
La computación cuántica, una tecnología que hasta hace poco parecía lejana para algunos, está dando pasos hacia su adopción comercial y promete transformar áreas como la biomedicina, la ciberseguridad y las finanzas en menos tiempo de lo previsto.
En los últimos años, el sector ha visto nacer nuevas empresas y recibir miles de millones de dólares en inversiones privadas, impulsando descubrimientos que aceleran el desarrollo de ordenadores cuánticos funcionales, según Harvard Gazette.
Investigadores de la Iniciativa Cuántica en Ciencia e Ingeniería de Harvard (HQI) explican que los recientes avances en tolerancia a fallos han permitido reducir de manera significativa los errores de cálculo, uno de los principales desafíos técnicos para la viabilidad comercial de esta tecnología.
Este progreso ha convertido proyectos académicos en startups respaldadas por capital de riesgo y alianzas con grandes compañías tecnológicas.

Un hito clave se alcanzó a fines de 2025, cuando el equipo liderado por Mikhail Lukin, codirector de HQI y profesor Joshua y Beth Friedman de Harvard, logró disminuir drásticamente la tasa de errores en sistemas cuánticos, lo que facilitó el salto del laboratorio al mercado.
Empresas como CavilinQ, dedicada a redes cuánticas, ya han recaudado USD 8,8 millones; mientras que LightsynQ, fundada en 2024 por Mihir Bhaskar tras doctorarse en Harvard, fue adquirida por IonQ, donde Bhaskar asumió la vicepresidencia sénior de investigación y desarrollo.
Mikhail Lukin señala que en 2018 se esperaba que los ordenadores cuánticos tolerantes a fallos fueran posibles recién hacia fines de la década de 2030.

Ahora, sostiene que es “bastante probable” que estas máquinas lleguen antes de 2030, adelantando los plazos iniciales en al menos cinco años. Esta aceleración sitúa a las investigaciones del HQI y sus empresas derivadas al frente de un sector que podría redefinir problemas irresolubles para la computación clásica.
Mihir Bhaskar, citado por Harvard Gazette, reconoce:
“La velocidad del proceso de comercialización ha sorprendido incluso a quienes estamos dentro del sector”. El flujo de innovación, desarrollo y capital ha superado ampliamente las expectativas, aunque su interés inicial era puramente científico.

La clave de la computación cuántica radica en los qubits, que pueden representar simultáneamente uno, cero o combinaciones de ambos, gracias a fenómenos como la superposición y el entrelazamiento.
Esto permite procesar información de maneras imposibles para los ordenadores tradicionales. Según la Harvard Gazette, las aplicaciones potenciales incluyen la química, la ciencia de materiales y la seguridad informática.
Desde su fundación en 2018, la HQI ha contado con el respaldo de compañías como Amazon Web Services.
El ecosistema tecnológico de Boston funciona como un nodo de transferencia rápida entre la investigación universitaria y la industria, según Sam Liss, director de desarrollo tecnológico de Harvard.
Programas como Grid Accelerator ofrecen financiación y asesoría estratégica a proyectos con potencial comercial.
De esta dinámica nació QuEra, fundada por Lukin y Markus Greiner, profesor George Vasmer Leverett de Harvard, junto a socios del MIT, que recientemente entregó su segundo ordenador cuántico comercial al Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Industrial Avanzada de Japón.
Evelyn Hu, profesora Tarr-Coyne de física aplicada y codirectora de HQI, subraya: “Nos encontramos mucho más adelantados de lo que cualquiera de nosotros podía imaginar en 2018”.

A pesar del entusiasmo, los expertos advierten que el despliegue total de las aplicaciones cuánticas llevará tiempo, en un proceso comparable al del transistor, cuya invención en 1947 tardó años en transformar la informática.
Para Lukin, el reto es doble: construir ordenadores cuánticos y aprender a explotarlos al máximo.

“Existen dos retos clave en este campo. Uno es construir estos ordenadores cuánticos; el otro es aprender a usarlos. Aunque queda mucho trabajo por delante, por primera vez construir máquinas cuánticas útiles está en nuestro horizonte directo”, afirma.
La combinación de avances científicos, apoyo financiero y un entorno colaborativo ha consolidado a Harvard y al Gran Boston como polos mundiales de la revolución cuántica.
La sinergia entre universidad, industria y capital de riesgo está definiendo un futuro que, según los protagonistas, llegará mucho antes de lo anticipado.
