Internacional
La economista Kristalina Georgieva, directora ejecutiva del FMI, atisba una perspectiva mejor que hace unos meses
Francesc Peirón
Nueva York. Corresponsal
Aunque hay sombras, esta vez se impone la luz. “Las nubes empiezan a abrirse”, sostiene con un inhabitual tono poético Pierre-Olivier Gourinchas, director del departamento de estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Su comentario subraya la mejora de las perspectivas económicas en el nuevo informe que el FMI presentó este martes. En este documento se recalca que la moderación de la inflación y el crecimiento firme allanan el terreno para un aterrizaje suave después de una sucesión de crisis y de una política monetaria muy restrictiva para combatir la inflación, que ha afectado menos al mercado laboral y la actividad económica. Un fuerte gasto público y privado sostuvo esa actividad, pese a las estrictas condiciones monetarias.
El crecimiento global se situará en el 3,1% en el 2024 y en el 3,2% en el 2025, lo que representa un incremento para este año de dos décimas respecto a la previsión del pasado octubre. Pero el Fondo, en su tendencia habitual a contener la alegría por si acaso, recuerda que “el ritmo de la expansión se mantiene bajo” y que se atisban turbulencias en el horizonte. Por esto las previsiones para el binomio 2024-25 son inferiores al promedio histórico del 3,8% (2000-2019).
En este contexto, la proyección rebaja dos décimas el crecimiento de España para el 2024 en relación al augurio de hace tres meses. Según este nuevo vaticinio, después de que en octubre también perdiera tres décimas, la economía española se quedará en el 1,5% este año y se mantendrá en el 2,1% en el próximo. 
A pesar de este paso atrás, España sigue siendo la economía del entorno europeo que más se expande, por delante de Alemania, Francia, Italia o el Reino Unido. La zona euro se queda en el 0,9% este 2024 y un 1,7% en el 2025.
Además, su retroceso es inferior del previsto para la zona euro, que cae tres décimas respecto al anterior informe, principalmente por los efectos derivados de los resultados del 2023, peores de lo esperado.
En general, no se produce un crecimiento mayor por los elevados tipos de interés de la política monetaria para atacar la inflación, el repliegue del apoyo fiscal en un entorno de fuerte endeudamiento que frena la actividad económica y el bajo crecimiento de la productividad subyacente.
Sin embargo, en rueda de prensa, Gourinchas despejó la duda permanente en los últimos tiempos entre los economistas. «Con un crecimiento del 3,1%, el escenario de una recesión queda muy lejos», respondió.
Las autoridades afrontan a corto plazo el reto de gestionar con éxito el descenso final de la inflación hasta la meta marcada, calibrando la política monetaria en respuesta a la dinámica de la inflación subyacente y, allí donde las presiones sobre precios y salarios claramente se estén disipando, ajustándola a una orientación menos restrictiva. 
El documento recalca que los mercados bursátiles parecen demasiado optimistas respecto a unos recortes anticipados de los tipos de interés. El FMI vaticina que los grandes bancos centrales mantendrán los niveles actuales de los tipos hasta el segundo semestre del 2024.
La consecuencia es que la inflación disminuye de forma más rápida de lo esperado en la mayoría de las regiones, mientras se disipan los problemas en el lado de la oferta y se aplica una política monetaria restrictiva. La inflación general mundial fue tres décimas inferior a lo previsto en el informe de octubre. Ahora se prevé que el nivel general de inflación a escala mundial, descontando Argentina, descienda al 5,8% en el 2024 y al 4,4% en el 2025. Esto supone una revisión a la baja del pronóstico para el 2025.
Según el FMI, ahora es preciso prestar una atención renovada a la consolidación fiscal con el fin de restablecer la capacidad presupuestaria y poder abordar shocks futuros, recaudar ingresos para nuevas prioridades de gasto y frenar el incremento de la deuda pública. En esta visión se indica que la aplicación de reformas estructurales focalizadas y ordenadas reforzaría el crecimiento de la productividad y la sostenibilidad de la deuda, además de acelerar la convergencia hacia niveles de ingreso superiores.
Jerome Powell (Reserva Federal), Kazuo Ueda (Banco de Japón) y Christine Lagarde (BCE), en una reunión el año pasado
La mejora de las perspectivas respecto a octubre se debe a una resiliencia mayor de lo esperada en Estados Unidos, con un crecimiento en el último cuarto del 2023 bastante por encima de lo pensado, y en varias economías de mercados emergentes , así como al estímulo fiscal en China.
Dada la desinflación, más rápida de lo anticipado, y el crecimiento firme, la probabilidad de que se produzca un aterrizaje brusco ha remitido, subraya el informe. “Los riesgos para el crecimiento mundial están en general equilibrados”, afirma.
Una desinflación más rápida podría dar lugar a una mayor distensión de las condiciones financieras, remarca en el lado positivo. Una política fiscal más laxa de lo necesario y de lo asumido en las proyecciones podría comportar un aumento temporal del crecimiento, a riesgo de un ajuste posterior más costoso. Argumenta que un mayor dinamismo de las reformas estructurales podría impulsar la productividad y dar lugar a efectos secundarios transfronterizos beneficiosos.
En cambio, las nuevas escaladas de los precios de las materias primas a causa de los conflictos geopolíticos, como los reiterados ataques en el mar Rojo, y las perturbaciones de la oferta, o una mayor persistencia de la inflación subyacente, podrían prolongar las condiciones monetarias restrictivas.
Las proyecciones sitúan el crecimiento del comercio mundial en el 3,3% en el 2024 y en el 3,6% en el 2025, por debajo de la tasa de crecimiento promedio histórica de 4,9%.
Una profundización de los problemas en el sector inmobiliario en China o la desestabilización provocada en otros lugares por las subidas de impuestos y los recortes del gasto también tienen el potencial frustrar el crecimiento.
Perduran importantes divergencias. El FMI espera una ralentización del crecimiento en Estados Unidos, donde la política monetaria restrictiva todavía está afectando a la economía, y en China, en el que el debilitamiento del consumo y las inversiones siguen pesando sobre la actividad. En la zona euro, mientras tanto, se espera que la actividad se recupere ligeramente después de un difícil 2023.
Sorprende en el documento la mejora de un 1,5% de la economía de Rusia, el mayor de los que considera el FMI, a pesar de la guerra en Ucrania y de las sanciones internacionales. La previsión es que su producto interior bruto crezca un 2,6%, más del doble del ritmo vaticinado en octubre. 
En su comentario, Gourinchas reflexiona que las medidas de consolidación fiscal que los gobiernos han anunciado puede retrasarse a medida que muchos países enfrentan crecientes llamadas para aumentar el gasto público en el que es el mayor año electoral global en la historia. “Esto podría impulsar la actividad económica, pero también estimular la inflación y aumentar la perspectiva de perturbaciones posteriores”, avisa.
Advierte además que, mirando hacia delante, una rápida mejora en inteligencia artificial (IA) podría impulsar la inversión y estimular un rápido crecimiento de la productividad, pero “plantea importantes desafíos para los trabajadores”.
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