El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha sufrido este miércoles un duro golpe de parte de los senadores, cuando faltan menos de seis meses para las elecciones. El Senado dijo ‘no’ al nombre que había propuesto para ocupar una plaza vacante en el Tribunal Supremo Federal. Es algo que no ocurría desde 1894, hace más de 130 años. Normalmente, el Senado ratificaba, con más o menos esfuerzo, el nombre que llegaba desde el Palacio del Planalto, pero no ha sido así esta vez. El candidato en cuestión era Jorge Messias, un jurista de 46 años, evangélico que integró el Gobierno como abogado general de la Unión y que llevaba años labrándose la confianza del presidente.
El portazo a Messias es una señal de alarma para Lula, cuya legendaria capacidad de movilización y de tejer alianzas queda en entredicho. El presidente del Senado, Davi Alcolumbre, maniobró en la sombra pidiendo votos contra el candidato de Lula, contrariado porque el presidente no escogió a su favorito para el Supremo. Como telón de fondo están los difíciles equilibrios de gobernabilidad de Lula, en minoría en la Cámara de Diputados y en el Senado, lo que le obliga a hacer continuas concesiones (ministerios, altos cargos, pedazos del presupuesto) a cambio de apoyos y genera un constante clima de celos, frustraciones y deseos de venganza.
Ahora, los puentes con el mandamás del Senado están rotos, algo especialmente peligroso a las puertas de la campaña electoral, justo cuando Lula más necesita al Congreso para sacar adelante leyes como la que reduce la jornada laboral y acaba con el esquema 6×1, seis días seguidos de trabajo y uno de libranza. Lo necesita más que nunca. Su popularidad está en horas bajas y las encuestas apuntan que está empatado con el principal candidato de la derecha, el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente.
Desde los pasillos del Senado, Flávio no tardó en celebrar la derrota de Gobierno: “Día histórico para Brasil, (…) el Gobierno Lula se acabó, no tiene gobernabilidad, ya no tiene el respeto de nadie, está cosechando todo lo que plantó en tres años y medio de desgobierno, de maltratar la política, de desdeñar la política, de intentar gobernar usando el Tribunal Supremo”, dijo en sus redes sociales.

Messias fue rechazado con 42 votos, con 34 favorables y una abstención. El ministro de Lula necesitaba el apoyo de 41 de los 81 senadores, la mayoría absoluta. Ahora Lula tendrá que intentar reconstruir el diálogo con el Senado, pensar en alguien que pueda pasar el filtro, y hacerlo rápido. La oposición confía en que no lo consiga, que la plaza quede vacante y que el responsable sea el presidente que salga de las urnas en octubre.
En lo que va de legislatura Lula colocó a otros dos jueces en el tribunal que vela por el cumplimiento de la Constitución: el abogado que le sacó de la cárcel y el que fuera su ministro de Justicia. En ambos casos fueron premios a la fidelidad y apuestas por alguien de confianza. Messias, que ya transitaba por los pasillos del Palacio del Planalto en tiempos de Dilma Rousseff, también encajaba en ese perfil. Además, tenía a su favor que era evangélico, miembro activo de la Iglesia Bautista Cristiana de Brasilia, algo que podría haber seducido a los senadores conservadores.
A lo largo de la audiencia en que fue interrogado por sus señorías durante ocho largas horas, Messias se definió como “siervo de Dios” y aseguró estar “absolutamente en contra del aborto”, aunque también defendió el Estado laico y que la Constitución se interprete desde la fe, pero no a través de la fe. Las continuas referencias religiosas no bastaron para agradar a los senadores, que aunque seguramente no tenían nada personal contra el jurista ya habían decidido que era más estratégico propinar un golpe al Gobierno Lula.
