Si Inglaterra llegara al partido final, estimó que habría pagado cerca de 600 dólares en total. Además, señaló que le devuelven dinero por cada partido que Three Lions no dispute.

Sweeney, por su parte, reconoció que pagó mucho más. Contando entradas, alojamiento y traslados, dijo haber gastado cerca de 30.000 dólares (subrayó que viaja en business class). Calculó que necesitará otro £5.000 para comida y bebida.

En cuanto a la alimentación, no pretende descontrolarse: aseguró que se mantiene consciente de su salud. Es instructora de fitness y quiere conservar el peso. Admitió que, si tiene que recurrir a opciones rápidas, alguna vez podría pedir incluso una ensalada en un 7-Eleven.

Un torneo diferente: preguntas abiertas… y una primera señal positiva

El Mundial en Estados Unidos trae desafíos y también incertidumbres. Aun así, lo que ocurre en las primeras horas y días en Dallas deja una impresión clara: la afición inglesa está encontrando un encaje real con el país anfitrión.

Para Sweeney, la idea central es que el fútbol es solo una parte. “Habla con cualquier aficionado inglés que viaje y te dirá que el fútbol es una parte muy pequeña del trayecto. Es todo lo que pasa alrededor”, resumió.

Así, mientras Inglaterra continúa en la competencia, sus seguidores ya están pensando en lo que viene después del silbato: rodeos, conciertos, rutas en carretera y largas horas de avión. Un Mundial que, por ahora, Dallas empieza a demostrar que puede ser tan estadounidense como inolvidable… y, sobre todo, adoptado por quienes lo viven desde la grada.

source

Exit mobile version