Spencer Dinwiddie es una de las piezas importantes en la rotación de Dallas Mavericks, el sorprendente finalista del Oeste que entrena Jason Kidd y dirige en pista Luka Doncic. El escolta, de 29 años, ejerce de tercer guard por detrás del esloveno y Jalen Brunson: minutos muy importantes desde el banquillo y en el quinteto en cuanto hay una baja por lesión. Su encaje, que muchos veían complicado, ha resultado óptimo por ahora desde que antes del cierre del mercado invernal, en febrero, llegó a Texas procedente de Washington Wizards. Viajó con el tirador Davis Bertans y una segunda ronda protegida a cambio de Kristaps Porzingis, en el que los Mavs habían dejado definitivamente de creer y por el que, se pensó, no había mejores ofertas que cuadraran con su salario que la combinación de los dos jugadores que llegaban desde la capital.

Pero Dinwiddie ha respondido. En su tramo de fase regular en Dallas ha promediado 15,8 puntos y 3,9 asistencias por noche. En playoffs, por ahora, 13,5 y 3,4. Irregular pero con momentos importantes, y mucha presencia en el inicio de la primera ronda contra Utah Jazz, cuando Doncic se perdió los tres primeros partidos por lesión. Buenas noticias para los Mavs, en lo deportivo y en cuanto a números porque Dinwiddie tiene dos años más de contrato por los recibirá 18 y 18,8 millones de dólares.

Ese contrato emana de su llegada a Washington, que se hicieron con él a través de un sign and trade con el que será su equipo, Brooklyn Nets. Estos le firmaron un nuevo contrato de tres años y 54 millones para traspasarlo inmediatamente con el equipo que haría cargo de esa salario, los Wizards. Ese salto llegó en la operación a cinco bandas que acabó con Russell Westbrook en los Lakers. Dinwiddie no encajó en el equipo y estuvo muy por debajo de su mejor nivel después de, además, haberse perdido la segunda mitad de la pasada temporada por una rotura parcial de ligamento en la rodilla. Fue precisamente una muy grave lesión de rodilla la que puso en jaque su carrera cuando era todavía un júnior, jugador de tercer año, en la Universidad de Colorado.

Pero Dinwiddie, pese a ese percance, llegó a la NBA (número 38 del draft de 2014) y se abrió camino de forma lenta pero muy meritoria. Tras dos años con poco peso en Detroit Pistons, fue enviado a los Bulls y jugó la temporada 2016-17 en la Liga de Desarrollo. Ahí mostró sus cualidades (19,4 puntos y 8,1 asistencias por noche) y en diciembre de 2016 firmó con unos Nets que estaban en plena reconstrucción y se hacian con cualquier jugador con talento por explotar para ir confeccionando una nueva rotación. Firmó por solo 2,9 millones para tres años, y en Brooklyn fue una sorpresa tan positiva que en diciembre de 2018 se llevó una extensión de tres años 34,3 millones. Se acercó al nivel de estrella hasta esa nueva lesión de rodilla, que le dejó en jaque a las puertas de un verano en el que podría (lo hizo) rechazar una player option de 12,3 millones y salir al mercado. Así acabó en los Wizards.

Ese contrato firmado en Chicago para ser enviado a Washington es el que han heredado los Mavs, y tiene una de las cláusulas más particulares de la historia de la NBA, una que además ahora vuelve a ser relevante con los Mavericks en la final de Conferencia: Dinwiddie tiene firmado un bonus de un dólar si su equipo gana las Finales de la NBA. Sí: un dólar. El desglose de esas primas le permite haber ganado ya un pico en estos playoffs: se llevó 100.000 dólares por superar la primera ronda y 571.427 por superar las semifinales. Ahora, en la serie contra los Warriors se juega los 400.000 que cobraría si los Mavs son finalistas. Una vez en la lucha por el anillo, el extra sería solo de un dólar si se culmina la proeza y su equipo es nuevo campeón de la NBA.

Él, cuando firmó su contrato, ya se lo tomó con mucho humor y aseguró que si era campeón antes de cubrir este contrato (será agente libre en 2024, con 31 años), quería cobrar ese dólar de bonus “en centavos, uno a uno”.

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