Tecnología
Entrada al edificio de The New York Times en Manhattan
Francesc Bracero
Barcelona
El diario más influyente del mundo, ‘The New York Times’, abrió el miércoles una vía que puede cambiar el futuro de las inteligencias artificiales generativas, aunque nadie puede predecir ahora el futuro.
El periódico que mejor se adaptó a la sacudida que internet supuso para las redacciones tradicionales en los años 90 del pasado siglo, que hoy cuenta con una base de 10 millones de suscriptores en todo el mundo y espera alcanzar los 15 millones de lectores de pago en tres años, ha demandado a OpenAI y a Microsoft porque asegura que se han beneficiado de sus textos protegidos de propiedad intelectual sin pagar nada a cambio. Un ejemplo demoledor. El escrito al juez tiene 100 como este. El movimiento del rotativo neoyorquino es llamativo por la importancia del medio, pero la revolución de los creadores contra los modelos de IA que se entrenan con sus obras sin pagar nada a cambio es una nueva tendencia que puede derivar en una cadena de denuncias.
Un dato significativo sobre el movimiento del Times es que ha contratado al bufete de abogados Susman Godfrey como principal asesor externo para el litigio con Microsoft y OpenAI. Se trata del mismo gabinete legal que representó a la empresa de sistemas de voto electrónico Dominion Voting Systems en una demanda contra la cadena ultraconservadora Fox News, que puso en cuestión sus sistemas de voto electrónico, y que se saldó con una indemnización en abril pasado de 787,5 millones de dólares. Pero no es por eso por lo que los ha contratado el Times. El despacho presentó en noviembre una demanda colectiva contra Microsoft y OpenAI en representación de autores de obras de ficción cuyos libros y otros trabajos protegidos por derechos de autor fueron utilizados para entrenar sus grandes modelos de inteligencia artificial.
En esa demanda, los abogados de Susman Godfrey acusan a OpenAI y Microsoft de “robo desenfrenado” de obras protegidas por derechos de autor. Encabeza la demanda Julian Sancton, un reportero de The New York Times autor de bestsellers de no ficción. Esa denuncia es la primera demanda colectiva por derechos de autor que pone a OpenAI y Microsoft en el foco. La denuncia asegura que «OpenAI y Microsoft han construido un negocio valorado en decenas de miles de millones de dólares tomando sin permiso las obras combinadas de la humanidad”.
OpenAI podría tener que enfrentarse a una cascada de demandas por parte de creadores 
En Estados Unidos se ha abierto la veda de las demandas. En septiembre, un grupo de escritores iniciaba una acción legal. Michael Chabon, David Henry Hwang, Rachel Louise Snyder y Ayelet Waldman aseguran que OpenAI obtiene beneficios a partir del «uso no autorizado e ilegal» de sus contenidos protegidos por derechos de autor. Los demandantes aseguraron que la compañía de inteligencia artificial “sabía en todo momento relevante que los conjuntos de datos que utilizó para entrenar sus modelos GPT contenían materiales protegidos por derechos de autor, y que sus actos violaban los términos de uso de los materiales”.
En julio, otro grupo de escritores, Sarah Silverman, Christopher Golden y Richard Kadrey presentaron una demanda en la que acusaban a OpenAI y Meta de infringir los derechos de autor. Un mes antes, los autores Paul Tremblay y Mona Awad denunciaron a OpenAI por motivos similares. La resolución de uno de estos casos puede suponer un antes y un después en las empresas de IA. Imaginen que los autores ganan una demanda millonaria. Tanto la compañía de ChatGPT como Microsoft se podrían enfrentar a una catarata imparable de denuncias tanto en Estados Unidos como en otros países.
La semana ha dejado imágenes de impacto sobre cómo funcionan las IAs generativas. La última versión de Midjourney copia descaradamente las imágenes de películas comerciales, a las que somete a pequeños cambios. No son idénticas, pero sí muy parecidas. Parece claro que no sería difícil demostrar delante de un tribunal que esta IA especializada en imagen ha sido entrenada con material protegido por derechos de autor. La revolución de los creadores puede estar en marcha y sus consecuencias serían impredecibles. A todo esto, Apple, a la que algunos acusan de estar perdiendo el tren de la IA, ha abierto negociaciones con grupos editoriales para obtener permiso de uso de sus materiales. No todo el mundo es igual.
Israel está utilizando en su campaña de bombardeos en Gaza una plataforma de IA de selección de objetivos llamada Habsora, «El Evangelio». Según The Guardian y la revista israelí +972, el ejército israelí utiliza esta IA para obtener docenas de recomendaciones de objetivos basadas en la identificación de domicilios privados de personas sospechosas de trabajar con Hamás o la Yihad islámica. La IA también puede ser, como en este caso, una aceleradora de destrucción y su uso contra los seres humanos plantea serias cuestiones éticas.
Un estudio sobre el seguimiento online de las principales herramientas de IA revela que, entre septiembre del 2022 y agosto del 2023, tuvieron una cifra de 24.000 millones de visitas. De todas ellas, ChatGPT captó 14 mil millones, un 60% de tráfico registrado. Las más populares fueron los chats conversacionales, con 19.100 millones de visitas. Más del 60% de los usuarios accedieron a la IA desde dispositivos móviles. El estudio revela también una brecha de género, casi el 70% (69,5%) fueron hombres, frente a un 30,5% de mujeres.
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