Qué pundonor le están echando los Pelicans a una eliminatoria que cualquiera que haya visto la fase regular de esta temporada hubiera coincidido en aventurar más que complicadas para ellos. Están aprovechando las circunstancias, como la lesión de Devin Booker que le he dejado fuera de dos partidos y forzado una derrota más, pero también han llegado a un buen momento de entendimiento en el que la mayoría de sus piezas -no Zion Williamson, las que están disponibles- se han engrasado por obra y gracia del cuerpo técnico de Willie Green de una forma en la que el subcampeón del año pasado parezca un conjunto totalmente terrenal. Los Suns han ido de megafavoritos a temer porque esta eliminatoria se alargue más de lo necesario, algo que de hecho ya va a ocurrir, y a que todo el poder concentrado para los playoffs empiece a salir del equipo como la fuga de un reactor. En el cuarto encuentro, en una Nueva Orleans muy metida en el juego, la serie ha quedado empatada a dos después del 118-103 con el que los Pelicans obserquiaron a su parroquia.

Una noche de regocijo en un conjunto que ha pasado por penalidades en el Oeste, con la baja de su jugador más reconocible durante toda la temporada y renovando su escaso arsenal con una pieza clave, McCollum, para tener un último impulso y alcanzar los playoffs dejando fuera a, por ejemplo, los Lakers. Se apuntan la segunda y viajan de nuevo a Phoenix, ahora con la esperanza de ponerle más picante a la serie y con la certeza de que tienen esa especia en la despensa. Willy Hernangómez jugó su primer partido fuera de la fase regular, apuntando su par de minutos en cancha en su histórico personal. Dos novatos volvieron loco al público con su entrega: Herb Jones y su defensa empieza a ser un potro de tortura en el que nunca subirse, Jose Alvarado y su atosigue a los bases rivales con estrategias de lo más variadas es de lo que siempre quieres ver en una competición de baloncesto. Paul se tragó los sapos y culebras que le tiró el dominicano y su 2/8 en tiros no refleja del todo la noche aciaga que su emparejado le hizo pasar, elevando el pesar de los Suns este domingo.

Chris, uno de los mejores bases que ha dado la NBA en toda su historia, había monopolizado el primer partido y hecho casi lo mismo en el tercero. En las dos victorias de los Suns había sido la clave. Nada hacía presagiar que este partido sería todo lo contrario. Durante la primera parte, si bien no se atrevió mucho yendo a canasta, salvó con pases concienzudos que le llevaron a terminar el partido con 11 asistencias. Los minutos junto a Cameron Payne en cancha habían dado sus frutos y en el segundo cuarto, tras el primer triple de Jae Crowder (11) en toda la eliminatoria, los Suns se ponían por delante en el marcador. Habían picado mucha piedra con Ayton (23), arrebatador en la zona, y Bridges, acertado al cortar o penetrar. Se veían bien.

Jones jugó un papel fundamental para parar a Paul, no sólo Alvarado. El alero es un jugador de largos brazos con un motor para ir de un lado para otro que está sorprendiendo a casi todos en su primer año en la Liga. El base es una termita que pega en los puntos débiles y machaca con sorpresas como las de forzar una pérdida por no pasar el campo en ocho segundos. Un jugador legendario como CP3 se quedó sin ideas ante ambos. Fue en el tercer periodo cuando Brandon Ingram (30) tomó el control, encadenando varias acciones en la media y corta distancia, para que los Pelicans mandaran. A un McGee sin fallos en ataque le sustituyó Ayton en los momentos decisivos y se tragó un triple de Valanciunas (26) que, combinado con un 2+1 de Jones aprovechando el despite de los Suns, le dieron a los locales la distancia suficiente para cerrar este partido con tranquilidad y, por encima de ello, ganas de más.

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