Internacional
Equipos de socorro, este martes, en Pamiers, en el departamento de Ariège, en el sur de Francia, tras el mortal atropello de una agricultora
Eusebio Val
París. Corresponsal
La protesta que desde hace unos días protagonizan los granjeros franceses ha dado un giro trágico este martes con el atropello mortal de una agricultora, de 36 años, y su hija, de 12, en el departamento de Ariège, en el sur del país. Un vehículo arrolló a las víctimas al embestir una barrera de balas de paja en la carretera, cerca de un puente, en plena noche. El marido y padre de las fallecidas resultó gravemente herido.
Según los primeros indicios, el atropello, en la localidad de Pamiers, no fue premeditado y pudo tratarse pues de un accidente, aunque una investigación de la fiscalía está en marcha por presunto homicidio involuntario y graves heridas. Los tres ocupantes del vehículo fueron interrogados.  Se trata de ciudadanos armenios en situación irregular y bajo orden de abandonar el país. Se dirigían a Andorra. Los análisis no detectaron en ellos rastro de alcohol o de drogas.
Siguiendo el ejemplo de los agricultores y ganaderos alemanes, holandeses, polacos y de otros países europeos,  los granjeros franceses realizan acciones para expresar su malestar por los efectos de la inflación y las consecuencias del Pacto Verde que condicionará fuertemente su actividad en los próximos años, por ejemplo en el uso de pesticidas. También hay fuerte oposición a la prevista subida del gasóleo que utilizan los tractores.
Hasta ahora las protestas francesas más virulentas han tenido lugar cerca de Toulouse, con el corte de la autopista A64, que comunica con Biarritz, en la costa atlántica. La movilización se ha extendido a toda la geografía francesa, de norte a sur y de este a oeste, incluyendo Estrasburgo, Poiters, Albi, Beauvais y otras ciudades.
Para intentar apaciguar los ánimos, hubo una reunión el lunes por la noche en París entre el primer ministro, Gabriel Attal, el titular de Agricultura, Marc Fesneau, y el sindicato agrícola FNSEA.
Hace años que el campo francés tiene problemas, por condiciones objetivas del sector, la política europea, la presión de los ecologistas y el difícil relevo generacional. La alta tasa de suicidios entre los granjeros ha sido objeto de debate y de una película inspirada en un caso real que tuvo gran impacto.
La celebración de las elecciones europeas, el próximo 9 de junio, no es ajena a las movilizaciones. Los agricultores y ganaderos ven que es un momento idóneo para ejercer presión sobre los partidos. En el caso francés cuenta asimismo la proximidad del Salón Internacional de la Agricultura, en París, del 24 de febrero al 3 de marzo, un acontecimiento muy relevante cada año, visita obligada para todos los líderes políticos, incluido el presidente, que suele pasar hasta 12 horas visitando la feria.
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