Las seis de la tarde del sábado 16 de mayo de 2026. En el Círculo de Ajedrez Torre Blanca, en Sánchez de Bustamante 587, Almagro, empieza el torneo "Rápido", una competencia para todas las edades que terminará en esa misma jornada y en la que, para sumarse, hay una sola condición: saber jugar. Que el alfil avanza o retrocede en diagonal por las casillas negras y blancas, que la reina es la pieza con más atribuciones, que los peones…
El club es un espacio austero con mesas de madera, ventiladores de techo, banderines y fotos de figuras del ajedrez en las paredes.
De chomba blanca ajustada, zapatillas y con el pelo cortado al ras sobre las orejas, uno de los participantes es el estadounidense Peter Thiel, 58 años, magnate de la tecnología, ex socio de Elon Musk, con una fortuna calculada en 29.000 millones de dólares. En abril de este año la revista Forbes lo ubicó en el puesto 84° en el ranking mundial de personas más acaudaladas.
Antes de jugar, Thiel, que conoce unas palabras en español, pregunta cuánto cuesta la inscripción:
–$3.000-, le responden. Se puede pagar en efectivo, tarjeta de débito o con Mercado Pago.
Thiel saca dos billetes de $2.000 y, como corresponde, cuentas claras conservan la amistad, agradece los $1000 de vuelto.
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Peter Thiel, tercero en un torneo de ajedrez en el Abasto
Barrio Parque y primera tarde en Torre Blanca
Acompañado por su esposo, Matt Danzeisen, ex vicepresidente del fondo de inversión BlackRock, y sus dos hijas, de 7 y 5 años, nacidas por gestación subrogada, Thiel llegó a la Argentina con la idea de permanecer durante un tiempo. A mediados de abril viajó en un avión privado modelo Bombardier Global 7500, que vale unos 80 millones de dólares y cuyo costo operativo es de casi 10 mil dólares la hora.
El domingo 19 de abril, Thiel vio el Superclásico que Boca le ganó 1-0 a River en el estadio Monumental.
También se ocupó de inversiones inmobiliarias: en Barrio Parque, sobre la calle Dardo Rocha al 2.900, frente a la casa de Susana Giménez, compró una mansión de 1.600 m2 por la que pagó 12 millones de dólares.
Luego se hizo una escapada a Bariloche. Y viajó a Maldonado, Uruguay, donde adquirió terrenos en el exclusivo complejo Fasano Las Piedras. Su plan es construir una residencia de unos diez millones de dólares.

El torneo en el Círculo de Ajedrez Torre Blanca, fundado en 1972 y cuyo principal organizador es Leandro Plotinsky, lo ganó Daniel Aguilar; segundo se ubicó Rafael Jabie y tercero quedó Peter Thiel, que había arrancado como favorito por su puntaje Elo de 2.199 puntos otorgados por la Federación Internacional de Ajedrez.
"Estuvo en el club con un acompañante de muy buena contextura física, que llegó primero y observó cómo era el lugar", cuenta Jabie, 63 años, psicólogo, maestro y árbitro de ajedrez que da clases en la Barbería Barnes, en Caballito.
-¿Alguien lo reconoció?
-Diría que muy pocos… Leandro González, uno de mis alumnos, me dijo: "¿sabés quién está ahí? ¡Peter Thiel, multimillonario, una de las personas más importantes de los Estados Unidos, socio de Elon Musk!".
Thiel también visitó al presidente Javier Milei en la Casa Rosada (elogió su gestión) y tuvo charlas con figuras del Gobierno como Santiago Caputo.
Además, conversó con empresarios como Marcos Galperín, presidente de Mercado Libre, y hasta recibió en su casa a Juan Grabois, diputado de Fuerza Patria.
En todos los casos, el inversor, que inscribió a sus hijas en un colegio, "quiso conocer cómo es en la práctica el primer experimento de un gobierno libertario".
Siempre según sus allegados, "el fenómeno Milei y la situación argentina pueden presentarse como un posible refugio para Thiel en caso de un clima internacional inestable".
En Torre Blanca, aunque era el único extranjero, fue uno más de los 36 jugadores que participaron en el torneo, que incluyó chicos, contadores, actores, traductores y profesores de ajedrez. "Incluso se sumó al festejo cuando le cantamos el feliz cumpleaños a mi amigo Misael, uno de los maestros de Torre Blanca", detalla Jabie.
-No, no comió nada. Y eso que el club ofrece muy buenas empanadas, sándwiches de milanesa y pebetes de jamón y queso.
-¿Cómo llegó a la sede de Almagro?
-Para los que jugamos al ajedrez es un club muy conocido. Algo similar pasa con el Círculo de Ajedrez de Villa Martelli y el Club Argentino de Ajedrez, donde en 1971 estuvo Bobby Fischer (estadounidense, campeón del mundo) y donde solía jugar Miguel Najdorf, argentino de origen polaco que alcanzó el título de Gran Maestro Internacional. Thiel pudo haber visto el anuncio del torneo de Torre Blanca en la página Chess Results, que siempre está actualizada.
Entre los negocios y el tablero
Thiel nació en Frankfurt, Alemania, el 11 de octubre de 1967, pero cuando tenía un año su familia viajó a los Estados Unidos. Luego siguieron rumbo a Sudáfrica, donde su padre, Klaus, trabajó como ingeniero químico en la mina de Rössing.
En 1977 la familia regresó a California, donde Peter completaría sus estudios secundarios, y a los 25 años se recibiría de abogado en la Universidad de Stanford, en la que fundó un periódico libertario: The Stanford Review.
Al poco tiempo armó su primera start up, Confinity, una aplicación de pagos, y en 2000 se asoció con Elon Musk, ex estudiante de Stanford que también se había criado en la parte blanca del apartheid, y juntos crearon la plataforma PayPal.
Su gusto por el ajedrez empezó a los seis años y fue una de las figuras de los Estados Unidos en la categoría Sub 21. Su táctica preferida es la "defensa siciliana". ¿En qué consiste? Lo explica Pablo Zarnicki, 53 años, campeón mundial de ajedrez que se inició a los 8 en Torre Blanca ("en la anterior sede de Díaz Vélez y Medrano") y hoy se dedica a la psicología: su especialidad es la ludopatía.
"La defensa siciliana se da cuando las blancas abren moviendo dos casilleros el peón que está adelante del rey", describe Zarnicki. "Ahí, las negras mueven dos casilleros el peón que está adelante del alfil, que a su vez está a la derecha de la reina. Se dice que es una defensa agresiva, de lucha, que en el largo plazo dará una ventaja posicional. La usan los ajedrecistas fuertes. Y Thiel parece ser un jugador de estas características".
Otro de los movimientos preferidos del magnate es el gambito de dama, "una de las aperturas clásicas del ajedrez", explica Zarnicki, que consiste en sacrificar un peón lateral para lograr un fuerte control central y tomar la iniciativa en el juego.
En Torre Blanca, con un máximo de ocho minutos y tres segundos para cada jugador por partido, Thiel disputó siete rondas. Sumó cinco puntos (cinco triunfos y dos derrotas). Superó a Julia Mocca (menor), Tomás Maidana (categoría 2000), Julián Doregger (1994), Francisco González D’amico (2002) y Pablo Mocca (1981). Y cayó frente a David Kimura (2007) y Daniel Aguilar (1977).
El torneo se disputó con el sistema suizo. Se armaron dos zonas de 18 ajedrecistas en base a los rankings Elo. Luego se fueron cruzando: el primero de una zona contra el primero de la otra, y después, para no generar diferencias grandes, se siguieron enfrentando los jugadores con la misma cantidad de partidas ganadas.
Los cruces se anunciaban en un televisor. Thiel se quedó hasta la premiación, a las nueve de la noche, cuando le entregaron la medalla por el tercer puesto. Con tiras celestes y blancas para colgarla sobre el pecho, la pieza era de un metal común, con el número del puesto tallado.
"Fue rotando el color de las piezas: un partido con blancas, otro con negras…", detalla Jabie.
-En redes sociales se dijo que para quedar bien, se dejó ganar…
-A ver si nos entendemos… Torre Blanca es un semillero en el que te enseñan a ganar, siempre. Los chicos están muy bien entrenados y juegan a cara de perro. En ese mismo torneo yo me enfrenté con Faustino Oro, cuando él tenía ocho años y medio. ¡No sabés cómo jugaba! Hice tablas… Después, con apenas 12 años, a Faustino le dieron el título de Gran Maestro.
Kasparov y nuevas visitas a Almagro
En una conferencia en la Universidad de Stanford, Thiel aseguró que para ser exitoso en sus empresas tomó algunos conceptos del ajedrez.
-Que las piezas tienen un valor relativo: se sabe que la reina es la pieza más poderosa. Pero sola no puede ganar. En las empresas es parecido. Un ingeniero con años de trayectoria puede ser más importante que un principiante, pero el principiante también cumple funciones necesarias. Por eso, dice, hay que saber gestionar el talento "de manera transversal".
-Que las piezas funcionan mejor si marchan juntas: las personas que trabajan en una compañía pueden ser "atletas o nerds". Una empresa que sólo contrata atletas va a estar muy enfocada en competir, y la que sólo recurre a nerds priorizará el análisis o la creación. Lo más aconsejable es comprender las características de cada pieza y buscar un balance.
-Que es clave conocer las fases del juego y siempre tener un plan: en el ajedrez hay tres momentos decisivos, la apertura, el desarrollo y el remate. Para Thiel, un primer movimiento "brillante" puede desembocar en una situación de "fatiga". Lo más importante es que esa jugada inicial pueda ser "sostenible en el tiempo".
En 2010, el millonario se encontró en el canal de televisión francoalemán Arte con Garry Kasparov, campeón mundial ruso que obtuvo la nacionalidad croata en 2014. El disparador de la charla fue la famosa partida de ajedrez que en 1997 Kasparov perdió contra Deep Blue, una computadora.
En ese intercambio, Kasparov dijo que durante siglos el ajedrez había funcionado como la prueba máxima de inteligencia, y que las computadoras terminaron triunfando debido a una capacidad de cálculo superior.
Thiel planteó que el inconveniente no era que las máquinas avanzaran demasiado rápido, sino que la humanidad avanzara demasiado lento. Según él, después de la aparición de las armas nucleares, Occidente se obsesionó con la prevención del riesgo y generó organismos regulatorios que impiden la innovación. Por eso, para evitar un estancamiento propone una postura "aceleracionista", con inteligencia artificial y exploración espacial, entre otras variantes.
-"Preferimos mantener el bajo perfil", responden desde Torre Blanca a la propuesta de conocer el club para reconstruir la visita de Thiel.
"Lo que pasa -dice alguien que va seguido a Sánchez de Bustamante 587- es que, en general, los ajedrecistas de Torre Blanca no sólo no coinciden ideológicamente con Thiel, sino que están en la vereda de enfrente".
-Pero como es un torneo abierto no pueden impedirle que juegue.
-Claro. Eso sí, cuando le dieron su medalla en la premiación hubo un par de socios que le cantaron "no se vende/ la patria no se vende…".
Hay un video de ese momento. Lo que le cantan a Thiel es casi inaudible y el inversor no llega a darse cuenta.
El viernes 29 de mayo Thiel volvió al club. Esta vez, con 53 participantes, el torneo se disputó a nueve rondas y con tres minutos y dos segundos por jugador para cada partido.
El visitante figuró décimo en el ranking inicial, perdió con Manuel Sanz (2006), le ganó a Fabricio Giacomino (2006), empató con Eros Zelaya (2007) y volvió a caer, esta vez, con Dante Wardak (2002). En cuatro partidos sacó 1,5 puntos (por empatar se suma medio punto), se enojó con su flojo rendimiento y abandonó. El ganador del torneo fue Franco Villegas, de 28 años, maestro internacional.
El fin de semana siguiente fue en busca de revancha. Y mejoró su performance. Primero en el ranking en la lista de 38 jugadores, volvió a jugar siete partidos, sumó cinco puntos (cinco triunfos y dos derrotas) y se ubicó quinto en la tabla general. El vencedor fue Misael Álvarez Planxart.
Thiel derrotó a Agustín Carpio (1999), Gabriel Ramos (1990), Daniel Aguilar (1977), Carlos Axarlian (1980) y Federico Bruno (menor) y perdió con Pablo Mocca (1981) y Misael Álvarez Planxart (1991).
¿Qué busca el multimillonario estadounidense en un club de barrio, familiar y enfocado en la escuelita de ajedrez para chicos?
"Me parece que tiene que ver con algo simple", opina Leandro González, 26 años, ajedrecista y estudiante de ingeniería industrial en la UTN, que fue séptimo en el torneo el sábado 16 de mayo.
"Al ajedrecista le gusta jugar, competir, mostrar su evolución", avanza. "Hay una aplicación que calcula el tiempo que le dedicaste a este juego en un período determinado. Yo sumo un mes entero en los últimos cinco años. Peter Thiel puede sumar ese tiempo o mucho más. Se nota que le encanta este deporte".
"Si vos sos cantante, te gusta cantarle a otra persona, aunque sea a tu esposa o a un amigo", se suma Jabie, convencido. "Y al ajedrecista le pasa lo mismo, le gusta desplegar su talento sobre el tablero".
-Thiel podría armar un club de ajedrez en su propia casa.
-Sí, claro. Pero no sería lo mismo.