Los partidos hay que saber cerrarlos. Y son como acaban, no como empiezan. Los Timberwolves tuvieron una lección para aprender en este tercer choque de la eliminatoria contra los Grizzlies y lo que hicieron fue subestimar el poder del rival, tirar esa advertencia a la papelera y hacer un ridículo espantoso ante un público, el suyo, que pasó de la risa al llanto después de lo ocurrido en el tramo decisivo de la jornada. Los locales desaprovecharon una renta de 25 puntos a falta de tres minutos para acabar el tercer periodo y los visitantes se tiraron encima de ellos fuertemente para ganarles en una remontada sin concesiones, algo que había pasado en la primera parte y de lo que en Minnesota no tomaron la debida nota.

95-104 y derrota catastrófica, más por el desarrollo que por el punto en esa casilla en sí. La sensación es de descontrol en unos Wolves que fueron los que empezaron la serie por delante y robando un factor-cancha que ahora, con este 2-1, se les va de las manos.

Lo estaba comentando LeBron James en Twitter en el transcurso del encuentro: cuando llega este momento de la temporada importa mucho cómo acabes cada cuarto, esa tendencia repercute mucho en cómo se inicia el siguiente. Parece que algo sabe el hombre. En el segundo cuarto los Grizzlies se recuperaron de una diferencia que rondaba los veinte y se colocaron en el cogote de los Timberwolves. La historia se repitió en la manga que decidió el partido pero con mucha más virulencia, dejando a los de Finch en unos raquíticos 12 puntos en esos mismos minutos, y la sensación con la que este enfrentamiento se va al siguiente asalto, también en Minny, es antagónica a la que se preveía viendo el primer y tercer acto.

Estaba la noche vista para sentencia demasiado pronto. Como en el primer encuentro, los Wolves lograron un primer periodo de anotación alta. Les salía todo en los dos lados. Por ejemplo, Edwards (19) se quedaba sin bote en el aire y le salía un pase de espaldas a Russell (22) para que éste metiera un triple sobre la bocina. Ese tipo de jugadas, de las que estar de dulce. Vanderbilt lideraba la lucha y Beverley actuaba con inteligencia. Los papeles estaban repartidos y los actores lo bordaban. Pero los Grizzlies también jugaban. Los minutos de Tyus Jones (11) descolocaron otra vez a los de Minnesota y fue Desmond Bane (26) el que destapó la caja de los truenos. En el segundo cuarto los locales se quedaron en 12 puntos, como les pasaría también en el cuarto periodo.

Jones y Bane sembraron y Morant (26+10+10) recogió a partir del final del tercer acto. Los Timberwolves habían vuelto a pisar el acelerador y más incluso que al principio del encuentro. Esa rabia con la que juegan contagia a la grada. La comunión se siente entre ambas partes. Pero todo se descontroló antes de poner a contar el último cuarto. En un lado la producción de Towns (8+5+1) era ínfima, algo que tendrá que revisar el equipo a partir de ya porque les ha ocurrido en los últimos tres encuentros, y en el otro emergía la figura de Clarke, suplente tras la alargada figura de Jaren Jackson. La caída local llegó con Brandon y un Morant a funciones diferentes para hacer daño por más frentes. Se entró con 0-16 al último cuarto, se pasó por el 9-35 y se finiquitó en 12-37. Un asalto por lo civil, lo criminal y la vía mental, ya que los de Minny salen tocados.

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