Internacional
Joe Biden en el Despacho Oval el día 20 de enero del 2021, día en el que tomó posesión del cargo de presidente de Estados Unidos.
Javier de la Sotilla
Washington
El próximo 5 de noviembre tendrá lugar en Estados Unidos el proceso electoral más seguido en el mundo. Serán los primeros comicios presidenciales desde que, el 6 de enero del 2021, una turba de seguidores de Donald Trump asaltó el Capitolio para tratar de evitar la elección de Joe Biden. Ese evento, inspirado por la teoría sin pruebas de que se había producido un fraude electoral, hizo tambalear la democracia de la primera economía del mundo, que aún se resiente de sus heridas.
Los caucus de Iowa del próximo lunes darán comienzo a una carrera electoral de fondo y con dos etapas: un proceso de primarias para elegir al candidato de cada partido y una campaña presidencial, el sprint final, plagada de mítines, debates y encuestas, previa a las elecciones de noviembre. Ese día, los ciudadanos estadounidenses también están llamados a votar en unas elecciones legislativas que renovarán la Cámara de Representantes y un tercio del Senado (33 senadores). El Congreso deberá certificar la victoria del ganador en las presidenciales, que tomará posesión el 20 de enero, en el Capitolio de EE.UU., en Washington.
El proceso para nominar al candidato de cada partido comienza con la celebración de caucus y primarias, cuyas reglas varían en función de cada partido y estado. El objetivo es elegir a los delegados, o representantes, que se enviarán a la convención nacional de cada partido, donde se decidirá al nominado de cada partido. Es decir, se trata de una elección indirecta, puesto que los ciudadanos no eligen directamente al aspirante a la Casa Blanca.
Los caucus, como los que celebrarán este lunes en Iowa, son un conjunto de asambleas ciudadanas en las que los ciudadanos de cada condado o distrito se reúnen a una hora determinada (normalmente, al final de la tarde), debaten y se dividen en grupos para votar a un candidato. En las primarias, en cambio, los votantes acuden a las urnas a lo largo del día y depositan su voto.
Cada estado tiene un número asignado de delegados para cada partido en función de su población. La forma en que se distribuyen estos delegados depende de las reglas de cada estado y partido. Por ejemplo, los republicanos en Iowa repartirán sus 40 delegados de manera proporcional para cada candidato, mientras que quien gane en California se llevará la totalidad de los 169 asignados para dicho estado. El Partido Demócrata, en cambio, designa delegados de manera proporcional en casi todos los estados, siempre que el candidato llegue al 15% de los votos.
Después de que cada uno de los 50 estados, el Distrito de Columbia y los territorios de EE.UU. hayan celebrado sus procesos de primarias, los delegados se envían a la convención nacional. Estos representantes suelen ser activistas del partido y líderes políticos locales, que votarán al nominado de su partido. Pero también hay «superdelegados», que no provienen del proceso de primarias, sino que son asignados automáticamente por la estructura del partido. Estos últimos conforman alrededor del 15% de delegados del Partido Demócrata y el 7% del Republicano.
El Partido Republicano celebrará su convención en julio en Milwaukee (Wisconsin), donde el total de 2.429 delegados elegirá a su aspirante a la Casa Blanca, que necesitará 1.215 votos para ganar la nominación. En el caso del Partido Demócrata, se celebrará el próximo mes de agosto en Chicago (Illinois) y el vencedor tendrá que ganar el apoyo de al menos 1.966 de los 3.932 delegados del partido. Los candidatos suelen anunciar al que será su vicepresidente pocos días antes o después de las convenciones nacionales.
Si ningún candidato obtiene la mayoría en la primera ronda de votación, se considera una «convención abierta», y se realizarán nuevas rondas hasta que haya un nominado. Aquí es donde entran en juego los superdelegados en el caso del Partido Demócrata, que podrán elegir libremente a su candidato favorito y decantar la balanza. En cambio, en el Partido Republicano, los superdelegados están obligados a votar al candidato que ha ganado en su estado y también votan en la primera ronda.
Después de que cada partido haya elegido a su aspirante a la Casa Blanca, comienza la recta final. Durante el otoño, los candidatos se recorrerán los distintos estados para tratar de convencer a sus votantes. Especialmente, se centrarán en los llamados swing states, o estados clave, que cuentan con un dominio menos claro de cada partido, por lo que los nominados buscarán convencer a los indecisos para decantar la mayoría en su favor. En estas elecciones, los estados considerados bisagra son Georgia, Pensilvania, Míchigan, Nevada y Arizona.
Además, entre los meses de septiembre y octubre, los candidatos de cada partido se enfrentarán a tres debates cara a cara y habrá otro entre los posibles vicepresidentes. Organizados por la Comisión de Debates Presidenciales desde el 1988, serán una prueba de fuego para los aspirantes a la ocupar el Despacho Oval.
Los cara a cara entre los candidatos se celebrarán el 16 de septiembre en San Marcos (Texas), el 1 de octubre en Petesburg (Virginia) y el 9 de octubre en Salt Lake City (Utah), mientras que el debate de vicepresidentes será el 25 de septiembre en Easton (Pensilvania).
Cada cuatro años, el martes después del primer lunes de noviembre, los ciudadanos estadounidenses registrados para votar están llamados a participar en los comicios en los cincuenta estados del país y el Distrito de Columbia. Aunque las normas electorales varían en función de cada estado, todos ellos votarán el 5 de noviembre al presidente del país y renovarán la totalidad de la Cámara Baja y un tercio del Senado (33 senadores).
Sin embargo, al igual que en las primarias, la elección del presidente es indirecta: los resultados de las elecciones decidirán la composición de 538 miembros del Colegio Electoral, que semanas después votarán al mandatario. Estos miembros están repartidos proporcionalmente en función de la población de cada estado. El candidato que obtenga más votos en un estado, se llevará a todos los electores en disputa, con la excepción de Maine y Nebraska, donde se asignan de manera proporcional.
El candidato que reciba al menos 270 votos del Colegio Electoral, ganará las elecciones. Luego, quedará un último paso antes de la toma de posesión: el Congreso deberá certificar su votación. Este paso acostumbra a ser un trámite, pero cobró importancia tras las últimas elecciones, cuando el 6 de enero del 2021 los seguidores de Trump atacaron el Capitolio (sede del Congreso) con el objetivo de paralizar el procedimiento.
Desde el año 1937, la investidura del nuevo presidente tiene lugar al mediodía del 20 de enero, que se considera oficialmente el primer día de su mandato. El llamado Inauguration Day comienza con una ceremonia pública en el Congreso, donde el presidente electo toma posesión, y termina en la Casa Blanca, sede del poder ejecutivo.
La Constitución de EE.UU. establece como único requisito de la ceremonia la recitación del juramento presidencial, que por tradición ha sido administrado casi siempre por el presidente del Tribunal Supremo. El evento, que reúne en el Capitolio a los tres poderes federales ­­­–incluido el presidente saliente– suele ser organizado por los dos partidos políticos, como una representación del traspaso pacífico del poder. Sin embargo, en 2021, Trump se saltó la tradición y no acudió a la ceremonia, por primera vez en la historia.
Retransmitido por internet y en los principales canales de televisión estadounidenses, al final de la ceremonia el nuevo presidente dará su discurso inaugural. Luego se dirigirá en un pomposo desfile hacia la Casa Blanca, por la Avenida Pensilvania, que une a los edificios del poder legislativo y ejecutivo.
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