Parecía impensable, improbable, prácticamente imposible. Pero sí, a los Sixers todavía les queda orgullo. El equipo de Doc Rivers tira de defensa y pundonor y saca adelante el tercer partido de la eliminatoria ante los Heat. Fue el día de Danny Green, del juego colectivo, de la demostración de que este equipo es algo más que las migajas de un traspaso (de momento) frustrado, el de James Harden, y que puede plantar cara a sus rivales, que siguen siendo favoritos y tienen la posibilidad de irse 3-1 a Florida si ganan el siguiente encuentro. Pero eso es otra historia que ya vendrá. En la de ahora, Joel Embiid ha vuelto de entre los muertos, máscara en mano, y ha llenado de optimismo los corazones de los aficionados de Philadelphia, una ciudad que sabe y entiende de baloncesto. Y con su mesías, la plantilla ha creído, los tiros han entrado y la respuesta a los dos asaltos iniciales en Miami ha sido feroz y contundente.

Embiid se fue a 7 puntos y 4 rebotes en un primer cuarto que fue una clara declaración de intenciones. De hecho, en cuanto los Sixers tomaron una iniciativa real, no les volvieron a quitar la delantera. Dejaron a Miami en 17 puntos en cada uno de los dos periodos iniciales, aguantaron el conato de rebeldía de los Heat en el tercer cuarto, no se arrugaron ante la llegada de la presión (68-65 con 12 minutos por delante) y se atrincheraron atrás, mientras se volvían resolutivos delante. Erik Spoelstra no encontró soluciones y los Heat apenas anotaron 14 tantos en el periodo final, maniatados por las ayudas constantes de una plantilla en la que incluso James Harden quería defender. Y de la indolencia, se pasó a los balones recuperados, las ganas de correr, la solvencia, la efectividad y la lucha incesante por cada rebote como si fuera el último.

Los Sixers dejaron a los Heat en un 35% en tiros de campo y esta vez no permitieron triples liberados. La dificultad para encontrar tiros fáciles provocó un borrón en el triple (7 de 30) que ni el microondas Tyler Herro (14 puntos en 15 tiros, con 2 de 7 en triples) pudo solucionar. Fue el único que pasó de la decena de puntos junto a Jimmy Butler, un ciclón que se mantuvo firme en sus embestidas y finalizó con 33 puntos (12 de 22 en tiros) y 9 rebotes, pero solo en el firmamento, en el que fue una estrella que brilló demasiado sola. Max Strus abusó del triple (3 de 11), Bam Adebayo, horrible, se asustó ante lo que tenía delante (2 de 9 en tiros y apenas 3 rebotes en 33 minutos) y los Heat sumaron 11 pérdidas y apenas convirtieron 6 puntos en transición. Sin capacidad ni oportunidad de correr, erráticos en todos los aspectos, fallando los pocos tiros liberados que tuvieron y perdiendo los balones que quedaban sueltos en cualquier tipo de lucha. Spoelstra ajustará de cara al próximo encuentro, eso seguro.

El equipo local fue el que se llevó la palma. La teórica restricción de minutos de Embiid fue un espejismo y el pívot se fue a 36 minutos, con 18 puntos, 11 rebotes, un 2+1 extraordinario (y cayéndose) en el periodo final y con una influencia en el juego que va más allá de lo numérico. James Harden, sin grandes alardes, llegó a 17+8+6 y siguió errático en el tiro (1 de 7 en triples) pero aportó en otras facetas. Tobias Harris, que acabó expulsado por acumulación de faltas, hizo mucho trabajo sucio (9 puntos con 4 de 13 en tiros, pero 10 rebotes y 8 asistencias) y Tyrese Maxey se fue a 21 tantos y 6 asistencias, además de salvar un balón que estaba perdido pasando hacia atrás en una jugada que levantó a la grada del Wells Fargo Center. La clave, eso sí, fue Danny Green: del 1 de 9 en triples del segundo partido pasó a un 7 de 9 que recordó al jugador que en su día emergió en los Spurs. Un defensor voraz que anota los tiros abiertos. Los Sixers tiraron mejor de tres (48,5%) que de dos (47,8%), estuvieron cohesionados y recuperaron a un Embiid enmascarado. Y con él, la esperanza. 2-1 y a soñar. Algún motivo tienen. A partir de ahí, veremos.

source

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here