sábado, mayo 9, 2026

El juicio del año entre Musk y Altman revela amenazas, insultos y una caída histórica del prestigio de la IA

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Caricatura: Elon Musk y Sam Altman pelean en un tribunal moderno. Musk empuja papeles a Altman, quien se defiende. Logos de OpenAI y Tesla, sillas y papeles caídos.
Mensajes filtrados y declaraciones judiciales desatan una crisis de reputación sin precedentes en los principales líderes tecnológicos mundiale. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En enero de 2018, el cofundador de OpenAI Greg Brockman le envió a Elon Musk un memo extenso sobre el futuro del laboratorio, que entonces operaba como organización sin fines de lucro. Brockman se oponía a la propuesta de Musk de fusionar OpenAI con Tesla. “Nuestra herramienta más grande es la autoridad moral”, escribió. “La IA va a sacudir el tejido de la sociedad y nuestro deber fiduciario es con la humanidad”. La frase aparece publicada esta semana en Bloomberg Businessweek en una nota firmada por Max Chafkin sobre el juicio que arrancó la semana pasada en el tribunal federal de Oakland.

Ocho años después, esa autoridad moral no existe. La perdieron los dos en sala. Y perdió el sector entero antes de empezar el juicio.

El demandante en el estrado

Musk subió al estrado el martes 28 de abril y se presentó como asceta. Dijo que no toma vacaciones, que no tiene yates ni casas de descanso. Describió su carrera como una serie de actos altruistas: internet “para expandir el conocimiento humano”, SpaceX “para hacer la vida multiplanetaria”. Dijo que nunca pierde los estribos ni le grita a nadie. Y los perdió en sala, según Chafkin, cuando los abogados de OpenAI le mostraron evidencia de que su preocupación por la privatización de OpenAI apareció solo cuando quedó claro que no iba a ser dueño de la mayoría.

El domingo, antes del inicio formal del juicio, OpenAI presentó un escrito ante el tribunal con un mensaje que Musk le había mandado a Altman sugiriendo arreglar fuera de la corte. “Para fin de semana, vos y Sam van a ser los hombres más odiados de Estados Unidos”, escribió Musk. La amenaza no envejeció bien. Durante la selección del jurado, varios candidatos describieron a Musk en sus cuestionarios como “un pedazo de basura codicioso, racista y homófobo” y “un imbécil de clase mundial”. La jueza Yvonne Gonzalez Rogers lo reconoció en sala: “La realidad es que la gente no lo quiere”.

El demandado entregó las pruebas en persona

Caricatura de Elon Musk con expresión tensa y Sam Altman preocupado, sentados en el banquillo de un tribunal. Detrás, logos de OpenAI y Tesla en pantalla.
El juicio entre Elon Musk y Sam Altman evidencia la pérdida de autoridad moral en el sector de inteligencia artificial. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Brockman declaró esta semana. Los abogados de Musk le preguntaron por entradas de su diario personal. Una decía “¿qué me va a llevar a USD 1.000 millones?”. Otra decía “estaría mal robarle la ONG”. La segunda frase rechazaba el plan, pero confirmaba que el plan estaba sobre la mesa. Elizabeth Lopatto, periodista de The Verge, escribió esta semana: “El testigo más fuerte del caso de Elon Musk contra OpenAI hasta ahora ha sido el diario de Greg Brockman. Brockman mismo está segundo”.

El cofundador que en 2018 escribía sobre autoridad moral fue interrogado en el estrado por evidencia de que él mismo se preguntaba cómo llegar a su primer billón. La distancia entre el memo de 2018 y el diario expuesto en 2026 es la distancia entre el discurso del sector y la realidad del sector.

NBC News publicó el 10 de marzo de 2026 una encuesta nacional realizada con Hart Research Associates y Public Opinion Strategies entre el 27 de febrero y el 3 de marzo, sobre 1.000 votantes registrados. Solo el 26% tiene una visión positiva de la inteligencia artificial. El 46% tiene visión negativa. La aprobación neta es de menos de 20 puntos. En el mismo sondeo, ICE tiene menos 18, el presidente Donald Trump menos 12, el Partido Republicano menos 14. Solo dos categorías están peor que la IA: el Partido Demócrata, con menos 22 puntos, e Irán, con menos 53.

El 57% de los encuestados cree que los riesgos de la IA superan los beneficios. El 33% dice que ningún partido político maneja bien el tema. Y mientras la aprobación cae, el uso sube: 48% de los estadounidenses usaba alguna herramienta de IA en diciembre de 2025; en marzo de 2026, 56%.

El 11 de abril, antes del inicio del juicio, Daniel Alejandro Moreno-Gama, de 20 años, tiró un molotov contra la casa de Altman en San Francisco, encendió la reja exterior y huyó a pie. Menos de una hora después, según la fiscal Brooke Jenkins, fue a la sede de OpenAI a cinco kilómetros y amenazó con quemarla. Llevaba kerosene, encendedor, un documento titulado Your Last Warning con nombres y direcciones de CEOs e inversores del sector.

El 5 de mayo se declaró no culpable de intento de homicidio. El gobierno federal lo trata como acto de terrorismo doméstico. El viernes 21 de noviembre de 2025, los empleados de OpenAI ya habían tenido que refugiarse en sus oficinas por una amenaza similar, hecha por Sam Kirchner, cofundador del grupo activista anti-IA Stop AI.

Ilustración de caricatura de Elon Musk y Sam Altman de pie sobre un pilar griego agrietado. A sus pies, los logos rotos de OpenAI y Tesla. Fondo azul desaturado.
OpenAI y Musk adaptan su discurso público: ahora se orientan a una política industrial centrada en las personas y un ingreso universal alto. (Imagen Ilustrativa Infobae)

OpenAI ahora habla de “nueva política industrial para poner a la gente primero”. Musk reemplazó universal basic income por universal high income. Mientras tanto, Coinbase anunció el martes 5 de mayo que despide al 14% de su plantilla, alrededor de 700 personas. Brian Armstrong, el CEO, lo justificó así: “Reconstruir Coinbase como una inteligencia, con humanos en los bordes alineándola”. La frase deja sin discusión la dirección del momento. La IA dejó de venderse como riesgo existencial y empezó a venderse como abundancia. Pero las empresas que la implementan siguen recortando empleos.

La autoridad moral no se pierde por un juicio. Se pierde cuando la realidad contradice el discurso. Y eso ya pasó.


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