
Las agencias de inteligencia de Estados Unidos concluyeron que Irán está en fases avanzadas de planificación de ataques letales contra ciudadanos, diplomáticos y otros funcionarios estadounidenses, lo que llevó a Washington a reducir personal en embajadas y consulados de Oriente Medio y a ordenar la salida de empleados no esenciales y sus familias de Arabia Saudita.
De acuerdo a lo informado por The New York Times, el director de Inteligencia Nacional, Jay Clayton, advirtió al secretario de Estado, Marco Rubio, en un memorando enviado el viernes que las agencias recibieron información sobre un incremento “sustancial” de los esfuerzos iraníes para atacar a personal estadounidense. El documento señaló que esos planes letales contra ciudadanos de Estados Unidos habían alcanzado una fase avanzada tanto en Oriente Medio como en otros países.
Funcionarios estadounidenses consideran que el riesgo para sus connacionales a nivel global se encuentra en su nivel más alto desde el inicio de la guerra en febrero. El presidente Donald Trump y sus principales asesores han recibido informes periódicos sobre el aumento de estas presuntas amenazas.
Los análisis estadounidenses contemplan posibles objetivos en países europeos y, de forma eventual, dentro de Estados Unidos. Parte de la información examinada durante las últimas tres semanas sugiere que el régimen de Irán podría contar con operativos en territorio estadounidense, según funcionarios conocedores de las evaluaciones citados por The New York Times.
Otro funcionario matizó que la capacidad iraní para ejecutar ataques fuera de la región sería limitada y no correspondería a la amplitud de sus aspiraciones. La Casa Blanca no respondió a una solicitud de comentarios, mientras que la oficina de Clayton y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) declinaron pronunciarse ante las consultas del periódico neoyorquino.

Clayton pidió además rebajar la clasificación de parte de la información para que más empleados del Gobierno federal conocieran las amenazas.
El Departamento de Estado señaló que ajusta de forma constante la dotación de sus embajadas según cambian las condiciones de seguridad. Un funcionario indicó que las amenazas de las fuerzas hutíes de Yemen y los presuntos complots iraníes contra funcionarios estadounidenses influyen en esas decisiones.
El miércoles, el Departamento de Estado ordenó la salida de empleados no esenciales y sus familias de Arabia Saudita. La agencia también ha trasladado discretamente personal dentro y fuera de otras representaciones diplomáticas, la mayoría de las cuales ya operaba bajo un régimen de funcionamiento restringido.
Tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra el régimen de Irán del 28 de febrero, Teherán respondió con drones y misiles dirigidos a países árabes de Medio Oriente e Israel. El 2 de marzo, Washington dispuso la salida obligatoria de trabajadores no esenciales en Irak, Jordania y Baréin.
Por esas fechas, el Departamento de Estado también ordenó que empleados no esenciales y sus familias abandonaran Arabia Saudita después de que Irán llevara a cabo ataques contra la embajada en Riad y zonas cercanas. Antes del inicio de la guerra, las embajadas en Beirut y Jerusalén solo habían autorizado la salida voluntaria de personal no esencial y sus familias.

La guerra, que comenzó hace ocho meses, elevó los precios de la energía y afectó economías de distintos países. Estados Unidos mantiene un bloqueo de puertos iraníes para impedir la venta de petróleo y otros productos energéticos en el mercado internacional.
Estados Unidos e Israel han elaborado planes para una nueva oleada de ataques contra Irán tras las elecciones legislativas estadounidenses de medio mandato, aunque Trump no ha tomado una decisión final. En octubre, el ejército estadounidense retiró sus 12 bombarderos B-1 de una base en el sur de Inglaterra después de recibir información sobre amenazas iraníes contra la instalación, la base de la Fuerza Aérea Real en Fairford.
La reducción de la presencia diplomática refleja que Washington trata las amenazas atribuidas a Irán como un riesgo que ya trasciende el frente regional. La alerta alcanza tanto a quienes trabajan en sus misiones de Medio Oriente como a posibles objetivos en otros países.
