Internacional
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, bromea con el presidente de la Comisión de la Unión Africana, Moussa Faki Mahamat, junto a los representantes de las instituciones europeas
Anna Buj
Roma. Corresponsal
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ya ha desvelado sus cartas. Después de meses hablando de su ambición de convertir a Italia en el puente que una Europa con las economías africanas, la líder de Hermanos de Italia ha presentado este lunes su ‘Plan Mattei’, una iniciativa de de cooperación con las naciones africanas que contará con una dotación inicial de 5.500 millones de euros para invertir en el continente y que pretende que ayude a controlar, en el último término, los flujos migratorios hacia las costas italianas.
Si Meloni ganó las elecciones del 2022 prometiendo frenar las llegadas de migrantes, desde que asumió el poder ha adoptado una óptica más realista y ver cómo en el 2023 aumentaba la presión migratoria con más de 157.000 migrantes que alcanzaron Italia. Por eso, la premier ha reunido en Roma este lunes a unos 25 jefes de Estado y de Gobierno africanos, además de otros varios ministros y representantes institucionales, en el Senado italiano, el escenario del lanzamiento del llamado ‘plan Mattei’, llamado así por el fundador de la energética ENI conocido por promover el desarrollo de los países africanos.
“La inmigración de masas ilegal jamás se parará, los traficantes jamás serán derrotados, si no afrontamos las causas que empujan a alguien a abandonar su propia casa. Eso es exactamente lo que pretendemos a hacer, por un lado declarar la guerra contra los traficantes, y por el otro trabajar para ofrecer a los pueblos africanos una alternativa de oportunidades, trabajo, formación y migración legal”, ha asegurado Meloni en la apertura de la conferencia entre Italia y África que se celebra este lunes.
Los primeros proyectos piloto de este plan son un centro de formación profesional sobre energía renovable en Marruecos, otras iniciativas educativas en Túnez o para el acceso a la salud en Costa de Marfil. En total, se destinarán 3.000 millones del Fondo Italiano para el Clima y otros 2.500 millones del Fondo para la Cooperación al Desarrollo, entre créditos, operaciones de donación y garantías. “Creemos que es posible escribir un nuevo capítulo en la historia de nuestra relación, una cooperación entre iguales, alejada de una imposición predatoria o caritativa hacia África”, ha añadido la primera ministra italiana en la apertura de la cumbre, a la que también han acudido los máximos representantes de las instituciones europeas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen; el del Consejo Europeo, Charles Michel; y la del Parlamento Europeo, Roberta Metsola. 
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, durante la apertura de la conferencia en el Senado italiano
En un principio la conferencia debía celebrarse en octubre, pero fue aplazada por la tensión en Oriente Medio, y se ha terminado planteando como el primer gran evento en el marco de la presidencia italiana del G7 de este 2024. Von der Leyen, que en los últimos meses ha demostrado una evidente sintonía personal con Meloni, se ha manifestado encantada con la iniciativa de Roma, asegurando que Europa debe cooperar con África para que los jóvenes tengan más oportunidades laborales y no deban recurrir a los traficantes de personas para llegar a Europa. La líder del Ejecutivo comunitario ha mostrado su disponibilidad a ofrecer más portunidades «de venir a Europa legalmente para que las personas puedan desplazarse, aprender y traer sus nuevos conocimientos a casa», defendiendo que «la movilidad debe ser gestionada por la ley, no por los traficantes». «Y cuanto mejor seamos en materia de migración legal, más convincentes seremos en la prevención de la migración irregular», ha apostillado. En cambio, el presidente de la Comisión de la Unión Africana, Moussa Faki, ha aplaudido las intenciones pero subrayando que les gustaría haber sido consultados durante los preparativos.
Según fuentes del Gobierno italiano, en una primera fase la iniciativa del ‘Plan Mattei’ se concentrará en estos proyectos piloto, mientras después se extenderá a otras naciones del continente. Roma quiere intervenir en áreas como la instrucción y la formación; la sanidad el agua y la higiene; la agricultura; las infraestructuras y la energía. De hecho, Italia aspira a convertirse en un polo para trasladar la energía africana a Europa en el camino hacia la independencia de los hidrocarburos rusos. Italia, ha remarcado Meloni, quiere ser “en un centro natural para el suministro energético de toda Europa, objetivo que podemos lograr si utilizamos la energía como clave para el desarrollo de todos». Según la premier, Italia busca ayudar a las naciones africanas interesadas a producir suficiente energía para sus necesidades y a exportar el excedente a Europa, «combinando dos necesidades: la africana de explotar esta producción y generar riqueza y la europea de garantizar nuevas rutas de suministro de energía».
Algunos escépticos, sin embargo, desconfían que un país con una deuda tan elevada como Italia sea capaz de competir en África con potencias como China o Rusia. El plan tampoco gusta en la oposición italiana, que lo han criticado como una «gigantesca operación propagandística» y acercamiento  «neocolonial». Peppe Provenzano, portavoz del Partido Demócrata, ha lamentado además que, como los fondos ya salían de partidas destinadas al clima y el desarrollo, «no tiene «ni un solo euro más de los fondos ya existentes».
Además de este acercamiento a todo el continente, en los últimos meses Meloni ha impulsado acuerdos individuales en materia migratoria con países como Túnez, donde la UE pagará para frenar las salidas de migrantes; o Albania, con el que la italiana ha alcanzado un controvertido pacto para construir centros migratorios en el país a los que trasladar los migrantes interceptados en el mar, al que el Tribunal Constitucional albanés acaba de dar el visto bueno después de haberlo congelado por las reticencias de la oposición. Todo mientras ha hecho mucho más complicado el trabajo de las oenegés que realizan operaciones de rescate en el Mediterráneo Central, que deben navegar durante días para desembarcar en puertos alejados de Sicilia argumentando que los centros de la isla ya están saturados.
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