El día D, la hora H. Es el momento de los Mavericks, el partido más importante de su temporada, pero también de su historia reciente. Un encuentro que definirá lo que son como plantilla y como grupo. También hasta dónde pueden llegar como proyecto. Su año baloncestístico es bueno, han superado una ronda de playoffs por primera vez en 10 años, se han recompuesto tras la salida de un mito como Rick Carlisle y han apostado por un quinteto pequeños tras el traspaso de Kristapz Porzingis que Jason Kidd ha gestionado a la perfección. E incluso se han mostrado competitivos sin su mesías, su líder, su referencia, su héroe. Sin él rascaron dos partidos a los Jazz, un equipo descontextualizado, en una primera ronda que luego sí sentenció el inabarcable Luka Doncic, un hombre llamado a conquistar los cielos. Una estrella que se enfrenta a su examen más difícil ante su público, ante su gente y con todos los ojos puestos en él. Un jugador que tiene una cita constante con el destino.

Los Mavericks no tienen nada que perder, pero sí mucho que ganar. Los Suns son los que se la juegan, los que no pueden permitirse sorpresas, ni alargar una serie que ya fue inesperadamente dura ante los Pelicans y que puede ser peor ante un equipo mejor. El 3-1 les dejaría virtualmente en las finales de Conferencia, pero el 2-2 obligaría a disputar dos partidos más, visitar una vez más, al menos, la ciudad de Dallas y enfrentarse a ellos mismos y al sambenito que acompaña a Chris Paul y su particular maldición en playoffs. El base también se la juega en una serie que sí, tiene controlada, pero sin que nadie se olvide de las que también tuvo así: en 2008, sus Hornets iban 2-0 arriba ante los Spurs y cayeron en el séptimo en Nueva Orleans; con los Clippers, dejó escapar sendas series ante Grizlies (2013) y Blazers (2016). Y las Finales ante los Bucks quedan más recientes. Y también, al menos para él, más dolorosas.

El guion del cuarto partido tendrá que ser para los Mavericks similar al del tercero: mucho balón en el poste para Doncic y ajustes en defensa para liberar todo lo posible al esloveno. La estrella se cargó de faltas en el tercer asalto (se fue a 5, incluida una muy polémica sobre Jae Crowder), una variable que no tiene por qué repetirse y que puede llevar a tener más minutos en el final a un jugador clave para cerrar un encuentro que promete, esta vez, ser igualado. Y de igual manera que no se contemplan las faltas de Doncic, tampoco el mal papel de Chris Paul en el duelo anterior, con una inseguridad manifiesta sobre el balón y hasta 7 pérdidas, todas ellas en la primera mitad (su tope son 8). El base volverá para ser el hombre del segundo partido, el que sentenció a los Mavericks sin oposición, y Monty Williams volverá también al esquema que les dio el 2-0: cambiar con bloqueos para que Paul o Devin Booker tengan siempre a Doncic delante, cansar a un jugador que gasta mucho también en ataque y hacer que se fatigue de cara al final del encuentro.

Los miedos y los deseos

Hace muchos años, Phil Jackson escribió en su diaro: «Shaq necesita y Kobe desea. El misterio de los Lakers«. La frase mítica se encuadra dentro de la relación que guardaban las dos estrellas y la relación inherente entre dos estrellas que siempre fueron de la mano de lo irreverente, lo asombroso y, en última instancia, lo histórico. Ahí es donde se pueden encuadrar Luka Doncic y Chris Paul, no tanto como los compañeros que no son sino como los rivales que han llegado a ser. Los Mavericks ganaron su primer partido a los Suns en 2019 y el jugador esloveno solo el segundo a The Point God. En total, un 9-2 de parcial contando la victoria del otro día, un récord que Paul ha acumulado entre Rockets, Thunder y Suns y que quiere hacer valer antes de convertirse en mero pasado, de que Doncic pase a ser un presente que ya es y abandone la vitola del proyecto de un futuro que también es suyo.

Paul ha pasado, dentro del encuadre de Phil Jackson, del deseo a la necesidad. Acaba de cumplir 37 años (hace apenas dos días), vive su 17ª temporada en la mejor Liga del mundo y tiene un desgaste obvio que suple con un talento innegable. Pero se le acaba el tiempo. Menos los highlights y los derroches ingentes de talento, a Paul le ha llegado todo tarde: no disputó sus primeras finales de Conferencia hasta 2018, y no fue hasta el año pasado cuando se coló por primera vez en las Finales. Dicho lo cual, hay algo que antes era una incógnita, un  mero asterisco: a Chris Paul siempre le pasa algo. Ya sean lesiones, errores de sus entrenadores, bajadas claras de nivel o victorias de un rival sencillamente superior, el base ha ido siempre de la mano de la mala suerte, un acompañamiento similar al que Kobe y Shaq tenían con la gloria. Los errores y los horrores se han sucedido durante su carrera y al final, el deseo incesante por escribir su nombre en una historia que no termina de ser suya se ha convertido en una necesidad brutal de reafirmarse y convertirse en una estrella dentro de un cosmos lleno de gente mundana, pero con solo unos pocos elegidos para el Olimpo.

En los Suns funcionarán más cosas: DeAndre Ayton hace mucho daño a la ausencia de un reboteador nato en los Mavs, Booker da la sensación de que le faltan 20 puntos más en cada partido y que antes o después acabará con 40, Mikal Bridges hace de todo y todo lo hace bien y Monty Williams maneja la química grupal, una sin fisuras conocidas, sin problema. Doncic promedia 35,3 puntos, 10 rebotes y 8 asistencias ante los Suns, 32,2+10,3+6,8 en todos los playoffs (se perdió los tres primeros partidos) y 33,4+9,3+8,8 en su carrera en la fase final. Más puntos de promedio que, por cierto, Michael Jordan y números de videojuego trasladados a una realidad que no lo parece tanto. Jason Kidd alabó su rendimiento defensivo en el último partido. Si vuelve a jugar bien al poste, no peca de indolencia en defensa, encuentra a sus compañeros sin cometer pérdidas y los Mavericks aseguran el rebote defensivo, la batalla está asegurada. El banquillo volverá a estar de pie todo el encuentro, con esa algarabía propia de la precocidad, y el American Airlines Center estará a la altura de las circunstancias. Mavs-Suns, Doncic-Paul, el día D, la hora H. El deseo. Y, claro, la necesidad.

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