Internacional
Haciendo cola la semana pasada en Moscú para apoyar la candidatura de Borís Nadezhdin
Gonzalo Aragonés
Moscú. Corresponsal
“Hay que terminar con lo que no se puede nombrar”, asegura Svetlana, una jubilada que, agarrada al brazo de su marido, se une a una larga cola en el centro de Moscú para dar sus datos y su apoyo a Borís Nadezhdin, el único aspirante a desafiar a Vladímir Putin en las elecciones de marzo en Rusia que apuesta por la paz con Ucrania.
Nadezhdin se ha convertido en las últimas semanas en un fenómeno entre los rusos descontentos, tanto para los que toda la vida estuvieron con la oposición al Kremlin como para quienes nunca pensaron en política, pero quieren que el conflicto termine ya. Miles de personas en la capital rusa y en otras ciudades hacen cola para dejar sus firmas y que sea admitido como candidato a las elecciones del próximo marzo. Pero poder registrarse como candidato necesita presentar a la Comisión Electoral Central 100.000 firmas antes de este 31 de enero.
Él es la “única esperanza” de la Rusia antiguerra, sostiene otra pareja, Alexánder y Natasha, dos jóvenes que trabajan en el sector de la educación, en el callejón Furman, no lejos del popular estanque de Chistie Prudí. Y es que ante la imposibilidad de manifestarse en contra de la guerra, que podría suponer multas y penas de cárcel, la campaña de recogida de firmas se ha convertido para muchos “en la única forma no peligrosa de hacer algo. Nadezhdin es para nosotros un símbolo”, dice Alexánder. Curiosamente, el apellido del aspirante procede del nombre de pila ruso Nadezhda, que significa “esperanza”.
Según la legislación rusa, los candidatos independientes tienen que recoger 300.000 firmas. Es el caso del mismo Putin, que, a pesar de tener el apoyo de su partido, Rusia Unida, y su aliado Rusia Justa, apuesta desde hace años por esta estrategia para desvincularse de la riña política y de la bajada de popularidad de su propia formación. Su equipo ha recogido más de tres millones de firmas, diez veces más de las necesarias, y esta semana ya las ha entregado.
Si un independiente viene avalado por un partido político, como Nadezhdin, al que respalda la formación Iniciativa Cívica, se exigen 100.000 firmas.
No necesitan avales, por el contrario, quien se presenta por partidos con diputados en el Parlamento. Es el caso del ultranacionalista Leonid Slutski, del Partido Liberal-Democrático; de Vladislav Davankov, de Gente Nueva, y de Nikolái Jarítonov, por el Partido Comunista, de momento los únicos candidatos que ya tienen el visto bueno del órgano electoral.
“He venido a apoyar a Nadezhdin en realidad arrastrada por mi hijo”, dice Olga antes de presentar a Artiom, que le guardaba el sitio en la fila aguantando la ventisca invernal que estos días cae sobre la capital rusa. “Es una forma de pronunciarnos contra todos, pues en realidad los demás candidatos respaldan al poder actual. Es un símbolo de protesta”, interviene este. “Además, es lo único que podemos hacer. Apoyo a Nadezhdin porque ha prometido acabar con la corrupción y con la OME”, explica, refiriéndose a la “operación militar especial”, el eufemismo oficial con el que aquí se conoce la intervención militar del ejército ruso en Ucrania que Putin ordenó hace casi dos años.
Como decía la jubilada Svetlana, en Rusia pronunciar palabras como “guerra”, “invasión” o “agresión” puede interpretarse como desacreditar al ejército y acarrear multa o cárcel.
Borís Nadezhdin, de 60 años, es un político veterano pero poco conocido. Concejal en Dolgoprudni, una ciudad de 120.000 habitantes a 20 kilómetros al norte de Moscú, a principios de siglo fue diputado estatal por un partido liberal. En su manifiesto electoral, mantiene que se presenta como “un oponente de principios contra las políticas del actual presidente”. Abiertamente llama al fin de la contienda contra Ucrania, y si es elegido promete el fin de la movilización y el regreso a casa de los prisioneros de guerra.
Además de terminar la guerra, muchos de los que llegan a las oficinas del aspirante confían en que su candidatura suponga el fin de la era Putin, dice Lev, un ingeniero de telecomunicaciones de poco más de 20 años que se acerca a la cola distraído en las profundidades de sus auriculares. Es una “alternativa al poder vertical”, representado por Putin y construido desde que Borís Yeltsin le cedió la presidencia el último día de 1999.
El equipo de Nadezhdin ya ha obtenido las 100.000 firmas esta semana, según el recuento que aparece cada día en su web. Pero decidió continuar hasta las 150.000 para tener un colchón en caso de errores y porque, según la ley, tiene que haber al menos 2.500 de cada región. Este sábado había superado con creces esa meta, con más de 197.000.
“He venido a apoyar a Nadezhdin porque me lo ha dicho el corazón”, suelta Svetlana, profesora, a las preguntas de La Vanguardia tras salir de las oficinas del aspirante. “Es una oportunidad. El tiempo dirá si luego se pueda cambiar algo en nuestro país, pero tenemos que aprovecharla”.
Tras desconectar la música y pedir amablemente disculpas, Lev, por su parte, confiesa que esta no era su primera opción para las elecciones del 15, 16 y 17 de marzo. “Yo quería apoyar a Duntsova, pero no le permitieron presentarse”, explica.
La periodista Yekaterina Duntsova se convirtió en otoño en una cara fresca para estos comicios. Se presentó esperanzada por hacer de Rusia “una democracia próspera y un Estado pacífico”. Pero en diciembre la Comisión Electoral rechazó registrarla alegando defectos en sus documentos. Ni siquiera pudo empezar a recoger firmas. “Además, creo que cuantos más candidatos haya, mejor será. Espero que a él sí le permitan presentarse”, agrega Lev.
Duntsova ha pedido a sus seguidores que den su apoyo a Nadezhdin. También le han mostrado respaldo destacadas figuras de la oposición ilegalizada, como el activista anticorrupción Alexéi Navalni, encarcelado por 30 años en una prisión del Ártico por diversas condenas; y el exmagnate del petróleo hoy exiliado Mijaíl Jodorkovski, entre otros. Eso explica en parte la masiva llegada de apoyos en las últimas semanas.
Pero tener el apoyo de los líderes de la oposición no aceptada por el poder puede acarrearle un problema a Nadezhdin y comprometer su candidatura. El político ha negado que venga avalado por la oposición y también ha negado ser un producto del Kremlin, como le han acusado desde el otro lado de la barrera.
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