domingo, mayo 24, 2026

De la sastrería al escenario: anatomía del traje masculino en la música desde Elvis Presley hasta la actualidad

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Para los músicos, tener un sastre de confianza ya es casi tan importante como tener un lutier que ponga a punto el instrumento de turno cada cierto tiempo. Por eso, cuando el artista escoge el traje para que protagonice la anatomía de su estética, manda un mensaje claro y directo a la esfera pública: hacer música puede ser una profesión tan seria, poderosa y rentable como cualquier otra. Este idilio textil entre los artistas y sus atuendos para escenificar una fase personal y profesional —en los escenarios y fuera de ellos— quizá tuvo uno de sus primeros hitos en aquel icónico look dorado que lució Elvis Presley en la portada del disco 50.000.000 Elvis Fans Can’t Be Wrong. Elvis’ Gold Records, Volume 2 (1959).

Tom Parker —mánager del artista— también trabajaba por aquella época (mediados de los años cincuenta) con el músico de country Hank Snow, quien tenía de sastre a Nudie Cohn: un inmigrante ucranio que comenzó a confeccionar prendas junto a su mujer, Bobbie, en el garaje de su casa de California en la década de 1940. Él fue el artífice de las extravagantes chaquetas de Snow copadas de bordados, estampados y pedrería falsa que crearon escuela. Gracias al sentido del espectáculo de Nudie (que fundó Nudie’s Rodeo Tailors y realizó diseños para el actor Roy Rogers, la actriz Dale Evans o los músicos Elton John y Gram Parsons, entre otros), Parker le encargó la confección de un traje dorado que simbolizara que Elvis convertía en oro todo lo que tocaba. La chaqueta y el pantalón fueron elaborados en lamé y strass; se complementó con una camisa de chorreras, una pajarita y calzado dorado. El rey del rock solo lució este look —que costó 10.000 dólares— tres veces durante 1957 y hoy puede verse expuesto en la casa-museo del cantante en Graceland (Memphis).

Los cantantes que aparecen en la imagen de apertura de este reportaje —Abraham Boba (del grupo León Benavente), Erin Memento, Maximiliano Calvo y Juancho (de Sidecars)— y la diseñadora y artista Gema Polanco son militantes del traje por convicción desde casi la adolescencia. Este atuendo, tanto si es de dos o tres piezas, total look de una sola firma o se completa combinando piezas de aquí y de allá, puede ser tanto una máscara elegante que representa empoderamiento como un uniforme impecable y/o la consolidación estética de la etapa adulta.

Para Gema Polanco (Valencia, 34 años), que utiliza el punk, el rock y el folk como principal inspiración para su producción en el arte y en la moda, la elegancia del músico Nick Cave, quien suele escoger a Bella Freud para que le haga todos sus trajes, es capital: “Creo que no hay nada más sexy que un punky con un buen traje porque es un cóctel perfecto entre lo conservador y lo rompedor”. Polanco, que realizó una colección cápsula con el diseñador Paco Pintón inspirada en David Bowie, declara que solo se viste con ropa vintage de lujo que siempre interviene: “Utilizo el bordado libre tanto en mis tapices como en mi ropa. Esta técnica se usa mucho en la americana music para decorar esos trajes maravillosos de folk y country”.

Por su parte, Abraham Boba (Vigo, 50 años) cuenta que en su vida “apenas” ha llevado camisetas. Entre sus referentes de estilo están desde Leonard Cohen a Tindersticks o Nick Cave, y relata su andadura hasta encontrar el traje perfecto: “Yo tenía claro lo que quería, pero en las tiendas no lo encontraba hasta que un día vi una foto de Bobby Gillespie [líder de Primal Scream] que creo que llevaba uno de Armani”. Boba, enérgico frontman, cuenta que para cada nuevo proyecto discográfico renueva su vestuario, pero mantiene el mismo patrón: “Desde hace ya ocho o nueve años tengo el mío propio en la sastrería Tom Black. La chaqueta que me hago tiene solapas setenteras y el pantalón es ligeramente acampanado. Lo que voy cambiando es el tipo de tela, siempre en tonos oscuros, y los botones”.

Según José Manuel Esclapez (Elche, 40 años ), director de Tom Black (fundada en 2011), trabajar con artistas de la industria de la música —entre los que también están Leiva, Vetusta Morla, Sidecars o Miss Caffeina— siempre les ha atraído. Preguntado por las diferencias de confección que distinguen estéticamente a géneros como el pop o el rock, no duda en señalar el corte del pantalón: “En el rock suelen pedir diseños más ceñidos”. A lo que añade: “Un traje para actuar debe ser estético, acompañar el movimiento y reforzar la personalidad del artista con prendas ligeras, ágiles y confortables”.

Juancho (Madrid, 38 años), fundador de Sidecars, comenzó a hacerse trajes a medida hace varios años con la diseñadora Gema Siveroni. Haber formalizado más su look en los últimos tiempos responde a haber cambiado de etapa vital: “Creo que hay momentos para todo en la vida y ahora me siento más cómodo en traje. Bandas que para mí son referentes, como los Faces o The Rolling Stones, siempre fueron de punta en blanco. Mi respeto por el oficio y por el escenario me hacen querer estar elegante”. El músico madrileño, además, asegura ser fiel a las botas Chelsea y a los complementos de la marca valenciana The Trip Apparel.

Atendiendo a la voz del experto en moda y diseño Carlos Primo, las tendencias masculinas de sastrería tienen un marcado contexto histórico: “En los años sesenta y setenta fue cuando el traje se liberó de su seriedad. Los Beatles o Bowie no llevaban trajes de oficinista ni de corredor de bolsa, sino trajes con solapas enormes de Tommy Nutter o diseños entallados en colores sorprendentes”. Pero si hablamos de las distorsiones de la silueta, a quien menciona es a David Byrne —líder de Talking Heads— porque jugó como quiso con las proporciones de su chaqueta, por ejemplo, durante el concierto Stop making sense (1983).

Inglaterra, Francia y Estados Unidos son una fuente prolífica de inspiraciones y referencias. Da buena fe de ello Erin Memento (Zaragoza, 28 años), que consume mayoritariamente prendas vintage y entre sus iconos de estilo está Father John Misty. Entre 2022 y 2025 vivió en Los Ángeles. “La zona me ha influido, pero siempre la he adaptado a mi armario. He visto a gente que a las ocho de la mañana iba en traje y sombrero de cowboy a por un café”, recuerda. “La gente te lee por la ropa que llevas; hay veces que me apetece ponerme un buen traje para subirme al escenario y otras hasta para ir a comprar fruta”, reconoce.

Quien coincide en eso de la militancia vintage es el argentino Maximiliano Calvo. Su primer icono de estilo, en la infancia, fue su abuelo Roberto. En la adolescencia llegaron más, de los Beatles a la Nouvelle Vague. “Los músicos, escritores y directores de cine que me gustaban se enfrentaban al mundo teniendo en cuenta la elegancia. Yo también aprendí a hacerlo así”, cuenta. Ahora, “Alex Turner y Elvis Costello” son buenos exponentes del estilo que le gusta.

Las elecciones estéticas siempre tienen una trastienda. En ella coinciden la política de la imagen, la voluntad reputacional y las eternas convenciones sobre el género de las prendas. Kiko Tovar, profesor titular de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, lo explica de esta forma: “Encontramos estrellas como Prince o Harry Styles, con movimientos fluidos o vulnerables, envueltos en traje. Y artistas femeninas como Patti Smith, en la portada del disco Horses, que visten de traje llevando a cabo coreografías masculinas, imitando los movimientos que el traje exige, corroborando la idea de que el género se hace”.

El sociólogo Charles Cooley, según destaca Tovar, describe perfectamente ese yo espejo que todos tenemos: “No somos lo que creemos ser, sino lo que pensamos que otros piensan de nosotros, imaginando nuestra apariencia ante los demás, imaginando su juicio y construyendo o sintiendo una emoción en función de dicho juicio”.

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