China parecía imbatible. Pero el ascenso económico del gigante asiático se ha visto frenado. Y sus líderes políticos —y los métodos que emplean— enfrentan serios cuestionamientos. Todo debido al brote del virus ahora llamado COVID–19 que ha dejado al país bajo una emergencia de salud que está por cumplir 50 días. Luego de modificar sus cálculos, las autoridades han registrado más de 70.500 casos y 1770 muertes. Con pacientes en dos docenas de países, las consecuencias ya son globales.

De Brasil a Indonesia, los mercados de materias primas sufren la contracción económica. Y mientras unos padecen, otros prosperan: en Francia, una fábrica de mascarillas trabaja horas extra para producir 80 cubrebocas por minuto. La súbita demanda —y escasez— de tapabocas no es solo síntoma del pánico colectivo: llevarlas “es un gesto que comunica solidaridad durante una epidemia”, según esta columna. Pero bajo la tensa normalidad y las férreas medidas de control, la crisis podría causar que se posponga el evento político más importante de China, el congreso nacional del partido comunista.

Fuente : The New York Time

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