El abeto Douglas define cada espacio de la casa de madera
El experimento comienza por el tipo de madera elegida, “abeto Douglas en todo el conjunto, incluyendo paredes, suelos y carpinterías”, una especie de crecimiento rápido, con una elevada calidad y que se adapta a distintas condiciones climáticas. Allan explica que el proyecto ha servido para estudiar “cómo utilizar materiales económicos de manera que puedan perdurar”. La elección busca evaluar procesos de instalación, acabados y comportamiento con el paso del tiempo. A este sistema se incorporan elementos recuperados, como un piso de madera de caoba procedente de un antiguo proyecto del estudio, integrado aquí como una capa más dentro de un conjunto que admite superposiciones y ajustes.
La organización espacial se articula en torno a una gran estancia que reúne cocina y sala. La cocina desaparece visualmente tras un frente continuo de armarios de madera que ocupa toda una pared. Este volumen resuelve el almacenamiento, actúa como infraestructura doméstica, capaz de contener desde electrodomésticos hasta sistemas de audio, y también corrige la geometría irregular del edificio original, absorbiendo un ángulo complejo y transformándolo en una superficie útil.
La sala es una escena deliberadamente construida, con una composición que recuerda a un montaje expositivo. Las piezas (una mesa de centro de geometría rotunda, altavoces de madera suspendidos y objetos metálicos pequeños) se disponen sobre un pavimento continuo veteado. No hay jerarquías evidentes entre mobiliario, arquitectura y objetos: todo parece formar parte de un mismo sistema material.
Donde se conecta cada espacio
Todas las estancias están conectadas. Del dormitorio principal pasamos a la zona de día a través de una puerta corrediza de altura completa que permite el paso de luz entre ambos espacios. Esa “luz prestada”, en palabras del arquitecto, elimina la necesidad de compartimentaciones más rígidas y mantiene una continuidad ambiental que se refuerza gracias al uso del mismo material en todas las superficies. La cama, situada frente a un ventanal rematado con cortinas ligeras, se integra en esta secuencia.
Junto al pasillo, un estudio funciona como taller con tableros apoyados en la pared, herramientas, libros y pruebas de material. Es un espacio operativo, vinculado directamente a la lógica del proyecto. Allí se acumulan piezas descartadas de otros trabajos que, según Allan, “están a punto de convertirse en nuevos experimentos”. En el baño, la presencia del metal se intensifica en piezas como el lavabo cilíndrico o el inodoro suspendido, estableciendo un contraste táctil.


