domingo, junio 28, 2026

Música, tradición y devoción en La Rama en honor a San Pedro

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David Rodríguez Medina

«¡Mira Lucía! Esa es tu madre subida a mis hombros», le cuenta Anselmo Martín a su bisnieta mientras le señala una de las imágenes que hay expuestas en el cartel ubicado justo en el camino de los Romeros, por encima de la Bodega Los Berrazales. Dicha instantánea tiene algo más de 26 años y es un buen resumen de lo que significa La Rama del Valle de Agaete para los vecinos del pago de la villa marinera: tradición, música y devoción. Una pasión que trasciende generaciones y que a cada año que pasa refuerza ese sentimiento de pertenencia y unión.

Miles de personas volvieron este domingo, como sucede cada 28 de junio, víspera del Día de San Pedro, a llevar en volandas a los romeros en su recorrido hasta la iglesia del barrio, con el objetivo de cumplir promesas y realizar nuevos ruegos de cara al futuro al patrón del Valle de Agaete.

Alberto Cruz, al igual que Anselmo y su familia, también encarna a la perfección este sentimiento. «Desde que escuchamos los primeros toques de bucios el día 27 de junio a las seis de la mañana ya se te ponen las mariposas en el estómago», cuenta una vez llegado a la Era del Molino junto a su pareja Lorena Estévez con los ramos cargados al hombro traídos desde Tamadaba. Para él, que lleva desde los 8 años manteniendo la costumbre, y tiene 36, este es el momento más especial del año. Lorena, en cambio, no procede del valle, aunque ya lleva siete ediciones subiendo la noche anterior hasta la cumbre en busca de las ramas.

Tampoco podía faltar el pregonero de las fiestas de San Pedro 2026, Juan Gabriel Cruz, conocido como «Juangri». El profesor de Diseño Gráfico subió hasta la zona de La Laguna el sábado a media noche, tras la tradicional despedida a los romeros, y reapareció por la mañana en la Era del Molino tras dos horas de camino, con ramas de mimosas y eucalipto a cuesta, y llevando puesta con orgullo la camiseta de la UD Las Palmas de la temporada 2009-2010. «Para mí, esta es La Rama de verdad. Significa familia, comunidad, tradición y reencontrarse con gente que no vemos durante todo el año», comentó Juan Gabriel.

Al ritmo de tambores, platillos y trompetas, la Banda La Clandestina comenzó a entonar en la Era del Molino, justo a las 10.30 horas y tras el estruendo del volador anunciador, la tradicional canción de La Rama. Eso sucedió cuando ya todos los romeros se habían comido su bocadillo y bebido el caldo típico para encarar el resto de la fiesta con fuerza. Tras un buen rato después, comenzó el pronunciado descenso para llevar las ofrendas hasta la ermita de San Pedro.

Un poco por encima del CEIP Ana Betancor Estupiñán esperaban aquellos que decidieron acudir a la fiesta de La Rama del Valle de Agaete a media mañana. También esperaba la Banda de Agaete para dar relevo a la Banda La Clandestina y los míticos papagüevos, protagonistas en cada edición de la festividad. Fue ahí cuando se formó un multitudinario grupo de personas que bailaban con las manos en la cabeza al ritmo propuesto por el grupo musical y donde, desde una perspectiva externa, las ramas sobresalían dibujando una preciosa estampa que provocó impresión en aquellos que acudían a esta cita por primera vez.

Justo en ese punto se encontraba Ismael González, un joven de 14 años que vive en Santa María de Guía, pero con su corazón entregado a Agaete, y en particular al Valle de Agaete. Durante un rato fue el encargado de llevar el papagüevo de Megui. «Representa a una turista americana que vivió en Agaete en los años 60 y saludaba a los vecinos de una manera peculiar», explica. Ismael se declara un fanático de La Rama del Valle de Agaete. No se pierde una desde que tenía nueve años.

A primera hora de la tarde llegaron la mayoría de feligreses para entregar sus ofrendas a San Pedro, no sin antes tomar el testigo la Banda Guayedra.

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