sábado, mayo 30, 2026

El primer estudio nacional confirma el impacto de la prohibición de celulares en escuelas de Estados Unidos

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Los Angeles prohibe celulares en escuelas
Miles de escuelas en Estados Unidos adoptaron la prohibición de celulares para combatir distracciones y mejorar la concentración en clase (Imagen Ilustrativa Infobae)

Millones de estudiantes en Estados Unidos comenzaron el ciclo escolar 2025-2026 bajo una nueva regla estricta: debieron guardar sus teléfonos móviles al ingresar a las aulas, siguiendo una política de prohibición extendida en distritos de todo el país. Esta medida, que ya aplican al menos 37 estados y el Distrito de Columbia, busca frenar distracciones, favorecer la concentración y elevar el rendimiento escolar. El cambio no fue menor: desde el inicio del ciclo, la rutina diaria de los alumnos se vio alterada y todos los ojos se posaron en los posibles efectos de la restricción.

Esta política se implementó a raíz de la preocupación compartida entre educadores y padres sobre el uso excesivo de celulares en clase. En lugares como Nueva York, el uso de dispositivos está prohibido dentro de las aulas, en respuesta a la evidencia acumulada que vincula los móviles con la pérdida de atención, la baja en el desempeño académico y dificultades para socializar. Jonathan Haidt, autor y psicólogo, se ha destacado por impulsar la medida, argumentando que es imprescindible reducir la ansiedad y las distracciones entre los jóvenes.

Para evaluar el verdadero alcance de esta decisión, un grupo de investigadores de las universidades de Stanford, Duke, Michigan y Pensilvania emprendió el primer estudio representativo a nivel nacional sobre prohibiciones de celulares en escuelas estadounidenses. La investigación constituyó un hito porque, por primera vez, se analizaron datos reales sobre el bloqueo efectivo de dispositivos, y no simples declaraciones de políticas escolares. El equipo trabajó con información provista por unas 4.600 escuelas y recurrió a la base de datos de Yondr, la empresa californiana que provee soluciones tecnológicas para el resguardo de celulares en centros educativos, empresas y espacios de entretenimiento.

Una vista de un aula con varios niños sentados en sus pupitres, concentrados en tabletas o teléfonos celulares que sostienen. Una maestra observa desde el fondo.
El estudio de las universidades de Stanford, Duke, Michigan y Pensilvania analizó el impacto real de limitar el uso de celulares en 4.600 escuelas (Imagen Ilustrativa Infobae)

El diseño del estudio permitió comparar situaciones antes y después de la implementación de la prohibición, así como identificar diferencias en el bienestar estudiantil, la disciplina y el rendimiento escolar. Uno de los puntos sobresalientes fue el uso de datos de GPS y encuestas a docentes, lo que brindó una imagen precisa sobre el impacto de la medida en tiempo real y en distintas regiones del país.

La logística diaria de la política se apoya en las bolsas magnéticas Yondr, un sistema que revolucionó la forma en que las escuelas gestionan los dispositivos. Cada mañana, al llegar al centro educativo, los alumnos reciben una pouch magnética en la que deben colocar su teléfono. Este estuche se cierra mediante un mecanismo especial y solo puede abrirse con imanes instalados en las entradas y oficinas de la institución. Los estudiantes conservan la bolsa durante toda la jornada y únicamente pueden recuperar su móvil al finalizar las clases. De esta manera, se asegura que los teléfonos permanezcan inaccesibles durante el horario escolar, minimizando la tentación de usarlos en clase o en los pasillos.

El respaldo a la prohibición proviene de múltiples sectores. Según una encuesta del Pew Research Center, más del 70% de los profesores de secundaria consideran que la restricción es necesaria, ya que identifican a los celulares como la principal fuente de distracción para los alumnos. Las familias y la mayoría de los educadores coinciden en que el uso indiscriminado de dispositivos afecta la atención, el rendimiento y las habilidades de socialización. Expertos como Haidt han dado visibilidad al fenómeno al advertir sobre el impacto negativo que la hiperconectividad puede tener en la salud mental y el desarrollo de los adolescentes.

Las conclusiones del estudio universitario arrojan un panorama complejo pero revelador. En primer lugar, se constató que las prohibiciones funcionan: el porcentaje de estudiantes que admitió usar el teléfono en clase por motivos personales cayó del 61% al 13%. Los datos de GPS confirmaron una disminución drástica en el uso de dispositivos durante el horario escolar, lo que sugiere una aplicación real y efectiva de la política, más allá de la simple norma escrita.

Escolar con celular en la mano
Las suspensiones escolares aumentaron inicialmente tras la prohibición de celulares, pero disminuyeron con el tiempo según el informe académico

El estudio detectó que, en una etapa inicial, las escuelas que aplicaron la prohibición experimentaron un aumento en las tasas de suspensión tanto dentro como fuera del centro educativo. Este incremento reflejó el esfuerzo de las autoridades por hacer cumplir la nueva normativa, lo que llevó a algunos alumnos a incurrir en conductas disruptivas alternativas. Sin embargo, con el correr de los meses, las suspensiones disminuyeron, lo que sugiere que la comunidad escolar se adaptó progresivamente a la restricción y que la disciplina mejoró respecto a los primeros momentos.

El bienestar subjetivo de los alumnos también fue objeto de análisis. Al principio, los estudiantes manifestaron una reducción en su sensación de bienestar, probablemente debido al cambio brusco en su rutina y a la ausencia de contacto continuo con sus dispositivos. Con el paso del tiempo, esta percepción dio un giro y los indicadores de bienestar se volvieron positivos, lo que apunta a una mejor adaptación y, posiblemente, a la aparición de nuevas dinámicas de socialización y concentración en el entorno escolar.

En cuanto al rendimiento académico, los efectos observados fueron limitados. Los resultados promedio en las pruebas estandarizadas se mantuvieron “constantemente cercanos a cero” durante los primeros meses posteriores a la implementación de la política. Este patrón se repitió en todos los grupos de alumnos, lo que indica que la medida no tuvo un impacto significativo, al menos en el corto plazo, sobre las calificaciones o el aprendizaje medido por exámenes.

Por último, el estudio no detectó cambios relevantes en los niveles de asistencia ni en la percepción de acoso en línea o atención en el aula. Los investigadores subrayaron que estos aspectos permanecieron prácticamente inalterados, pese a la restricción tecnológica. De acuerdo con los autores, aunque los resultados generales invitan a la reflexión, es probable que los beneficios sobre bienestar y disciplina se profundicen si las prohibiciones se sostienen a lo largo del tiempo.


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