Mujer holguinera abandona vivienda donada por campaña solidaria e insulta a quienes la ayudaron. Activistas de Holguín denuncian que Griselda, beneficiaria de campaña viral que recaudó 234,000 pesos intentó vender la casa que le regalaron.
La historia de Griselda Tarrago Escobar conmovió a miles de cubanos en redes sociales a mediados de abril. Una mujer de 49 años que criaba a una niña enferma en condiciones deplorables, cocinando con leña, sin techo firme y sin medicamentos. La solidaridad colectiva le cambió la vida. Ella decidió escupirle encima a quienes se la cambiaron.
La historia que hizo llorar a Cuba: Griselda, Natacha y una casa de cartón en Holguín
Todo comenzó con un video que el creador de contenido Héctor Lorenzo, conocido en redes como Soy Holguín, publicó a mediados de abril tras ser alertado por el grupo humanitario Mi Ciudad tiene un Principito.
Las imágenes mostraban a Griselda Tarrago Escobar en una vivienda con el techo destrozado, sin electricidad estable y cocinando con leña que ella misma recogía junto a la niña a su cargo. «Esta es mi cocina. Cocino con leña, y yo misma tengo que buscarla con mi niña porque en este país casi no hay electricidad», explicó en los primeros videos que circularon.
A su lado, Natacha Montenegro Tarrago, de seis años, una menor que Griselda no parió pero que cría desde que nació. La madre biológica de Natacha, de apenas 23 años, padece una ataxia severa con daño cerebral que le impide ocuparse de la pequeña. La niña carga además con asma bronquial y trastornos hematológicos que le causan anemia severa. Al comenzar la campaña, llevaba casi siete meses sin medicamentos.
El relato era tan duro que la respuesta no se hizo esperar. Primero llegaron 5,000 pesos de una donante llamada Ana Ponce. Luego medicamentos, una cama nueva, zapatos y juguetes para la niña. Cuando el 24 de abril circularon videos de Griselda cocinando bajo la lluvia mientras Natacha estaba enferma, llegó una avalancha de donaciones que incluyó cocina de inducción, refrigerador, olla multipropósito, arrocera, olla de presión y abanico.
Al final, la campaña recaudó 234,000 pesos cubanos. Con ese dinero se compró una casa nueva en El Llano, San Andrés, Holguín. Griselda recibió las llaves frente a las cámaras, recorrió cada rincón con una sonrisa y dijo lo que todos querían escuchar: «Ahora estoy en mi casita y soy muy feliz, gracias a todos ustedes.»
Griselda muestra quién es: insultos, desdén y una casa que planeaba vender desde el principio
La máscara duró poco. Griselda expresó que quería volver a su comunidad anterior, argumentando que la nueva vivienda no tenía condiciones para cocinar, y afirmó con descaro: «De todas formas, la casa ya es mía.»
Eso fue solo el arranque. Según Lorenzo, Griselda no llevó a la nueva casa ni los alimentos donados ni la ropa de cama. Comenzó a quejarse de falta de comida y agua, a pesar de que la vivienda contaba con ollas, refrigerador, electricidad por las mañanas y un pozo cercano con un tanque que los propios activistas compraron por 23,000 pesos.
En el momento de la entrega, un colaborador de Lorenzo le dio 20,000 pesos adicionales, acto que quedó grabado en video. Griselda recibió el dinero con desdén. Acto seguido, insultó a la esposa de Lorenzo y a Yoana, del proyecto El Principito, con palabras que el propio Lorenzo calificó como «muy feas» y prefirió no repetir. Más de cinco vecinos del lugar presenciaron la escena y quedaron, según Lorenzo, «perplejos y muy indignados».
La conclusión de Héctor Lorenzo fue tan directa como el golpe que representó para quienes participaron en la campaña: «Ella lo planeó todo desde el principio. Nunca tuvo intención de quedarse en esa casa.»
Por su parte, el activista Guillermo Rodríguez Sánchez publicó un detalle peor: Griselda golpea repetidamente a la niña, según vecinos.
Guillermo, que se ha tomado el caso muy en serio, publicó una serie de videos y post en su perfil de Facebook, documentando el caso, desde el video original hasta otros más recientes.
Este es el más reciente de todos:
Lorenzo, el proyecto El Principito y el colaborador principal decidieron actuar de inmediato: cerraron la vivienda con llave y anunciaron que buscarán otra familia que merezca lo que esta mujer desperdició. «Nos sentimos utilizados, engañados y sobre todo muy tristes. Pero este caso me ha frenado para intentar algo así de nuevo», escribió Lorenzo en una publicación que acumuló más de 166,000 visualizaciones y más de 4,000 comentarios. Revolico
Griselda Tarrago Escobar tiene 49 años y vive en Holguín. Ahora también tiene nombre en las redes, y no precisamente por lo que hizo antes de recibir la casa.
Holguín: el curioso epicentro de una ingratitud que se repite, pues no es la primera vez ni la segunda
Lo de Griselda Tarrago no cayó del cielo. Holguín lleva varios años siendo el escenario de una paradoja que parte el alma a quienes se dedican a hacer el bien: la solidaridad organizada choca, una y otra vez, con beneficiarios que deciden morder la mano que los alimentó.
El primer caso que sacudió las redes con fuerza ocurrió en 2023 y tuvo como protagonista involuntario al cantante cubano Yotuel Romero, uno de los autores de Patria y Vida. Una pareja con tres hijos dormía en los parques de Holguín sin tener dónde caerse muertos. El caso se viralizó, la solidaridad respondió y en septiembre de ese año la familia recibió una casa.
Tres meses después, en diciembre, medios digitales independientes cubanos reportaron que los padres habían vendido la vivienda. El propio Yotuel reaccionó públicamente, con más de 840 reacciones en Facebook, escribiendo que le entristecía y desilusionaba saber que habían vendido la casa que les regalaron a sus hijos. Una publicación que no necesitaba más explicaciones.
El segundo capítulo llegó en noviembre de 2025, también en Holguín, en el contexto del huracán Melissa. El activista Noly Blak documentó el caso de una madre de cuatro niños del municipio de Cacocum que había perdido todo con el ciclón y que en un video conmovedor dijo que no quería nada, solo comida para sus hijos.
@nolyblak0 ♬ sonido original – Noly Blak 🕊
La frase movilizó a miles de cubanos dentro y fuera de la isla. Se recaudaron más de tres millones de pesos y la familia recibió una casa nueva valorada en 6,000 dólares. Sin embargo, justo antes de comprarla, Noly se enteró de que a esta mujer se le había ayudado dándole una casita en mejores condiciones, que luego ella misma vendió. Noly dijo que, a pesar de eso, como ya se tenía el dinero recogido, el cumpliría con su palabra. Y lo hizo.
Poco después, ese mismo mes, el propio Noly Blak denunció a otra mujer que mendigaba en las calles de Holguín con su bebé en brazos. Una educadora local reveló en los comentarios del video lo que muchos no sabían: esa misma mujer ya había recibido ayuda anteriormente en Báguano, incluyendo una casa y una plaza en guardería para su hija mayor. ¿La recuerdan?
Y en 2026 llegó Griselda. Con una historia diseñada para tocar fibras, con videos llorando frente a la cámara, con una niña enferma de fondo y una cocina de leña como escenografía. La solidaridad respondió una vez más con 234,000 pesos y una casa nueva. Y Griselda respondió a esa solidaridad con insultos, desdén y un intento de venta.
Tres casos. Tres casas regaladas. Tres traiciones a quienes pusieron su dinero, su tiempo y su fe en personas que decidieron que la bondad ajena era un recurso más a explotar. Y los tres, en Holguín.
Nadie está diciendo que la provincia entera tenga un problema de valores. Holguín es también la tierra de Noly Blak, de Héctor Lorenzo, de miles de donantes anónimos que pusieron pesos en una cuenta bancaria para ayudar a alguien que nunca habían visto. La solidaridad holguinera es real y está documentada.
Pero también lo está la otra cara. Y mientras no se hable de ella con claridad, seguirá habiendo Griseldas. La gente dice que hasta le arrebató el título de «Mujer más mala de Cuba» a otra holguinera: Lis Cuesta Peraza.
