Lo cierto es que, con 2-2, queda una serie a tres partidos con ventaja de campo (quinto y séptimo, si es necesario) en Tennessee. Pero Memphis Grizzlies, el segundo mejor equipo de toda la NBA en regular season, no ha parecido hasta ahora el mejor equipo de esta serie contra Minnesota Timberwolves. No, y se podría argumentar que tiene suerte de que la cosa esté 2-2. Y eso que, en otra noche horriblemente mal arbitrada, esta vez pueden quejarse del criterio (25 personales para su quinteto titular) aunque ese asunto no cuenta verdaderamente la historia del partido. O que, a falta de 10 segundos y con 115-112, Tyus Jones tuvo un buen tiro de tres para empatar. Pero eso también escondería muchas aristas problemáticas de una derrota muy ajustada (119-118) pero merecida y de una serie en el alambre y con pronóstico absolutamente imprevisible. Ciertamente fuera de control, lo cual beneficia al que viene por detrás, al que partía con menos opciones. Al que tiene muy poco que perder.

El partido volvió a ser una locura con tramos de correcalles y muy poco control. Pero los Wolves, que ganaron de cabo a rabo el primer partido y mandaron durante 40 minutos de un tercero en el que desperdiciaron dos veces ventajas de 25 puntos, volvieron a ser mejores durante tramos más sostenidos. Los Grizzlies, otra vez, resistieron por dureza, por aportación de secundarios, por cabalgadas relampagueantes y no por conducción sostenible. Tantas faltas y tantos tiros libres atacan a su estilo de transición y ritmo (más allá del obvio +15 en oportunidades desde la línea para lo Wolves). Taylor Jenkins había usado ya doce jugadores en el primer cuarto, contra cualquier axioma de funcionamiento en playoffs. Y Ja Morant y Jaren Jackson Jr, los dos bastiones del equipo en teoría, están apagados. El pívot consumido por las faltas y con poca influencia con su tiro exterior. El base… mal, muy mal. Sin la última marcha física, sin lectura sobre cómo jugar, sin concentración en defensa. Repartió 15 asistencias pero no anotó hasta los últimos segundos antes del descanso y acabó con 11 puntos, un 4/13 en tiros y un -6 en pista. Los Grizzlies necesitan a Morant para coger su ritmo o Morant necesita el ritmo de su equipo para meter el turbo. Sea como sea, hay algo que solucionar ahí. O todo volverá a ser tirones, dureza, épica, las jugadas de poca cabeza de Dillon Brooks (24 puntos), el trabajo de Clarke, Anderson y Jones… y, claro, la providencial excelencia de Desmond Bane: 34 puntos, 8/12 en triples.

Ahora mismo no soy Ja. No estoy jugando por encima del aro, tengo que preocuparme de acabar las jugadas y no tanto de los árbitros”, dijo el all star de los Grizzlies. La sensación es que, en su baloncesto, los Grizzlies son superiores. Pero apenas se juega a su baloncesto. Mérito de los Wolves, que respondieron bien a su hundimiento del tercer partido. Karl-Anthony Towns reapareció después de dos noches malísimas y acabó con 33 puntos, 14 rebotes, 13 puntos en el último cuarto y un 14/17 en tiros libres. Cuando tuvo que meter los definitivos, al final, estaba pensando en “qué iba a cenar”. Eso dijo. Anthony Edwards anotó 24 puntos, D’Angelo Russell volvió a estar muy discreto, Patrick Beverley fue importante (17 puntos, 5 asistencias, y todas-esas-cosas-que-ya-sabemos-que-no-salen-en-las-estadísticas) y los Wolves controlaron esta vez las reacciones furiosas de los Grizzlies (que volvieron de un 50-35 y convirtieron un 80-68 en un 102-101 a siete minutos del final) gracias a su 18/36 en triples. De un valor enorme el 4/4 del base suplente Jordan McLaughlin, que bien pudo ser (acabó con 16 puntos) la diferencia para que esta vez el sprint final de los Grizzlies acabara en chasco.

El martes se juega en Memphis. No hace falta ni decir que el quinto partido, con 2-2, es fundamental, más que bisagra. El que gane tendrá match point. Como local si es Minnesota Timberwolves, un equipo imperfecto que está tomando el mando anímico en una serie imperfecta de arbitrajes imperfectos, rotaciones imperfectas, estrellas imperfectas y decisiones imperfectas. Divertida, en todo caso. Inestable, constantemente a punto de estallar. Como un mal telefilm en el que pasan demasiadas cosas para esconder un guion mediocre. Pero divertida. E intensa. Y en una dinámica muy peligrosa para Memphis Grizzlies, que es el mejor equipo cuando juega a lo que le gusta jugar. Solo tiene que acordarse de eso… y hacerlo, claro. El martes, examen casi, casi final. Es el momento de que Ja Morant ponga el despertador.

source

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here