Despierta Quisqueya

Un tribunal chino pone límites al despido de un trabajador sustituido por la IA

Hangzhou, la ciudad donde nacieron el gigante tecnológico Alibaba o el modelo DeepSeek y uno de los escaparates de la ambición china en inteligencia artificial (IA), ha lanzado una advertencia judicial sobre los límites laborales de esa misma tecnología. El Tribunal Popular Intermedio de esta urbe del este de China ha declarado ilegal el despido de un empleado al que su empresa intentó sustituir por IA después de degradar su puesto y rebajarle el salario un 40%. El fallo, difundido en vísperas del Día Internacional de los Trabajadores como parte de una serie de casos paradigmáticos sobre la protección de derechos laborales en el sector, marca una línea roja en un país decidido a liderar esta nueva revolución tecnológica, pero cada vez más atento a que sus costes no erosionen la estabilidad social.

El protagonista del caso es un trabajador de 35 años, identificado por los medios chinos con el apellido Zhou, que se incorporó en 2022 a una empresa de tecnología financiera (conocidas como fintech) como supervisor de control de calidad de modelos de IA. La tarea de este técnico sénior consistía en revisar discrepancias producidas por los grandes modelos de lenguaje, parecidos a ChatGPT o Gemini, con el objetivo de garantizar resultados precisos. Entre otras funciones, emparejaba consultas de usuarios con sistemas de IA y filtraba contenidos ilegales o que pudieran vulnerar la privacidad, según el expediente citado por la agencia de noticias Xinhua.

Con el tiempo, esas tareas pasaron a ser asumidas por la IA. En enero de 2025, la compañía propuso trasladar a Zhou a un puesto de menor categoría, lo que implicaba un recorte salarial de 25.000 yuanes mensuales a 15.000, es decir, de unos 3.200 euros a 1.900. Ante la negativa de Zhou, la empresa rescindió su contrato alegando una reorganización interna y una reducción del personal. Zhou reclamó una compensación mayor ante la instancia arbitral, que concluyó que el despido había sido improcedente y respaldó su reclamación.

La compañía llevó en agosto el caso ante un tribunal de distrito y, tras perder en primera instancia, recurrió ante el tribunal intermedio. La firma sostenía que el avance de la IA había transformado el proyecto en el que Zhou trabajaba y que sus funciones podían ser asumidas por la propia tecnología. En términos jurídicos, intentó acogerse a una cláusula de la ley china de contratos laborales que permite rescindir un contrato cuando se produce un “cambio sustancial en las circunstancias objetivas” que impide seguir cumpliéndolo.

La corte intermedia rechazó ese argumento y recordó que ese concepto suele aplicarse a acontecimientos como traslados, fusiones o cambios estructurales de una empresa, no a una decisión voluntaria para reducir costes. En declaraciones a la cadena pública CCTV, Shi Guoqiang, juez de esa corte, resumió que la tecnología actual no tiene la capacidad de sustituir los puestos de trabajo de los humanos. Finalmente, el tribunal concluyó que la firma no había demostrado que el contrato de Zhou se hubiera vuelto imposible de cumplir y consideró que la alternativa ofrecida al trabajador no era razonable. En consecuencia, confirmó que la rescisión había sido ilícita y que la empresa debía pagarle una indemnización de 260.000 yuanes, alrededor de 33.000 euros.

El caso tiene algo de paradoja. Hangzhou, capital de la provincia oriental de Zhejiang y hogar de casi 12 millones de personas, se ha presentado en los últimos años como uno de los nuevos polos tecnológicos chinos. Más amable y mucho menos saturada que Pekín o Shanghái, ha dado cobijo a algunas de las empresas más punteras del sector. A DeepSeek, el modelo de IA generativa que sacudió a comienzos del año pasado el sector logrando resultados punteros a bajo coste, se suman otras como Unitree Robotics, Deep Robotics, BrainCo, Manycore Tech o Game Science, que la prensa china agrupa bajo la etiqueta de los “seis pequeños dragones” de Hangzhou. Son firmas que encarnan la nueva ambición de las autoridades comunistas bajo el paraguas de la autosuficiencia: avanzar en grandes modelos de lenguaje, robótica, interfaces cerebro-máquina o software industrial.

La decisión llega en un momento sensible para China. El país ha hecho de la IA uno de los pilares de su pugna con Estados Unidos, pero arrastra al mismo tiempo una presión persistente sobre el empleo juvenil y los trabajadores de oficina, precisamente los más expuestos a la automatización de tareas administrativas, creativas o de análisis. Según la Oficina Nacional de Estadísticas, la tasa de desempleo entre jóvenes de 16 a 24 años, excluyendo estudiantes, se situó en marzo en el 16,9%, ocho décimas por encima del dato de febrero. La tasa general de paro urbano fue del 5,4%.

El de Hangzhou no es un caso aislado. En 2024, el Tribunal Intermedio de Cantón examinó un proceso similar, en el que el puesto de una diseñadora gráfica había sido sustituido por la IA. Entonces, también concluyó que la actualización tecnológica que alegaba la empresa no podía considerarse, por sí sola, una “circunstancia objetiva” que justificara la ruptura unilateral del contrato. En Pekín, la Oficina Municipal de Recursos Humanos y Seguridad Social difundió en 2025 un caso de arbitraje sobre un recopilador de datos cartográficos desplazado por la IA, cuyo despido también se consideró ilegal.

La lectura más prudente del fallo de Hangzhou no es que China haya prohibido los despidos vinculados a la IA, sino que intentará impedir que la automatización sirva para eludir obligaciones laborales y abaratar el coste de las reestructuraciones. En una columna publicada en el digital Fengmian, el periodista Jiang Jingjing advertía contra una interpretación demasiado amplia del fallo: “Es un viejo problema, y la IA no es más que un nuevo pretexto”. Su conclusión apunta a los límites de la vía judicial, ya que los tribunales no pueden garantizar que la IA no sustituya empleos. “Solo pueden procurar que, cuando ocurra, el trabajador reciba una compensación económica justa conforme a la ley”, escribe. El desafío, añade, está ahora en convertir las directrices oficiales sobre “un desarrollo favorable al empleo” en medidas concretas para gestionar el impacto laboral que inevitablemente tendrá la IA.

source

Exit mobile version