Despierta Quisqueya

Así escuchábamos música antes de Spotify

“Mirar al pasado por un momento sirve para refrescar la vista, para recomponerla y hacerla más apta para mirar hacia adelante”, son palabras de la misionera británica Margaret Barber, y eso es precisamente cada jueves de TBT: una oportunidad de abrir una ventana a los recuerdos, y sonreír con lo que alguna vez formó parte de nosotros y nuestra rutina.

De esa rutina, sin dudas, la música ha formado parte cada día. Pero antes de tener un «sin fin» de canciones a través de Spotify, o pedirle a “Alexa” o “Siri” lo que queremos escuchar, hubo una época donde oir nuestra canción favorita no solo requería de suerte y una gran paciencia para esperar largas horas frente a la radio, cambiando de dial; a veces, también requería de ingenio.

Desde aquellos LP, de la época de nuestros abuelos, hasta llegar a los CDs, cada una de estas marcaron una etapa de nuestras vidas, dejando recuerdos imborrables.

Los LP (Long Play), discos de vinilo de 12 pulgadas, giraban en un tornamesa mientras una aguja recorría cada uno de sus surcos (los cuales albergaban la grabación para reproducir las canciones). A diferencia de ahora, escuchar música en un LP no se daba por sentado: era sagrado. Los abuelos se sentaban en un sillón, con una luz tenue, y disfrutaban cada acorde y cada palabra que expresaba el artista.

Las portadas eran “creativas” para la época, tenían los créditos de cada canción, así como la descripción del artista. Y si una canción se rayaba, pues la aguja saltaba y había que colocarla nueva vez en su lugar.

Rebobinar la música

Aunque antes de los casetes o “cintas”, como también le conocemos, existieron el “45” y el “8 track”, la generación de los 90s es el formato de grabación de sonido que más recuerda. Con la llegada de este, la música se volvió portátil; podíamos llevarla a cada lugar donde íbamos, a través de un reproductor de casete o, como muchos lo conocemos, un “Walkman”.

De este formato existen muchos recuerdos entrañables. Entre ellos, pasar horas sentados frente a la radio con un casete en blanco, esperando que una emisora colocara tu canción favorita para poder grabarla y pedirle al Todopoderoso que el locutor no hablara en medio de la canción. También era común tomar un lápiz para rebobinar la cinta y volver a escuchar nueva vez esa canción especial, o simplemente para desenredarla cuando se atascaba.

Te puede interesar: Instagram lanza «Instants», una función para compartir fotos efímeras entre amigos

Cuando llegó el CD (Compact Disc), marcó un antes y un después en la forma de escuchar música. Su mejor calidad de sonido y la posibilidad de cambiar de canción con solo presionar un botón representaron una gran ventaja frente a los casetes. Sin embargo, estos discos también requerían ciertos cuidados, ya que podían rayarse con facilidad, provocando que la reproducción se trabara. Para muchos, la solución más popular consistía en limpiar el disco con un algodón humedecido en vinagre.

Años más tarde, la llegada de las computadoras con grabadoras de CD permitió a los usuarios crear discos personalizados con sus canciones favoritas, dando paso a una experiencia musical más individual y personalizada.

A mediados de 2002, Ares revolucionó la forma de escuchar música. Por primera vez, miles de canciones podían descargarse gratuitamente en una computadora. Sin embargo, había un problema: en muchas ocasiones, por cada canción descargada llegaban también unos cinco virus, lo que activaba de inmediato las alertas de “Avast”, el antivirus gratuito que solía estar instalado en la mayoría de las computadoras domésticas de la época.

Asimismo, no siempre se encontraban las versiones que se buscaban y, en muchos casos, los nombres de las canciones estaban equivocados. Aun así, cuando se tenía la suerte de encontrar la canción esperada, se descargaba, se grababa en un CD y la espera terminaba valiendo la pena.

source

Exit mobile version