Santo Domingo,- El alcoholismo está vinculado a problemas de salud, conflictos familiares, accidentes de tránsito y muertes, advirtió el doctor Luis Vergés, representante de Anillo Familiar, al abordar el tema en el programa El Despertador.
Vergés calificó el alcoholismo como “uno de los peores enemigos de la familia” y explicó que el consumo y la adicción no son lo mismo. Señaló que existe una predisposición genética y que algunos acontecimientos dolorosos pueden actuar como detonantes, sobre todo en personas con vulnerabilidad psicológica.
Según explicó, quienes atraviesan situaciones difíciles pueden creer que el alcohol les alivia el dolor, cuando en realidad funciona como “una huida del dolor”. Esa percepción puede alimentar un círculo vicioso y llevar a un consumo cada vez mayor.
Señales de consumo problemático y adicción
El especialista mencionó el síndrome de abstinencia como una señal que puede ayudar a identificar la adicción. Entre sus manifestaciones citó el nerviosismo y la ansiedad cuando la persona no tiene acceso a la bebida, acompañados del deseo compulsivo de volver a consumir.
También diferenció la adicción del consumo problemático, que, según describió, puede manifestarse cuando alguien pierde el control durante una fiesta, se torna violento o incurre en conductas sexuales inapropiadas.
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Vergés indicó que algunos pacientes requieren un proceso de desintoxicación, especialmente cuando el consumo ha afectado sus órganos. Para otros casos, señaló que los métodos conductuales pueden ayudar a que la persona se comprometa con la abstinencia total y construya una vida con actividades alejadas de los lugares, personas y situaciones centrados en el alcohol.
Apoyo profesional y recuperación
El doctor recomendó buscar ayuda profesional cuando la familia ya no cuenta con recursos suficientes para acompañar a la persona. Mencionó los programas gratuitos de Alcohólicos Anónimos y la asistencia de psicólogos y psiquiatras.
Vergés sostuvo que parte del proceso consiste en aprender a tolerar el dolor y afrontar las dificultades de la vida. Describió la abstinencia como una etapa difícil, pero necesaria para la recuperación.
Al dirigirse a quienes sienten que no pueden salir del alcoholismo, sugirió hacer un análisis de costo-beneficio y preguntarse cómo sería su vida dentro de diez años si mantienen el consumo y cómo podría cambiar si dejan la bebida y se dedican a otras actividades.
Entre las consecuencias que propuso considerar mencionó el deterioro de la salud y las relaciones familiares, las llegadas tarde al trabajo, la pérdida de empleos y la sensación de que la vida está fuera de control. También planteó identificar aquello que la persona intenta evitar —como el sufrimiento, la soledad o las dificultades para socializar— y buscar otras formas de afrontarlo.
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