jueves, septiembre 24, 2026

China encontró una nueva forma de ganar influencia en América Latina y EE.UU. intenta reaccionar. ¿Le alcanzará?

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CNN Español — 

El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, uno de los principales aliados de la Casa Blanca en materia de seguridad, pasó en agosto una semana en China fortaleciendo los vínculos con el gigante asiático. El mismo mes, el mandatario de Argentina, Javier Milei, el más firme seguidor de Donald Trump en la región, acordó la renovación de un swap de monedas con Beijing hasta 2031. Por su parte, el Gobierno de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, defendió los aranceles que desde enero impactaron a miles de productos chinos, en medio de las presiones de EE.UU. para las negociaciones comerciales.

La región continúa intentando acomodarse a la disputa geopolítica entre Estados Unidos, que aumentó su coerción en la que considera su área de influencia natural, y China, que sigue su campaña para expandir su presencia.

Más de un año después del cierre definitivo de USAID, lo que fue visto por algunos analistas como una oportunidad para los competidores de EE.UU., China no buscó tomar ese lugar en materia de asistencia. Pero sí ha ido modificando su estrategia en América Latina, que en las primeras décadas del siglo XXI estuvo marcada por grandes proyectos de infraestructura, para pasar a iniciativas de menor escala, muchas veces con gobiernos municipales y no nacionales, pero en áreas de alta sensibilidad como seguridad o explotación de minerales críticos.

La politóloga Natalia Cote-Muñoz, una exfuncionaria del Departamento de Estado de EE.UU. durante el Gobierno de Joe Biden que ahondó en esa estrategia china en un artículo de Foreign Affairs, explicó a CNN que el cambio se fue dando paulatinamente conforme el gigante asiático sacaba lecciones de sus experiencias en la región, así como por los cambios económicos y políticos.

“En parte fue una reacción a la realidad económica china, por la desaceleración. Y también porque fue aprendiendo: cuando empezó su estrategia de salir para afuera, se unió a la Organización Mundial del Comercio, tenía este exceso de compañías de construcción y eso hizo que se enfocaran mucho más en grandes proyectos de infraestructura, y hubo casos en los que perdieron muchísimo dinero”, repasó la directora de la consultora Vantage Point Strategies.

Beijing, además, entendió que no todos los sistemas son iguales y que los vaivenes políticos pueden girar el tablero. “Aprendieron cómo funcionan diferentes países. En Latinoamérica, aunque sea imperfectas, hay democracias, una sociedad civil que ponía límites o hacía críticas a los proyectos chinos, como grupos ambientalistas, indígenas, obreros. Además, se cambiaba mucho de gobierno y entonces el contrato ya no funcionaba con el siguiente”. La estrategia fue entonces una respuesta de adaptación para evitar el impacto de las oleadas políticas. “A nivel subnacional, las cosas tal vez no se politizan de la misma forma y pueden involucrarse de una forma directa”, apuntó.

También, explicó la ventaja de apuntar a proyectos más baratos, pero igualmente crear “lazos muy sofisticados” con autoridades locales.

Ello no implica el abandono total de las megaobras, como el puerto de Chancay inaugurado por Xi Jinping en Perú en 2024, pero silenciosamente continuaron aumentando la presencia sin atraer tantas miradas.

Uno de los casos más relevantes mencionados por Coté-Muñoz es el sistema de videovigilancia en Ecuador, llamado ECU 911, que nació hace 15 años durante el Gobierno del presidente Rafael Correa. Las empresas chinas no solo vendieron las cámaras, también participaron en la construcción del sistema nacional de seguridad. Desde entonces, las firmas chinas son las encargadas del mantenimiento y actualización del sistema, tanto en equipos como en software, y aunque no estuvo exento de críticas, hace muy difícil la idea de cambiar los proveedores en caso de que llegue una oferta de empresas estadounidenses.

“Cuando empezó lo de ECU 911, China todavía tenía otro tipo de estrategia, pero es una buena ilustración de cómo funcionan estas dinámicas y lo que está creciendo”, dijo Coté-Muñoz.

El académico ecuatoriano Santiago Carranco Paredes, decano de la Escuela de Relaciones Internacionales del IAEN-Universidad de Posgrado del Estado, afirmó que “todo el sistema de vigilancia interna” en Ecuador lo colocó China, que “tiene injerencia” sobre esos datos recabados. “Ahora Ecuador es socio de seguridad con Estados Unidos, pero no hemos recibido cooperación técnica fuerte en tema de infraestructura digital”, apuntó en diálogo con CNN.

El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, saluda al presidente de China, Xi Jinping, durante su visita al país asiático en agosto.

Carranco subrayó que China no cuenta con una agencia de cooperación y mantiene un esquema denominado sur-sur: “No negocian como verticales, sino como horizontales, entonces no tienes una institución donde puedas ver cómo coopera China. Lo que tienes es un esquema por medio de empresas privadas y de bancos”, explicó. “Al ser China un tipo de gobierno que tiene un solo partido, y que a su vez las empresas son estatales, puedes generar muchísima congruencia en todo lo que tú haces. La forma de cooperar con muchos municipios, con muchas otras empresas inclusive, es un acuerdo casi que entre privados”, agregó.

Carranco explicó que ese esquema permite a las empresas chinas construir relaciones con autoridades locales mediante capacitación, eventos e inversiones que pueden derivar en contrataciones directas con municipios o estados y aumentar su influencia.

Quito estrechó en los últimos años su relación con Washington, en un alineamiento principalmente en la agenda de seguridad, y ya realizó operaciones conjuntas con fuerzas estadounidenses. Sin embargo, la experiencia muestra la imposibilidad de plegarse únicamente a una de las potencias, siendo ambas tan importantes como socios comerciales.

La visita de Noboa a Beijing dejó varios acuerdos firmados de cooperación y compromisos en minería, infraestructura y tecnología, entre otras áreas, y un anuncio de cooperación china no reembolsable de más de US$ 40 millones. Ambos países firmaron un tratado de libre comercio en 2024.

Carranco afirmó que China principalmente “marca la agenda” de la relación, con exigencias y luego concesiones. El internacionalista expresó que si bien las exigencias de Beijing son menos visibles que las de Washington, también existen. “La visita de Noboa es ir a rendir cuentas. China te pide esos gestos, está utilizando su poder de forma más sutil”, comentó.

Entre las decenas de ciudades de América Latina que usan sistemas chinos para vigilancia está Ciudad Juárez, a metros de la frontera con EE.UU., que firmó contratos que incluyen reconocimiento facial con dos empresas que están vetadas en el país vecino del norte, ya que desde 2021 están en la lista negra de la Comisión Federal de Comunicaciones.

China tiene una presencia más reducida en México en comparación con otros países de América Latina, ya que el país tiene mucha más interdependencia con EE.UU. que las naciones que están más al sur. “En el caso de México, (los contratos subnacionales con firmas chinas) todavía no son acuerdos tan difundidos”, dijo a CNN el politólogo José Luis León-Manríquez, profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana (México), especialista en temas asiáticos. “El gobierno central tiene un cierto poder de veto para este tipo de alianzas. No están rebasando al estado”, consideró. “Es algo que a Estados Unidos no le gusta, igual que no le gusta la penetración de autos chinos o los teléfonos Huawei”, indicó.

Cámaras de vigilancia en un puente de Ciudad Juárez, México, en 2018.

El país además está bajo la presión de EE.UU. en un momento comercial delicado por las negociaciones del tratado T-MEC y envía señales al respecto. Entre enero y mayo, las importaciones de productos chinos cayeron un 28 % luego de que México aplicara aranceles a varios países con los que no tiene acuerdos comerciales, entre ellos China, que fue el más afectado.

“Esa concesión de decretar arancel del 50 % es claramente un intento del gobierno mexicano por entrar fuerte a la renegociación. Una ofrenda sacrificial, por decirlo así, de la relación económica con China”, dijo León-Manríquez, quien consideró que la medida no derivó en un beneficio concreto en los diálogos con EE.UU.

El ministro de Exteriores de China, Wang Yi, afirmó días atrás durante la visita de su homólogo mexicano que las relaciones bilaterales “no están dirigidas contra ningún tercero ni deben verse afectadas por ningún tercero”, en alusión a EE.UU.

En términos regionales, un informe del BID publicado en junio pone en perspectiva la situación comercial de la región. Si bien señala que las importaciones latinoamericanas desde China crecieron 29 % y las provenientes de EE.UU. solo avanzaron 4 %, la potencia norteamericana mantiene el primer lugar con un 22 % del total, frente al 9,6 % de China. Sin embargo, señala que China domina buena parte de Sudamérica y que “está ganando dinamismo”, aunque todavía lejos de considerar que esté “desplazando” a Washington.

Días después de la publicación en diciembre de la estrategia de seguridad nacional de EE.UU., China publicó su propio documento de política en América Latina, donde presentó una agenda con una docena de áreas en las que propone impulsar la colaboración, desde la industria aeroespacial hasta la aplicación de la ley. Además, destaca que Beijing apoyó a la región “en las buenas y en las malas”.

Antes de su gira por Colombia, Ecuador y Perú, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, dijo que cada país “tiene el derecho soberano de elegir a sus socios” y pidió que la decisión se tome “con transparencia absoluta, y que la totalidad de sus términos sean visibles para el público”. Además, mencionó a China y acusó que empresas estatales extranjeras “toman el control de infraestructura estratégica y dejan tras de sí endeudamiento, vigilancia, explotación laboral y una soberanía debilitada”.

¿Qué tan al tanto está el Departamento de Estado de la estrategia subnacional china? Para Coté-Muñoz, es parcial. “Hay partes del gobierno que entienden esto, pero en términos la estrategia en sí a nivel macro, no creo que sea algo que está completamente absorbido. Es más bien como una reacción a tratar de remover nuevos contratos que tengan que ver con China y no necesariamente un enfoque hacia estos contratos un poco menos visibles y más sutiles”, comentó.

La analista señaló a Panamá como el mejor ejemplo, por las disputas en torno al canal interoceánico, un escenario de confrontación que todavía arrastra varios episodios, pero este año hubo otros casos notables.

El puerto de Balboa, en la entrada del Canal de Panamá, en Ciudad de Panamá, el 5 de febrero de 2026. La terminal era operada por CK Hutchison Holdings, cuya concesión para operar los puertos fue anulada por la Corte Suprema de Panamá.

En el primer trimestre, Estados Unidos revocó visados a funcionarios chilenos que participaron en la aprobación de un proyecto de un cable submarino chino de telecomunicaciones y el entonces presidente Gabriel Boric frenó su avance.

En Argentina, la Embajada estadounidense intervino en julio para advertir al gerente de una empresa de energía en una zona petrolera que venía negociando con la firma Huawei que podría “traspasar límites” y mencionó una posible revocación de visado, lo que fue hecho público y derivó en un cruce diplomático entre representantes de EE.UU. y China.

Este mes, el Gobierno de Perú suscribió un memorando en el que se compromete a importar y adoptar tecnología de IA estadounidense. Bernie Navarro, embajador de EE.UU. en Lima, invitó al país a “elegir bien” a sus socios.

Sin embargo, Coté-Muñoz indica que el hecho de que la estrategia china sea llevada adelante con contratos más chicos “no necesariamente” implica que sea más fácil de contrarrestar para Estados Unidos, ya que no se trata de un simple cambio de proveedor.

“Si piensas en un sistema de seguridad, a China crear la tecnología, establecerlo y todo eso le cuesta muy poco, pero piensa en todo lo que costaría, no solo el cambio, pero también como el costo burocrático y el costo relativo para las ciudades, las regiones. Es mucho más grande”, señaló. “Si vamos a un mundo donde estamos dependiendo mucho más en este tipo de tecnologías, entonces nada más la decisión de en qué tecnología te vas a basar primero puede tener efectos que duran décadas”, subrayó.

Para Cote-Muñoz, Estados Unidos bajo la nueva Doctrina Donroe está en una nueva fase “si lo comparas con las últimas administraciones donde América Latina fue ignorada”, pero el nuevo enfoque tiene “una forma muy agresiva y paternalista”, además del ángulo de competencia con Beijing. La analista indicó que Washington debería “tener muy claro para qué están compitiendo en la región” con China.

Por ello, si bien la Casa Blanca no está ofreciendo grandes incentivos y apuesta por la cooperación en seguridad antes que los vínculos comerciales, consideró que una estrategia óptima para limitar la dependencia es brindar una redundancia de los espacios donde la potencia asiática ganó terreno, para facilitar lo que las compañías chinas no terminan de proveer, especialmente la transferencia de conocimiento y tecnología.

El equilibrio estratégico que vienen desplegando los países, algunos con más capacidad económica y política que otros, también se va reacomodando a los cambios de enfoque de las potencias.

León-Manríquez, que se considera escéptico de que Estados Unidos pueda recuperar el control en la región y revertir el ascenso de China, especialmente en el cono sur, indicó que la ola de triunfos de la derecha alineada a Estados Unidos no necesariamente implica un retroceso para Beijing.

“Una cosa es tener un gobierno que declarativamente es proestadounidense, proliberal, y otra muy diferente es decidir en los puertos hacia dónde van las mercancías. En países como los nuestros, el mercado no siempre sigue al estado, sino sigue a través de canales privados”, subrayó.

El canciller argentino, Pablo Quirno, dijo a fines de agosto que “es un mito” que EE.UU. condicione su apoyo al país a la reducción del vínculo comercial con China. “Cada uno de los países sigue comerciando con China y sigue recibiendo inversiones de China de manera normal”, declaró en un evento en Buenos Aires, según reportó Infobae.

El presidente de Argentina, Javier Milei, y el presidente de EE.UU., Donald Trump, el 22 de enero en Davos, Suiza.

Tanto Washington como Beijing toleran cierto doble juego, pero también dejan claras las líneas rojas respectivas como límite para no torpedear la relación bilateral.

“Hay cosas que Estados Unidos jamás aceptaría, como (la concesión a China de) las tecnologías 5G, un alineamiento militar o el tema de la creación de infraestructura de doble uso, en ese caso respondería con aranceles”, dijo Carranco. Además, agregó que la Casa Blanca pide a la región un “alineamiento en organismos multilaterales”.

En cuanto a las líneas rojas del gigante asiático, Carranco marcó como principal tema el reconocimiento de “una sola China” y permitir el abastecimiento de materias primas que necesita su industria. De los 12 países que mantienen relaciones diplomáticas con Taiwán, siete de ellos están en la región (la mayoría de ellos en el Caribe), incluyendo a Paraguay y Guatemala.

Además, Carranco dijo que por el momento el balance puede ser sostenible, pero consideró “inevitable” que en algún momento las líneas rojas de las potencias se crucen en la región.

León-Manríquez, por el contrario, dijo que no cree que llegue el día en el que los países tengan que elegir un alineamiento pleno con alguna de las potencias. “Hay muchísimo margen de maniobra, sobre todo con los países que tienen más diversificado su comercio, porque EE.UU. tiene menos instrumentos de presión”, expresó. En junio, el Mercosur anunció que planea iniciar negociaciones comerciales con China, en un intento por diversificar los mercados, luego de intensificarse la disputa comercial entre EE.UU. y Brasil, el país más grande del bloque.

Cote-Muñoz apuntó que los países de la región “están cambiando la forma de manejar su relación con China” y añadió que no solo se trata de enfrentar la presión de Washington, sino la propia política exterior. “A veces hay otros intereses que pueden ser válidos y nacionales. El hecho de que EE.UU. esté haciendo esto los ayuda un poco para poder ser más asertivos de ciertas formas”, dijo.

La investigadora también dijo que en ocasiones los gobiernos de la región no toman plena conciencia de la disputa entre las potencias y los cambios estratégicos. “Tienes diferentes niveles de gobierno, entonces pasan cosas en una provincia y no siempre se entera la capital. Esto pasa todo el tiempo”.

Por ello, consideró que sería necesario un ecosistema institucional de centros de pensamiento que articule las ideas con la suficiente influencia para poder plantear estrategias nacionales en términos de geopolítica más a largo plazo, con las condiciones económicas y materiales de cada país.

Sin embargo, también reconoció: “En América Latina hay realidades muy inmediatas que son muy urgentes. Eso también pues quita recursos, quita el tiempo para pensar más estos temas a largo plazo. Es algo que vale mucho la pena, porque estamos entrando en un mundo donde la geopolítica es cada vez más influyente en cómo funciona todo”.

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