Rebelión sofocada. Como estaba cantado a priori, Phoenix Suns, el equipo de las 64 victorias, está en segunda ronda. Pero es importante ese a priori: el billete no ha sido ni mucho un trámite. Hizo falta un esfuerzo tremendo en el sexto partido (109-115) para evitar la agonía del séptimo en una serie en la que las cosas amenazaron con torcerse de forma muy seria. Devin Booker se lesionó en el segundo después de anotar 31 puntos en la primera parte. Los Suns perdieron la ventaja de campo esa noche, e incluso después de recuperarla tuvieron que jugar un quinto partido peliagudo: en su pista pero todavía sin Booker, con el peligro de un posible match point en contra fuera de casa y contra un rival en crecida, que durante unos días se sintió capaz de todo: New Orleans Pelicans.

Para los Pelicans ha sido una temporada de reafirmación, de crecimiento. Y eso es mucho. Empezaron 1-12 y llegaron a estar a 14 partidos del 50% (18-32). Con un entrenador novato, Willie Green, y entre rumores de divorcio arisco con Zion Williamson, que no ha jugado en todo el curso. Pero la cosa se recondujo, se apostó por un veterano casi-all star como CJ McCollum, las lesiones dieron tregua a Brandon Ingram, Green demostró ser un entrenador perfectamente capacitado y una generación rookie poco mediática demostró ser altamente productiva, ideal para pasar a formar parte de un nuevo núcleo duro. Sobre todo Herb Jones con sus tentáculos defensivos, también Jose Alvarado y Trey Murphy. Queda, ay, el asunto Zion, pendiente de la negociación (o no) de una extensión multimillonaria. Una decisión, para bien o para mal, que marcará un futuro que, al menos, pinta mucho mejor que hace unos meses en NOLA. Y eso, repito, es mucho.

Los Pelicans se llevaron dos directos a la mandíbula después de ese atronador 2-2. En el sexto partido, en el que regresó Booker nueve días después de su peligrosa lesión, no tiraron la toalla hasta los últimos segundos y mandaron en la primera parte después de un intenso segundo cuarto (58-48). Su última ventaja, de hecho, llegó a dos minutos del final: 104-103. Ahí les cayó el 0-7 diferencial (104-110) con una secuencia que fue puro cloroformo, primero un triple de Booker y seguido un mate de Mikal Bridges tras robo a McCollum. El guard no ha estado a su mejor nivel (esta vez 16 puntos en 16 tiros y una asistencia por tres pérdidas) en los dos partidos decisivos. Ingram terminó con 21 puntos y 11 asistencias y cierra la serie en 27 puntos, 6,2 rebotes y 6,2 asistencias. Con algunos de los mejores momentos de baloncesto de toda su carrera.

Aplauso a los Pelicans y paso al campeón del Oeste. No fue fácil. Hicieron falta nervios de acero, jerarquía y concentración. La baja de Booker fue una prueba, la emergencia joven de su rival una molestia. Pero ahí están, al final con autoridad en los momentos importantes, cerrando con puño de hierro el partido y la serie en otra noche excelente de Mikal Bridges (18 puntos) y DeAndre Ayton (22+7 rebotes+4 asistencias), con un Cameron Johnson que vuelve a ir a más, Booker de vuelta (13 puntos en 32 minutos)… Y con el magisterio inacabable de Chris Paul. El base, que cierra la serie con 68 asistencias y 9 pérdidas), jugó un partido perfecto para eliminar a los Pelicans: 33 puntos, 5 rebotes, 8 asistencias y un increíble 14/14 en tiros de campo (y 4/4 en tiros libres). Nunca en un partido de playoffs se apilado tantos lanzamientos sin fallo. Y nunca se había llegado a 33 puntos con una hoja de tiro perfecta. Si se suma regular season, solo Wilt Chamberlain metió más canastas sin un solo borrón.

Pese a la presión física de los Pelicans, la carga de responsabilidad sin Booker y la molestia perpetua del pegajoso Alvarado, CP3 cierra la serie con esa profunda sensación de grandeza que inspira su presencia en pista. Con otro ejercicio de dirección y finura en las trincheras, con una demostración de jerarquía y baloncesto. Es uno de los mejores bases de la historia. No hay duda, pero le falta el anillo. Y, camino de los 37 años que cumplirá en unos días, sabe que está ante su gran oportunidad después de quedarse literalmente a dos pasos la temporada pasada. Ahí va Chris Paul, ahí van los Suns. Que pase el siguiente.

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