Los Heat son lo que son gracia a, en buena parte, Pat Riley. El entrenador llegaba a Florida en 1995 renunciando al último año del contrato más grande que un técnico había firmado jamás en la NBA, en los Knicks. No se pudo llevar a Jeff Van Gundy, que se quedó en la Gran Manzana olisqueando la gran oportunidad del tacaño ser en el que llegó a convertirse. A cambio ofreció a Stan, su hermano, que unió sus caminos a los de Riley. Y a partir de ahí, el padrino de la mejor Liga del mundo inició su última gran aventura, se hizo dueño de una franquicia joven (nacida en la expansión de 1989), la convirtió en un mercado relativamente grande de base social pequeña, con un público desinteresado incluso en playoffs pero grandes agentes dispuestos a llegar a las cómodas playas de Miami. Y los Heat disputaron finales de Conferencia (en 1997 y 2005), ganaron Finales de la NBA (2006), tuvieron temporadas desastrosas (15-67 en 2008) y una nueva etapa gloriosa, ya con Riley como directivo y con Erik Spoelstra de digno heredero.

Riley no entrenó de 2003 a 2005, años que se ocupó de desarrollar un gran intervencionismo pero desde el puesto de directivo. La etapa de Stan Van Gundy no salió ben y Riley volvió para conquistar un nuevo anillo antes de hacer efectiva una retirada de los banquillos eternamente postergada, en 2008, tras sumar el peor récord de su carrera. Spoelstra emergió entonces y, con LeBron James en el equipo, los Heat sumaron cuatro Finales consecutivas (2012-14) y dos anillos. Los últimos que ha ganado Riley, que ha sumado, como jugador, entrenador y directivo un total de 9 campeonatos. Y ha disputado una cantidad ingente de Finales: la última, en la burbuja de Orlando, en 2020. Este año, los Heat han rozado dicha ronda, pero han caído ante los Celtics en las finales de Conferencia. Un triple erradode Jimmy Butler evitó la machada. Y una nueva lucha por el título con los Heat de por medio.

Riley siempre ha sido una mente brillante, preclara. Uno de los personajes más cautivadores y brillantes de la historia de la NBA. Ganó como jugador en 1972, y fue el hacedor del Showtime, siendo segundo asistente en el primero y principal en los cuatro subsiguientes. Su relación con Magic Johnson y con Kareem Abdul-Jabbar fue siempre proclive a la genialidad y el técnico se fue tras caer en las Finales de 1989, cuando la tranquilizadora sombra de Jabbar anunció su retirada y la relación era demasiado larga como para seguir saliendo siempre bien. Riley cambió el baloncesto extraordinario y vistoso de los Lakers de la Conferencia Oeste para comprender que el juego de los 90 no era heredero del Showtime, y sí de los Bad Boys de Detroit. Y se atrincheró atrás, primero en los Knicks y luego en Florida, para, con técnicas realmente bochornosas y que rozaban siempre la legalidad, volver a rozar sin suerte el anillo.

Con 77 años, Riley lleva más de medio siglo comprometido con la NBA y un cuarto del mismo ligado a los Heat, que ha puesto en el mapa. El anillo de 2006, cuando gestionó a la perfección una de las mayores aglomeraciones de egos que se recuerdan, es para la posteridad. Y el mandamás ha respondido a los periodistas tras la eliminación de los Heat para asegurar que no, que no se retira. «Tengo 77 años y me puedo hacer más flexiones que tú«, ha dicho Riley de forma muy clara. Además, ha hablado de Kyle Lowry y su teórico sobrepeso. Y ha dicho que si Tyler Herro quiere ser titular, se lo tendrá que ganar trabajando mucho este verano. En definitiva, ese ser que lo contempla todo desde la grada al lado de Alonzo Mourning como si fuera una deidad, con un rostro impertérrito y ajeno a todo lo que pasa, está en muy buena forma. Así es Pat Riley, el padrino de la NBA. Un ser eterno.

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