Internacional
Mohamed Ali Ali Abdelkhalek, fotografiado esta semana en Barcelona
Gemma Saura / Toni Muñoz
Barcelona
España no entregará a Egipto a un empresario que se convirtió en el enemigo número uno de Al Sisi. Mohamed Ali Ali Abdelkhalek, de 50 años, constructor egipcio exiliado en Barcelona, provocó un terremoto político en su país en el 2019 cuando denunció la corrupción del régimen y señaló al presidente, Abdul Fatah al Sisi.
La Audiencia Nacional ha rechazado la solicitud de extradición de la justicia egipcia, que lo reclamaba por fraude fiscal. Él siempre ha sostenido que las acusaciones son una fabricación para perseguir a un opositor político. Hace un año, un tribunal militar lo condenó en ausencia a cadena perpetua y lo incluyó en la lista de terroristas por “difundir noticias falsas” e instigar protestas que acabaron con 4.000 detenidos.
La justicia española no ha tenido que entrar en el fondo de la cuestión y ha denegado la extradición por una razón meramente formal: la fiscalía egipcia nunca envió la documentación de la acusación debidamente traducida al español, según detalla el auto, al que ha tenido acceso La Vanguardia , fechado el 5 de diciembre, de la Sala de lo Penal de la Audiencia.
“No podían enviar nada porque no tenían nada contra mí. Todo es una farsa”, declara a La Vanguardia Abdelkhalek, que hace tres años solicitó el asilo político a España, todavía pendiente.
“Todo indica que Egipto ha intentado enmascarar con un delito ordinario lo que es una persecución política, por la manifiesta y pública oposición al régimen de mi cliente”, dice su abogado, José Ángel Cabello, del despacho Molins Defensa Penal en Madrid.
Conocido en su país como Mohamed Ali, el nombre que usa en internet, no es el opositor de manual. Constructor con buenos contactos en el ejército, amasó una fortuna como contratista de los militares. Hasta que cayó en desgracia. ¿Por qué? Asegura que sencillamente se hartó de los abusos y cuando rechistó fueron a por él. Huyó de Egipto y en otoño del 2019, ya instalado en Barcelona, empezó a difundir vídeos denunciando los negocios corruptos del ejército y particularmente de Al Sisi, a quien construyó un palacio.
Hubo una ola de protestas. El rais, que llegó al poder en un golpe en el 2013 y cultiva una imagen de rectitud, en contraposición a los desmanes que hicieron caer a Hosni Mubarak, no se lo perdonó.
Abdelkhalek lo ha pagado caro. Los últimos tres años los ha pasado sumido en una depresión, cuenta. No puede ver a sus hijos, que viven en Turquía. Dice que ha perdido casi todo su dinero. Ha tenido que vender la casa que compró en el Maresme, en parte para saldar deudas contraídas en un negocio fallido. Asegura que fue víctima de una trampa del Gobierno egipcio, que le mandó a dos malhechores para enredarle en un negocio y estafarle.
En Egipto acumula 14 condenas. Además de la cadena perpetua por terrorismo por su papel en las protestas del 2019 (le acusan de trabajar para los Hermanos Musulmanes), la mayoría se refieren a crímenes económicos. “Curiosamente ninguno de los fraudes que supuestamente cometí afectan a mi empresa, porque claro, eso significaría hablar de mis negocios con el ejército”, subraya.
Enemigo público número uno en el 2019, en los últimos se ha dejado de hablar de él en Egipto, aunque de vez en cuando algún acólito del régimen le insulta en televisión. Sobre todo cada vez que Mohamed Ali se dedica a colgar algún vídeo llamando a los egipcios a levantarse contra la dictadura, por ejemplo cuando Egipto acogió la conferencia internacional sobre el clima Cop27. Aquello le valió otra condena.
La invalidez documental es el argumento único de los magistrados para negar la entrega, como también pedía el Ministerio Fiscal. El primer expediente, remitido por El Cairo en el 2020, contenía documentos en árabe y el resto en un castellano que la Audiencia Nacional califica de ininteligible, traducidos con un programa automático. “Los relatos aportados resultan incompletos e incongruentes, sin que permitan comprender con claridad el contenido de las imputaciones”, dice el auto.
Se pidió a Egipto que enviase los documentos bien traducidos. Mandó otro expediente, que añadía nuevas acusaciones, inexistentes en la demanda inicial. Por ley, incluirlas obligaría a iniciar un nuevo proceso de extradición.
España dijo a Egipto que se limitase a enviar la documentación requerida. La petición fue en abril del 2021. No ha habido respuesta.
“A veces hay países que envían tarde la documentación, pero un desinterés tan grande del Estado demandante nunca lo había visto –dice el abogado, José Ángel Cabello–. Egipto articuló la demanda para aparentar un supuesto delito fiscal, pero no se ha tomado la molestia de demostrar la existencia del delito”.
Por su parte, Mohamed Ali Ali Abdelkhalek quiere expresar su agradecimiento. “Ha sido en Europa donde he conocido la justicia que no existe en mi país ni en ningún país árabe. Yo no soy nadie en España. Un individuo sin influencia, que no le importa a nadie. Y que pese a todo España haya decidido no entregarme, significa mucho”.
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