Volver a un escenario otrora tortuoso no tiene por qué significar una debacle psicológica. También es, de hecho, una oportunidad de redención. Es lo que le ha pasado a Joel Embiid, un candidato a MVP y un jugador histórico con ligeras ínfulas de grandeza (justificadas) y un talento diferencial y atemporal, útil y nada fútil, excelso y sin parangón. Que Embiid nunca haya disputado unas finales de Conferencia es tan extraño como que Chris Paul no hiciera lo mismo hasta 2018, con los Rockets. Pero se convierte en anecdótico cuandio vemos semejantes exhibiciones de este jugador, que se ha hecho con el tercer partido de la primera ronda de los playoffs de la Conferencia Este con un triple que pasará a los anales y será ya parte intrínseca de momentos históricos que ha vivido en playoffs una franquicia que es, a pesar de no pasar de segunda ronda desde 2001 (Allen Iverson, Dikembe Mutombo, Larry Brown…) inequívocamente histórica.

Embiid ha sentenciado a los Raptors con un triple dentro del último segundo de la prórroga que ha puesto el resultado definitivo del partido (101-104) y ha encarrilado definitivamente una eliminatoria que ya iba por el buen camino. Nadie jamás ha remontado un 3-0 ni parece que lo vayan a hacer los Raptors, que han gastado lo que ha sido a buen seguro su última oportunidad para meterse en la eliminatoria y solo les queda la bala del cuarto partido, la del honor, sin la que también se pueden quedar dependiendo de los deseos de los Sixers de solucionar el tema por la vía rápida o esperar a hacerlo bajo el manto protector que da el hecho de jugar en el Wells Fargo Center, epicentro baloncestístico de Philadelphia, una ciudad que sabe y entiende de baloncesto.

Los Raptors ganaban 95-90 a falta de 2 minutos para la conclusión de un partido épico, taquicárdico, muy igualado y en el que se han juntado todas las dosis de tensión y emoción posibles en un partido de baloncesto. En las siguientes dos jugadas los Sixers ya estaban de nuevo a 1 puntos, alimentando así las dosis de igualdad inherentes a la segunda mitad del partido. Los Raptors empezaron envalentonados en casa (29-19 al final del primer cuarto) algo esperado por unos Sixers que no se pusieron nerviosos y llegaron con esa diferencia al descanso (56-46). Tras el intermedio, el equipo de Doc Rivers ajustaba atrás y se quedaba a 1 solo puntos (75-74). Y la prórroga llegaba a Toronto después de que James Harden solo consiugiera anotar uno de dos tiros libres (95-95) y de que ni Precious Achiwa desde la personal, Embiid desde el triple o Tobias Harris tras rebote ofensivo pudieran cambiar ese marcador que no es, ya se sabe, un recibo telefónico.

El triple que Embiid no anotó para sentenciar el partido en el tiempo reglamentario sí lom hizo en la prórroga y así las esperanzas de los Raptors llegaron a su fin. Fue el triple de la redención con la mente puesta en 2019, cuando Kawhi Leonard anotó un tiro ganador tras jugar el balón con el aro que expulsó de los playoffs, en un séptimo partido y en Toronto, a los mejores Sixers en los que ha jugado Embiid. Ese día, el pívot acabó con lágrimas en los ojos y consolado por un Marc Gasol que le hizo la vida imposible en pista. Hoy, finaliza con 33 puntos y 13 rebotes (6 pérdidas) y el triple ganador. La presión ambiental de un público entregado, los 26 puntos de OG Anunoby, 24 de un mejorado Gary Trent y 20 de Precious Achiwua (con esos dos tiros libres clave fallados) no compensaron la baja de Scottie Barnes y el mal partido de Fred VanVleet (3 de 13 en tiros y otra vez abusando del triple, 2 de 10).

Tampoco compensó para los Raptors, claro, la gran actuación de Embiid (que anotó también los dos puntos previos a su triple para los Sixers) o la extraña coralidad de los Sixers (11+12 de Tobias, 19 de Tyrese Maxey y otros 19 con 10 asistencias de James Harden). Doc Rivers, denostado y defenestrado en los últimos meses, sigue siendo un buen tío que está encontrando inesperadas soluciones (gran tiempo muerto previo al triple cuando la jugada estaba perdida) que hacen participar menos a Harden pero aumentan las opciones de los Sixers: un buen movimiento de balón por fuera, bascular de la defensa al ataque sin prisa pero sin pausa y jugar muchos uno contra uno con Embiid, ya sea en el poste o en la línea de tres (de fuera hacia dentro) para evitar el colapso que suelen producir las dobles defensas que le hacen a James Harden, que ha jugado 38 minutos en un encuentro con prórroga y se ha quedado fuera en los minutos finales de la misma por acumulación de faltas. En definitiva, 3-0 por obra y gracia de Joel Embiid. Que consigue eso que todo el mundo añora en algún momento: la redención.

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