La nostalgia, según la RAE, es una tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida, pero esta definición no acaba de enfatizar lo más curioso de ese sentimiento, que es su dualidad, es la capacidad que tiene de concentrar dos sentimientos aparentemente contrarios: la felicidad de un recuerdo y la añoranza del mismo.
Rememorar alguna experiencia puede llegar a engañar a nuestro cerebro evocando emociones similares a las que sentimos en ese momento y, si hay algo que parece dar siempre en la diana de nuestra pequeña cápsula de recuerdos, eso es la música.
Escuchar una canción de nuestro pasado no solo activa el sistema auditivo, sino que también activa zonas del cerebro como el hipocampo, que está relacionado con la memoria autobiográfica, la amígdala, que es como el panel de controles del procesamiento emocional, y también liberamos dopamina, la famosa hormona del placer y la felicidad.
Así que cuando estamos con un estado de ánimo bajo, nuestra playlist de la adolescencia puede ser nuestra terapia.
En 1986, unos psicólogos identificaron el llamado pico de reminiscencia, que es un fenómeno que provoca que tengamos una tendencia a recordar con mayor claridad y frecuencia los eventos desde los 12 hasta los 25 años, es por eso que aquellas canciones que sonaban durante esta etapa de nuestra vida tienen un impacto más positivo en nuestro queridísimo cerebro nostálgico.
Desde aquel estribillo de El tiburón de Henry Méndez que coreografiabas con tus amigas para el baile de fin de curso, hasta esa base tan icónica de We like to party! de Vengaboys que se convirtió en el ritmo del verano, pasando por esa melodía de Dime de Beth que escuchabas una y otra vez con aquellos auriculares enredados de dudosa procedencia.
Y quizás esa sea precisamente la razón por la que los festivales nostálgicos viven uno de sus mejores momentos. Durante unas horas, estos eventos se convierten en una máquina del tiempo compartida con toda una generación que recuerda un ritmo en común, y nosotros volvemos a ser esos adolescentes melómanos y despreocupados.
Los festivales I Love Reggaeton, Love the 90s y Love the Twenties arrancan sus giras de este año, y aterrizan en IFEMA este junio para hacer precisamente eso.
Cada uno representa una generación distinta pero todos tienen la misma misión, celebrar la música de nuestra juventud y su arma -no tan- secreta son los carteles con nombres de artistas que llenaban nuestros CD´s y listas de reproducción. Además de -como ya sabe quien los haya vivido-, una producción y escenarios de talla mundial.
I Love Reggaeton da el pistoletazo de salida en Madrid el sábado 6 de junio, habiendo conseguido ya SOLD OUT, con artistas como Tito el Bambino, Juan Magán, Cali & el Dandee, Henry Mendez… que se repartirán en dos escenarios.
Además, en el recinto también habrá atracciones y zona de restauración al aire libre.
Tan solo una semana después, el 13 de junio, sonarán todas aquellas canciones de eurodance, pop y música electrónica que fueron los himnos de toda una generación en Love the 90s, en este caso habrá cuatro escenarios y contaremos con la presencia de Ace of Base, Corona, Vengaboys, Celtas Cortos, Inner Circle, Octave One y muchos artistas más.
Y, por último, pero no por ello menos importante, acabamos el 20 de junio con Love the Twenties, el festival premiado como Mejor festival de 2025 en Los 40 Music Awards. Los 2000s fueron aquellos años de crop tops, móviles con politonos y reproductores de MP3.
Esta fecha no solo contará con cuatro escenarios, sino que también habrá atracciones y zona gastronómica al aire libre. Su cartel cuenta con nombres como Milk inc, Kate Ryan, Safri Duo, Beth, Rosa López, David Civera y un largo etcétera.
Además, si no eres de Madrid estos festivales harán giras por diferentes localizaciones del territorio español para hacer llegar la música que nos hacía vibrar a todo el mundo, incluyendo ciudades como Barcelona, Sevilla, Córdoba, Gijón, Valencia, Gran Canaria, etc. Puedes consultar las fechas en su web.
Estos festivales no son solo un conjunto de conciertos; también son una forma de vivir una de las sensaciones más complejas y placenteras que tenemos los humanos: la nostalgia. Notar cómo la dopamina se libera al ritmo del beat mientras tu cerebro viaja en el tiempo.
Porque, como ellos mismos dicen, son “el lugar donde eres feliz”.
