Internacional
Varios moscovitas paseando frente a un árbol de Navidad cerca de la plaza Roja el 27 de diciembre (YURI KOCHETKOV / EFE) 
Gonzalo Aragonés
Moscú. Corresponsal
Moscú se divierte. Y no solo las celebridades que asistieron casi desnudas a una polémica fiesta que terminó con cárcel y multa para varios participantes. En los últimos días del 2023, la capital rusa se ha llenado, según la costumbre, de luces y gigantes árboles de Navidad. Los moscovitas han frecuentado los centros comerciales para recibir el Año Nuevo como se merece, con regalos y la despensa llena para los siguientes diez días de vacaciones. Y eso a pesar de los recientes bombardeos mutuos y de que Rusia lleve empantanada casi dos años en una guerra que la mitad de los rusos querría que acabase ya en el 2024.
Tal vez precisamente por eso, los rusos intentan que la vida siga su curso. El conflicto se prevé largo, con una Rusia superior desde el punto de vista militar y una Ucrania que, aunque la ayuda de Estados Unidos y la Unión Europea no falle, en el frente de batalla este año tendrá que defenderse.
“Hay que aprovechar cada oportunidad de reunirnos con los amigos. No podemos dejar que lo que sucede rompa eso, porque al final es lo que nos queda”, decía Klara en un bar próximo a la plaza Pushkin, en el centro de Moscú, adornado con las luces típicas de estos días y lleno de actividad y gente que hacía las últimas compras del año. Una encuesta sobre la guerra del independiente Centro Levada mostraba en septiembre que la apatía es el sentimiento dominante. El 52% dijo que no siguen el conflicto con atención o que no lo siguen en absoluto.
Para quien no tenga familiares en el frente de guerra, desde fuera el Año Nuevo en Moscú parece igual que en ocasiones anteriores. En la noche del 31 de diciembre no hubo, sin embargo, fuegos artificiales. Como otras ciudades, la capital ha renunciado los dos últimos años a este espectáculo.
Tras el ataque ucraniano contra la ciudad de Bélgorod del día 30, otros ayuntamientos se han sumado, pero sin renunciar a las celebraciones. “Es un error dejarse influir por los terroristas y cancelar los eventos de Año Nuevo y privar a nuestros hijos de la fiesta. Los fuegos artificiales son inapropiados, pero el programa de Año Nuevo en el centro de la ciudad se llevará a cabo”, anunció el alcalde de Petropávlovsk-Kamchatski, Konstantín Brisguin.
Además del ataque contra Bélgorod, lo único que podría haber estropeado las celebraciones es el aumento de los precios. La inflación, un 7,5% según las previsiones oficiales y que, según Putin, podría haber llegado al 8% en el 2023, ha supuesto un duro golpe para el bolsillo de muchos rusos.
Visitantes del parque de la VDNJ contemplan una escultura de hielo de un avión ruso Irkut MC-21 (MAXIM SHIPENKOV / EFE)  
Aun así, pasear tranquilamente por los iluminados y recargados centros comerciales de Moscú era casi imposible los últimos días del año. Toda la ciudad ha estado de fiesta y, mientras el lector lee estas líneas, disfruta de los diez días de vacaciones familiares de enero. Además, los cristianos ortodoxos, religión mayoritaria en Rusia, celebran la Navidad el 7 de enero.
En el campo de la economía, el Kremlin ha virado a Asia. Rusia ha eludido con éxito las sanciones a su petróleo y ha desviado los flujos de Europa a China e India, que juntas representan el 90% de las exportaciones de crudo, dijo el día 27 en televisión Alexánder Nóvak, vice primer ministro, a cargo del sector energético.
“Los principales socios en la actual situación son China, cuya participación ha crecido al 45%-50% aproximadamente, y, por supuesto, India. Antes no había suministro a este país. En dos años, el total de suministros a India supone el 40%”, especificó. A Europa le vende un 4%-5%, muy lejos del 40%-45% de antes de la guerra.
Serguéi Lavrov, ministro de Exteriores ruso, anunció la semana pasada progresos para la “fabricación conjunta de armamento moderno” con India. A falta de los datos finales de diciembre, el Gobierno ruso calculó un 3,5% de crecimiento de su economía para el 2023. “Esto confirma nuestra capacidad de adaptarnos de manera efectiva a cualquier turbulencia”, dijo el ministro de Desa¬rrollo Económico, Maxim Reshétnikov.
Pero las luces no deslumbran a todos. La “operación militar especial”, como se la llama oficialmente, aumentó en el 2022 la represión de la oposición y toda crítica de las acciones militares en Ucrania. Esa represión sigue activa. El enemigo número uno de Putin, Alexéi Navalni, fue noticia en diciembre mientras le trasladaban a una prisión en el Ártico y sus socios le daban por desaparecido. Una colaboradora de Navalni, la exconcejala de Tomsk Ksenia Fadéyeva, fue condenada a nueve años de cárcel por extremismo. Y dos poetas, Artiom Kamardin y Yegor Shtovba, tendrán que pasar 5,5 y 7 años en prisión, respectivamente, porque en septiembre del 2022 participaron en una lectura pacifista en Moscú junto al monumento al poeta Vladímir Mayakovski. Según OVD-Info, unas 20.000 personas han sido detenidas en Rusia por su oposición al conflicto. La oenegé Memorial contabiliza 633 prisioneros políticos entre rejas.
La atmósfera bélica ni siquiera ha pasado por alto la fiesta de los famosos que escandalizó a los sectores más conservadores y proguerra. A la organizadora, la influencer Anastasía Ívleeva, un tribunal la multó con 100.000 rublos (mil euros), mientras que el bloguero Vacio (Nikolái Vasílyev) estará 15 días en prisión por escándalo menor y propaganda LGTB porque lo único que llevaba puesto era un calcetín en el pene.
Coincidiendo con el inicio de la campaña para las elecciones presidenciales de marzo, Gobierno y altos funcionarios rusos han lanzado este fin de año mensajes optimistas sobre la guerra. Serguéi Lavrov dijo que la estrategia occidental de “infligir una derrota estratégica a Rusia” ha fallado. El de Defensa, Serguéi Shoigú, dio por desactivada la contraofensiva de Kyiv.
Eliminados los principales opositores y medios críticos, Putin aspira a una victoria contundente en los comicios del 15, 16 y 17 de marzo y lograr su quinto mandato en el Kremlin. Según el Centro Levada, en diciembre contaba con un respaldo del 83%.
Tras casi dos años de conflicto, Moscú sigue controlando casi el 18% del territorio ucraniano, incluida la península de Crimea, que Rusia se anexionó en el 2014. Se prevé que Ucrania tenga que pasar este año a la defensiva. Su presidente, Volodímir Zelenski, ordenó el 1 de diciembre fortalecer las defensas del frente.
En la actual guerra de desgaste, los números dan ventaja a Rusia, a quien viene bien una contienda larga por sus reservas de hombres (tres veces más población que Ucrania) y medios, sin hablar de la tolerancia de su población a sufrir. Ucrania cuenta con su valor y con estar defendiendo su propio país. “Nadie cree más que yo en la victoria”, ha dicho Zelenski. Algo de escaso valor práctico si falta el dinero occidental. En el 2023, Putin comprometió 157.000 millones de dólares en la lucha contra Ucrania, y para el 2024 el presupuesto de Defensa ha aumentado un 70%. Ucrania está a expensas de los 61.400 millones prometidos por EE.UU. y los 77.600 de la UE, actualmente en el aire porque en Washington lo frena el Congreso, y en Europa, Hungría.
En Moscú crece la esperanza de que la ayuda occidental a Ucrania afloje. En Occidente creen que el Kremlin sueña con una victoria de Donald Trump en las presidenciales de otoño en EE.UU. Moscú dice que no es así. “La élite política estadounidense, independientemente de su afiliación partidista, ve a Rusia como un enemigo y una amenaza existencial. Sería ingenuo esperar mejorar las relaciones con una victoria del candidato republicano. No nos importa quién gane”, dijo el 31 de diciembre Lavrov a Ría Nóvosti.
Pero el 2024 ha comenzado como terminó el 2023: con las armas en alto y ninguno de los bandos dispuesto a ceder. El deseo de la mitad de los rusos para el nuevo año es que haya paz, según una encuesta del centro independiente Russian Field. Solo un 6% desea que este año Rusia logre la victoria en Ucrania. Sí, Moscú se ha divertido durante el Año Nuevo. Pero según están las cosas, puede ser la última fiesta en mucho tiempo.
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