La mayor plataforma cripto del planeta afronta el cierre efectivo de su actividad en la Unión Europea el próximo martes tras un choque legal de dimensiones desconocidas. Para abogados y ejecutivos de la industria de activos digitales, Binance es el Titanic: 300 millones de usuarios, una inabarcable gama de servicios y una influencia creciente. Pero también es un nombre asociado a numerosos escándalos. Y ante la incredulidad del sector, está a punto de perder uno de sus mercados más importantes. Tiene hasta el próximo martes para obtener la licencia MiCA, necesaria para operar en la región a partir de julio, pero esta semana ha decidido cancelar los trámites iniciados en Grecia ante el rechazo del supervisor. Buscará la aprobación en otro país europeo, sin aclarar dónde, dejando al menos medio millón de cuentas activas en España en el limbo, según fuentes conocedoras: los usuarios deberán mover sus fondos a otro exchange regulado, a la espera de que logre la autorización en otro lugar. Desde la empresa señalan a este periódico que ese número no es correcto, aunque no proporcionan cifras ni sobre sus usuarios en España ni en Europa.
Desde el 1 de julio la plataforma deberá “limitar la prestación de servicios a las acciones necesarias para vender o transferir criptos, reasignar activos o cerrar posiciones. La custodia de los criptoactivos de los clientes solo puede continuar durante el periodo estrictamente necesario para completar una salida ordenada”, ha detallado el supervisor del mercado europeo, la ESMA. Así, la empresa ha comunicado que a partir de esta fecha se suspenderán la compraventa, servicios de préstamos y recompensas, aunque da un margen de 48 horas a los usuarios que tengan operaciones abiertas. Después de ese tiempo, se cancelarán automáticamente, avisa.
Su actividad se verá interrumpida, pero Binance no se rinde y pretende agotar todas las opciones en sus manos antes de tirar la toalla. “Nuestras ambiciones en la región no cambian y confiamos en obtener MiCA en los próximos meses. Estamos seguros de nuestro futuro en Europa”, aseguró la compañía en su último comunicado.
No obstante, la posibilidad de que otro Estado de la UE le abra las puertas parece poco probable, al menos por ahora, dado el historial de rechazos de varios vigilantes del mercado. Fuentes conocedoras de esos procesos señalan a este periódico que, antes de presentar la solicitud en Grecia, la empresa ya se había acercado a otros supervisores en Malta, Suecia, Francia, Alemania y España. “Estaban seguros de que algún país acabaría cediendo”, indican fuentes cercanas al proceso. Desde Binance afirman que empezaron a hablar con los reguladores hace 18 meses y afirman que han mantenido conversaciones con otro reguladores sin la finalidad de obtener la licencia.
Si Binance es el Titanic, las autoridades europeas se han convertido en un inesperado iceberg. La empresa se ha topado con un muro de hormigón que no esperaba, y esta resistencia de los reguladores no es baladí. En el primer año y medio de MiCA se han visto diferencias de criterio entre supervisores a la hora de otorgar las licencias: la ESMA cuestionó el año pasado la falta de rigor en el proceso de concesión de una licencia por parte de Malta, un país crypto friendly que se convirtió en la puerta de entrada para muchas empresas al mercado europeo. Pero ahora la ESMA está coordinando la labor de los vigilantes, especialmente en el caso de actores significativos como Binance, para evitar discrepancias.
Además, fuentes conocedoras explican a este periódico que hay varios lastres en el proceso de autorización: el espinoso currículum de la empresa, las investigaciones en curso relacionadas con el blanqueo de capitales, la influencia de su fundador y exdirector general, Changpeng Zhao, y la complejidad tanto de su estructura societaria como de los servicios que ofrece. En poco menos de 10 años de historia, Binance se ha convertido en el JP Morgan del mundo cripto: nació en 2017 sin una sede ni una dirección central, pero pronto empezó a ganar peso en un mercado que se parecía más al salvaje Oeste, sin regulación ni fronteras.
Así acaparó cuota de mercado y comenzó a ofrecer servicios de todo tipo: compraventa de activos digitales, recompensas con criptos, préstamos, tokens propios, minería cripto, servicios de pago, incluso inversión para niños. Y, tras las elecciones de EE UU, sus tentáculos llegaron hasta el Despacho Oval, para hacer negocios con el imperio empresarial de Donald Trump. El gigante inversor MGX de Abu Dabi invirtió unos 2.000 millones en Binance con la stablecoin emitida por la plataforma cripto de la familia presidencial, World Liberty Financial.
Pero su creciente poder atrajo la atención de los supervisores. En su breve historia, la empresa ha tenido múltiples enfrentamientos con los reguladores. El año pasado Francia intensificó una investigación por blanqueo de capitales contra Binance, acusada de haber gestionado fondos procedentes de fraude fiscal o tráfico de drogas. Pero el caso que más la marcó fue en 2023, cuando la justicia estadounidense reveló que cuentas vinculadas a entidades relacionadas con grupos terroristas, como Hamás, el Estado Islámico y Al Qaeda utilizaron la plataforma y procesaron 1,5 millones de transacciones, por un valor aproximado de 898 millones de dólares, sin que Binance advirtiera a las autoridades. Tampoco impidió operaciones entre usuarios estadounidenses y otros situados en jurisdicciones sancionadas.
La plataforma aceptó pagar una multa récord de 4.368 millones de dólares (unos 4.000 millones de euros en aquel entonces) por violar las leyes contra el blanqueo de dinero y las sanciones internacionales. Changpeng Zhao fue condenado un año después a cuatro meses de cárcel por blanqueo de dinero en su plataforma: el exchange dejó entonces de operar en EE UU y CZ, como se le conoce en el sector, renunció como director ejecutivo de Binance, aunque sigue siendo su accionista mayoritario.
Dados sus antecedentes penales, es probable que su peso en la empresa no cumpla con los requisitos de governance previstos por la regulación, señala una fuente conocedora. El artículo 68 de MiCA establece que los accionistas y los socios que posean participaciones cualificadas no deben haber sido condenados por delitos relacionados con blanqueo de capitales o financiación del terrorismo, ni por otros delitos que puedan afectar a su honorabilidad. “O bien modificaba la estructura societaria, o habría sido imposible obtener MiCA”, señalan fuentes conocedoras.
Las investigaciones sobre lavado de dinero y la compleja estructura empresarial de Binance también hacen que los reguladores sigan desconfiando. Una fuente conocedora explica que, por la variedad de servicios complejos que ofrece, los reguladores necesitan mucho tiempo para analizar los flujos de dinero, los requisitos de transparencia y salvaguarda de fondos. Solicitar una licencia para una empresa de este tipo con tan solo seis meses de antelación es una “imprudencia”, incide la misma fuente: “No existían los tiempos técnicos para autorizarla”. La firma intentó pasar página y dejar atrás su pasado con el nombramiento del nuevo CEO, Richard Teng, en 2024, que encabeza ahora la empresa con Yi He, pareja de CZ. En varias ocasiones la empresa señaló que ha incorporado más de 1.500 trabajadores en el área de cumplimiento e invertido unos 300 millones al año en compliance. No obstante, la férrea resistencia de los supervisores demuestra que todavía está lejos de conseguir plena confianza.
La normativa, diseñada para proteger al inversor, establece que Binance debe facilitar el traslado de las cuentas de sus clientes a plataformas registradas en Europa, y no establece plazos para congelar de forma definitiva la actividad. En sus comunicaciones, recomienda a sus clientes mover sus fondos a una billetera digital o moverlos a otra plataforma. No obstate, es posible que algunos usuarios decidan operar con otras divisiones de Binance, como la estadounidense o la localizada en Emiratos Árabes, aunque en ese caso sus inversiones dejan de contar con supervisión, volviendo al salvaje Oeste de otros tiempos. Porque, legalmente, dentro de una semana Binance dejará de tener permiso para captar ahorro del público y, si lo hace, podrá ser sancionada por unos supervisores en estado de alerta. La mayor empresa cripto del mundo, cuyo token (BNB) está valorado en 76.000 millones y patrocinadora de equipos de fútbol como la Lazio o el Oporto será, en Europa, lo que fuentes del mercado definen como “un chiringuito financiero gigantesco”.
