El manifiesto de 22 puntos lanzado en X por Alex Karp, CEO de Palantir, revive el espectro de las distopas tecnolgicas tan bien plasmadas por Aldous Huxley en Un Mundo Feliz. Palantir, ya se sabe, ejerce de mediador entre la herramienta digital ms utilizada hoy despus del telfono mvil (la IA) y los servicios de defensa e inteligencia de EEUU. Entre sus mayores accionistas destacan Morgan Stanley, BlackRock y Vanguard, pero tambin participan en su accionariado diversas entidades financieras espaolas, desde Banco Santander hasta firmas especializadas en inversiones como Renta 4 y Andbank (originaria de Andorra pero con ficha bancaria espaola a travs de Andbank Espaa).
Lo que Karp y Peter Thiel piensan se parece mucho a lo propuesto en el filme No Mires Arriba (Adam McKay, 2021), donde se describe con mordacidad y pasmosa precisin la deriva a la que conduce una sociedad entregada a ese extrao matrimonio que forman los lderes mesinicos de la poltica y los no menos iluminados prebostes de la big tech. En su argumentario, Karp destaca un aspecto competitivo: no le cabe la menor duda de que los enemigos de Occidente (dgase China, Rusia, Corea del Norte y desde luego Irn) recurrirn a la inteligencia artificial para sofisticar sus ejrcitos y atacar con mayor precisin objetivos civiles y militares, que es lo que Palantir contribuye a hacer desde la otra orilla atlntica. El problema es que si el elemento que iguala son las malas artes, a EEUU le queda poca moral que exhibir ante el auditorio de las democracias ms slidas, queden las que queden a estas alturas.
Digamos que, en su modus operandi, Palantir replica el mismo principio que Meta: hay que capturar miles de millones de datos valindose de cualquier subterfugio para poder alimentar al Gran Hermano que todo lo ve. De nuevo, la proteccin de la privacidad queda en entredicho, esta vez parapetada tras la excusa de la guerra santa 2.0, un conflicto donde la condicin de buenos justifica cualquier accin contra los malos tanto dentro como fuera del pas. La poltica le presta aqu su narrativa reduccionista a los lderes ms truculentos de Silicon Valley: si no ests conmigo, ests contra m.
Karp tambin propone una especie de efecto bumern. Si el origen de Silicon Valley estuvo en aquella simbiosis que durante la Segunda Guerra Mundial permiti al Ejrcito estadounidense especificar sus necesidades para que fuesen la universidad y el sector privado las que las desarrollasen en forma de armas, ahora considera justo que Silicon Valley tienda la mano y sus conocimientos a la mquina blica ms potente sobre la faz de la Tierra. Sera interesante comprobar qu efecto tendra en la adormilada poblacin europea el hecho de saber que compaas como la mentada Meta, Alphabet y OpenAI colaboran directa o indirectamente en campaas como la de Irn. Dejara la gente de utilizar WhatsApp o Instagram? Cuesta creerlo.
Conforme la otrora frtil EEUU se anega con personajes tan estrafalarios y amenazantes como su propio presidente, los grandes tiburones tecnolgicos pierden pie en la piscina occidental. Quizs no ante los tontos digitales, pero s ante la intelectualidad, los escasos defensores europeos del Estado del bienestar y el acervo comunitario y esa pequea cuota demogrfica un poco agotada ya de la otra distopa esculpida durante dos largas dcadas, la de los likes, los amigos fantasma, la dictadura del algoritmo, la publicidad segmentada y el amplio abanico de problemas mentales derivado de un uso excesivo de las pantallas.
Recordaba en estas mismas pginas un emprendedor espaol, Fernando Marzal, CEO de Kmpe, que, con la IA, "los trabajos del pasado sern los trabajos del futuro". No existe mejor antdoto contra la voracidad de la big tech que un regreso medido a lo analgico, no ya necesariamente como modo de sustento, sino como retn. Cuando Karp afirma que "algunas culturas han producido avances vitales mientras otras siguen siendo disfuncionales y regresivas", es inevitable acordarse de Mein Kampf. La mayor revolucin hoy consiste en una accin tan simple como desconectar la mquina, aunque sea de vez en cuando.
