No hay tregua. El calendario de semifinales de conferencia ha concentrado los cuatro primeros partidos de la serie Phoenix Suns-Dallas Mavericks en siete días: desde que arrancó el lunes hasta que el domingo se juegue el cuarto, que los Mavs esperan que no sea el último. En 48 horas perdieron dos veces de forma clara en Arizona y ahora la serie se traslada a Texas para otros dos partidos, el primero esta noche (03:30, hora española) y el segundo el domingo (21:30). Los Mavericks saben que dos derrotas los eliminan… y una los dejaría casi listos, con lo que sería un 3-1 en contra camino de Phoenix. Hoy se jugará el primer partido de segunda ronda en Dallas en exactamente once años, desde el 6 de mayo de 2011. Entonces, los Mavs venían con un 2-0 a favor tras ganar dos veces a domicilio a los Lakers, un vigente campeón que se hacía añicos. El 4-0 final lanzó a los de Dirk Nowitzki hacia el único anillo de su historia. Desde entonces y hasta ahora, no habían vuelto a pisar una semifinal del Oeste.

Los Mavs están jugando contra el mejor equipo de la NBA, y bien que lo han comprobado hasta ahora. Los Suns ganaron 64 partidos, el tope de su historia, en el curso en el que son favoritos para el título después de quedarse a dos pasos en las últimas Finales, cuando arrancaron 2-0 contra los Bucks y perdieron cuatro partidos seguidos, aplastados por la voluntad de hierro de Giannis Antetokounmpo. Estos no son los Jazz, el débil (pese al obvio talento de sus estrellas) rival de primera ronda que se descosió en cuanto se vio cuesta arriba, incapaz de aprovechar la baja durante tres partidos de Luka Doncic y su triunfo en el primero, a domicilio (desde ahí, de 0-1 a 4-2). No, los Mavs juegan contra un coloso al que, ahora, tienen que ganar cuatro veces en cinco partidos. Es un rival que, más allá de lo buenísimo que es, les domina el cara a cara de forma abrumadora: 11-0 en once duelos directos desde noviembre de 2019. Además, Doncic acumula nueve derrotas en diez partidos cara a cara contra Chris Paul (entre Rockets, Thunder y Suns).

Luka Doncic, muy solo contra un gigante

El panorama es, desde luego, ominoso para unos Mavs que tienen que agarrarse a su pista y al viejo axioma que dice que una serie de playoffs no empieza de verdad hasta que un equipo gana a domicilio. Si se hacen fuertes en casa, pueden seguir soñando con una remontada improbable. Pero si ni siquiera sacan adelante el partido de esta noche…

Todas las miradas, cómo no, se centran en Luka Doncic. El esloveno ha metido 80 puntos en los dos partidos de Phoenix, 40 de media a los que añade 8,5 rebotes y 7,5 asistencias. Parece difícil pedirle más, desde luego. Su media de puntos en playoffs es ahora mismo la más alta de la historia: 33,5 por 33,4 de Michael Jordan. Son los dos únicos con más de 30. Doncic ha jugado 18 partidos de playoffs y en seis, un tercio, ha anotado al menos 40 puntos.

Jason Kidd, su entrenador, ha insistido en que el esloveno ha hecho todo lo que tenía que hacer para que su equipo compitiera contra una bestia como los Suns. Pero le ha faltado compañía. Y parece obvio que es así. Jalen Brunson, que aprovechó las deficiencias defensivas de los Jazz para dispararse hasta los 27,8 puntos de media en primera ronda, ha caído ahora a 11 de promedio con un un 32% en tiros. En el segundo partido, cuando los Mavs se hundieron después de una buena primera parte, solos Reggie Bullock (16) y Spencer Dinwiddie (11) acompañaron a Doncic en dobles figuras de anotación. El segundo, que ya tuvo tramos muy malos contra los Jazz, tampoco está al nivel necesario: 9,5 puntos y 33% en tiros contra la tremenda defensa de los Suns. Si se suman los problemas de faltas de los aleros y el nulo encaje de Dwight Powell, el resultado es una versión mínima de Dallas Mavericks. Al menos si se piensa en una que pueda ganar a los Suns. No un partido: una serie de playoffs.

Ahora, Jason Kidd tendrá que ajustar. Parece obvio que Powell, inútil contra Deandre Ayton, absorbido como finalizador de jugadas y superado en el rebote, tiene que ceder casi todos sus minutos a Maxi Kleber, más útil en un emparejamiento así y cuya muñeca aporta puntos… y espacios para jugadores como el asfixiado Brunson. Los Mavs pueden ponerse en manos de Doncic y de una mejor versión de sus tiradores para sentirse capaces de anotar con fluidez… pero también tienen que transformar su defensa, un puente fuerte durante toda la temporada pero un agujero por ahora contra el ataque quirúrgico de los Suns, liderado por un Chris Paul que cumple hoy 37 años y que está jugando en estos playoffs, otra vez, a un nivel excepcional. Generacional.

Un nuevo formato defensivo como exigencia

Los Mavs tienen que cambiar su esquema, el que desnudó en el segundo partido a un Doncic que tuvo peor noche atrás de, tal vez, toda la temporada. En un curso en el que ha mejorado como defensor, y en el que ha ido a más en lo físico, el castigo de los Suns ha reabierto debates sobre su defensa y su reseva de energía. Es sencillo: el estilo de cambios constantes tras los bloqueos, muy útil contra otros rivales, en este caso permite a los Suns que Paul y Devin Booker elijan quedarse en todos los ataques con Doncic, Que el bloqueo les deja con la bola y frente al esloveno, que acaba agotado sin un segundo de respiro en defensa y obligado a cargar con el peso total del ataque de su equipo en cada posesión. Más allá de su condición física y su resistencia, una carga descomunal en todo caso.

Así, la segunda parte del segundo partido fue un destrozo constante, orquestado principalmente por Chris Paul, contra la línea de flotación de Doncic: en esos 24 minutos, los Suns dejaron 19 veces a Doncic como defensor del generador del pick and roll. En ellos, los Suns anotaron una media de 1,81 puntos por posesión. Casi a ritmo de canasta asegurada por ataque. Doncic, que está lejos de ser un especialista, no es tampoco tan mal defensor como pareció en algunos momentos del último cuarto. No tanto. Pero contra dos expertos como Paul y Booker y en reserva de carburante, la tarea es un imposible. Si presionaba arriba, a la bola, era superado con facilidad. Si se hundía para protegerse, era castigado por el tiro de media distancia, arma letal marca de la casa si hablamos del backcourt Paul-Booker. Los Suns son mucho mejores que los Jazz. Entre otras muchas cosas, en generar puntos tras bote y desde la media distancia. Más allá de obvios saltos de nivel, lo que vale contra unos no vale contra otros. Así son los playoffs.

Con quintetos más pequeños y cambios constantes, una fórmula perfecta contra muchos rivales, incluidos esos tristes Jazz de hace unos días, los Mavericks perderán casi siempre contra estos Suns. Tienen que alternan defensas, meter minutos en zona, intentar que no sea Doncic el que se quede con Paul o Booker tras los bloqueos y lanzar ayudas cuando así sea para crear unas disrupciones que hasta ahora no han existido. Los Suns están metiendo el 57% de sus tiros en la serie. En el segundo partido (de 58-60 al descanso a 129-109 final) se fueron al 64% con un 70% después del descanso, cuando Paul y Booker apilaron 58 puntos en un apabullante 22/35 en lanzamientos a canasta. Doncic, mientras, pasaba de sus 24 puntos en la primera parte a 11 en la segunda para 35 totales. Con poca ayuda en ataque, sin protección en defensa. Y agotado: ha jugado 40 minutos de media en los dos primeros partidos de una serie que, hay que repetirlo porque es un factor importante, consumirá los cuatro primeros duelos en siete días.

Hoy es el tercero: inicio de la rebelión o golpe casi definitivo. Con la obligación para los Mavs de cambiar. Más que mejorar: cambiar. Con lo primero pueden ganar un partido, pero solo con lo segundo tendrán opciones de, como mínimo, rondar una remontada que sería histórica. Por la situación (un 2-0 rotundo en las formas) y el rival, absolutamente temible. Veremos.

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