No se arriesgaron los Mavericks a incluir a Luka Doncic, todavía en recuperación de la lesión muscular que no le ha dejado debutar en estos playoffs, y la idea salió bien. Han sacado dos de tres sin él aunque el primer día, después de un partido tedioso, saltaran las alarmas en Dallas. El enfrentamiento con los Jazz ha saltado al hogar de estos, en el que se disputó el encuentro en cuestión y se hará también el siguiente. El panorama es uno de los dos mejores teniendo en cuenta quién falta. Arriba en la serie después de un 118-126 que escuece mucho en Salt Lake City. Los de Kidd tuvieron el control durante la mayor parte del encuentro y sólo pasaron un mal rato en el tercer cuarto. Hasta un golpazo a Jalen Brunson, autor de 31 puntos, puso a temblar a los suyos al descanso y también en eso se pasó a la sonrisa en muy poco tiempo.

Los Jazz dieron una imagen pésima, algo que les ha ocurrido en las tres citas. La cuestión ahora, mirando al siguiente encuentro, es clara: ¿para qué va a arriesgar Doncic si su equipo se basta para ir sacando adelante los resultados?

El encuentro tuvo de nuevo la brega de los Mavs en puntos mucho más altos que de los Jazz. Empezando su andadura en casa en unos playoffs, coincidirá cualquiera, eso es difícilmente admisible. Y más, se ha de insistir, con la penalización que está sufriendo el conjunto texano al no tener a Luka Doncic en sus filas. Pero es que también se repitieron secuencias de defensas incontroladas sobre Kleber y sus 17 tantos, versátil ante Gobert y Whiteside, o el acierto desde la línea de tres de los azules, que acabaron con 18/42 desde la larga distancia. Snyder no tiene las respuestas a esto como no lo tiene para la pregunta principal. 

Las opciones de los Mavs pasaban por repetir el plan del segundo partido y eso es lo peor, que lo hicieron sin que se les pusiera un freno. Para ellos, claro está, alegría de la buena. A las canastas iniciales de Brunson le siguieron los triples de Kleber, héroe tres días antes, abriéndose para hacer daño a Gobert primero y Whiteside después. Powell no tuvo influencia alguna en el partido pero Dallas no lo necesitó, tenía la llava maestra con el alemán. Con él los Mavs agarraron un impulso que les sirvió para mandar en el segundo cuarto.

No iba a ser todo bueno: Royce O’Neale golpeó por la espalda a Jalen Brunson cuando llevaba el ritmo del juego, un golpe en las lumbares bastante feo, y el de Dallas se llevó una técnica por protestar además de una cojera importante (aunque volvería en el tercer periodo sin que pareciera dolorido).

Cada vez que se alzaba Utah, respuesta de Dallas. En el primer encuentro Green falló triples de todos los colores y en el segundo le dejaron tirar para que fallara. Ha entrenado tras aquello y en la primera parte encestó tres de cuatro. A tal renacimiento le siguió otro, el de Davis Bertans. El letón comenzó el segundo acto con un triple con adicional y la terminó con dos tiros en un minuto con los que su banquillo rompió a gritar. Les estaba saliendo casi todo a los de Kidd, pero faltaba abrochar esta victoria.

En el tercer periodo se abrió la defensa de los Mavs sin razón aparente y Donovan Mitchell, que estaba cuajando otro encuentro de dudosa calidad, pisó la alfombra roja para lucirse. Jugando con una alineación de pequeños en la que Eric Paschall y no Rudy Gobert era el pívot, y con Mitchell yendo a más revoluciones que los demás, los Jazz encestaron 40 puntos para apretarlo todo. Los Mavs habían tenido un +17 en el segundo cuarto y lo habían reproducido varias veces en el tercero, pero en el decisivo llegaron a verse con un apretado 102-103 después de un triple de Mike Conley. Pero en Utah cada uno hace la guerra por su cuenta y, de momento, la están perdiendo. Conley y Gobert no se entendían en los pases por alto, Mitchell se venía demasiado arriba por sus aciertos y los Mavs, de nuevo más inteligentes, pusieron un punto de pausa y sacaron el triunfo adelante. Decisivos fueron un triple de Dorian Finney-Smith (14) primero, en una esquina, y uno de Spencer Dinwiddie (20) después, con un paso atrás mortal ante O’Neale en el centro de la pista. Sí, otra vez fue el acierto exterior el que valió. Luka Doncic, que lo vio todo desde el banquillo, puede aguantar sin jugar un día más: el trabajo está hecho.

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