Internacional
Los partidarios de Hou Yu-ih, candidato a la presidencia de Taiwán, ondean banderas taiwanesas en un evento de campaña en la ciudad de New Taipei, Taiwán, el 3 de enero de 2024.
The Economist
Alice Ou no se muerde la lengua a la hora de criticar a las autoridades educativas de Taiwán. Las ha acusado de convertir a los jóvenes en «enanos morales e idiotas históricos». Afirma que las acciones del gobierno equivalen a una «autocastración». Ou, profesora de literatura china en la prestigiosa Primera Escuela Secundaria Femenina de Taipéi, está enojada porque el Estado ha reducido el número de textos clásicos chinos recomendados en el plan de estudios de secundaria. Cree que se trata de un intento de «desinizar» a los alumnos.
La opinión de Ou, expresada por primera vez en una conferencia de prensa a principios de diciembre, se ha hecho viral. No ha tardado en convertirse en parte de un relato promovido por el gobierno chino y los partidos opositores en Taiwán. Ambos acusan al gobernante Partido Democrático Progresista (PDP) de Taiwán, que adopta una postura desafiante con respecto a China, de intentar erradicar la cultura china. El mensaje llega cuando Taiwán se prepara para celebrar elecciones presidenciales el 13 de enero. El resultado de esos comicios podría suponer un gran cambio en la postura de Taiwán con respecto a China, que considera la isla como parte de su territorio.
En China y a lo largo de las dos semanas posteriores al momento en que Ou se convirtió en centro de atención, los medios de comunicación afiliados al Estado y las redes sociales publicaron más de 200 artículos sobre sus comentarios, según el Centro de Investigación del Entorno Informativo de Taiwán. «Escuchad el grito de dolor y rabia del sector educativo de Taiwán», publicó en un ilustrativo artículo Xinhua, la agencia estatal china de noticias. Ma Ying-jeou, antiguo presidente taiwanés y veterano estadista del partido opositor Kuomintang (KMT), ha elogiado el «valor moral» de Ou.
Sin embargo, la indignación es falaz, y además llega un poco tarde. Las directrices del plan de estudios de secundaria que son objeto de cuestionamiento se introdujeron en 2019. No restringían la enseñanza del chino clásico, pero sí reducían el contenido obligatorio de los libros de texto de lengua china. Una lista de lecturas sugeridas sobre la materia se redujo a la mitad y se diversificó con la inclusión de mujeres y de escritores taiwaneses. Según Lan Wei-ying, experto en educación, la medida formaba parte de una reforma más amplia iniciada en la década de 1990 y que pretendía ofrecer a los profesores y a las escuelas una mayor libertad a la hora de diseñar sus programas de estudios. Muchos profesores afirman que los cambios han aumentado su carga de trabajo, aunque apoyan ampliamente las directrices. Pocos hablan de desinización.
Ou se mantiene firme en sus críticas. «La cultura taiwanesa es cultura china», afirma, al tiempo que señala que Taiwán ha conservado en su «forma más pura» un patrimonio compartido que en el continente fue destruido durante la Revolución Cultural. Acusa al PDP de minar la confianza de los jóvenes en su cultura: “Acabarán pensando que todo lo nuestro es atrasado y que nuestros valores deben proceder de Occidente». En eso concuerda con el «Pensamiento sobre la Cultura» de Xi Jinping, la última entrega de la filosofía del líder chino, que pregona la «autoconfianza cultural» y pretende disminuir las influencias occidentales.
Ou admite que se pronuncia ahora debido la proximidad electoral con la esperanza de atraer más atención hacia su causa. No le importa que el Partido Comunista de China o los candidatos de la oposición taiwanesa aprovechen sus críticas, siempre que el resultado sea la introducción de cambios en el plan de estudios. Desestima las preguntas sobre los esfuerzos propagandísticos de China o la posibilidad de que la democracia de Taiwán se vea amenazada. Los sistemas políticos van y vienen con las mareas de la historia, afirma, y los laobaixing, las personas corrientes, no tienen control sobre ello. «A lo que podemos aferrarnos es a nuestra cultura. En cuanto a los sistemas políticos, van con la corriente».
Tales opiniones no son poco comunes entre los votantes conservadores de más edad que se criaron durante el gobierno autoritario del KMT, entre 1949 y 1987. El partido, que perdió la guerra civil china, siguió inculcando un sentimiento de identidad china en los residentes de la isla. Sin embargo, ese sentir ya lleva años menguando. En la actualidad, menos del 3% de los taiwaneses se identifica únicamente como chinos, mientras que alrededor del 30% se identifica como chinos y como taiwaneses. Más del 60% dice que sólo son taiwaneses. Así que es probable que los mensajes en torno a Ou tengan un impacto limitado en las elecciones. Como mucho, pueden ayudar a apuntalar la base nacionalista del KMT.
Quizás China esté pensando más allá de las elecciones. Aunque Xi afirma que su objetivo es la unificación pacífica, la propaganda del Partido Comunista parece la justificación de una posible invasión. Presenta al PDP como un grupo separatista radical que está imponiendo en Taiwán una agenda antichina en contra de los deseos de su pueblo. Si China interviene, quiere ser vista como libertadora, no como invasora. Y, si puede utilizar voces taiwanesas para ofrecer esa imagen, tanto mejor.
© 2023 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. Traducción: Juan Gabriel López Guix
© La Vanguardia Ediciones, SLU Todos los derechos reservados.

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