Despierta Quisqueya

República Dominicana se queda con menos niños: ¿Qué hay detrás de la caída de la fecundidad?

República Dominicana atraviesa un cambio demográfico que va más allá de la reducción de los nacimientos. La fecundidad del país se encuentra por debajo del nivel de reemplazo generacional y las familias son cada vez más pequeñas, mientras aumenta progresivamente la cantidad de adultos mayores.

Los demógrafos José Miguel Guzmán Molina, Antonio Morillo y Julio César Mejía coinciden en que el fenómeno debe observarse con atención, aunque difieren en el nivel de preocupación y en las respuestas que debería adoptar el Estado.

Guzmán Molina plantea que la caída de la fecundidad no puede explicarse por una sola causa. Además, distingue entre fecundidad y natalidad: la primera se refiere al promedio de hijos por mujer, mientras la segunda también depende de la estructura de la población y de la cantidad de mujeres en edad reproductiva.

El demógrafo sostiene que República Dominicana comenzó su transición hacia una menor fecundidad desde mediados de la década de 1960, cuando la economía familiar fue dando paso a una economía de mercado. En ese proceso cambió también el valor económico de tener hijos y aumentaron las exigencias de educación y formación para incorporarse al mercado laboral.

A esto se sumaron cambios culturales, mayores aspiraciones personales y una mayor participación de las mujeres en el mercado de trabajo. Guzmán Molina considera que la autonomía femenina y las transformaciones en las relaciones de género también han modificado las decisiones reproductivas.

El acceso a métodos anticonceptivos y la planificación familiar, agrega, han contribuido a acelerar el descenso, pero no lo explican por sí solos. Para entender la fecundidad, dice, es necesario identificar cómo actúa cada factor y no limitarse a determinar si tiene importancia.

Antonio Morillo, aunque reconoce que la fecundidad dominicana está ligeramente por debajo del nivel de reemplazo, considera que el descenso todavía no alcanza la intensidad observada en otros países europeos y asiáticos.

Por eso, entiende que no es necesario aplicar actualmente políticas específicas para incentivar los nacimientos.

Su recomendación es observar la evolución durante los próximos años y compararla con las proyecciones de población.

La alerta, sostiene, aparecería si la fecundidad cae de forma más acelerada y por debajo de las estimaciones actuales.

Julio César Mejía coincide en que la situación no debe presentarse como un escenario apocalíptico. Sin embargo, advierte que las proyecciones de largo plazo tienen incertidumbre y que los descensos de la fecundidad han sorprendido incluso a los especialistas.

Para Mejía, el reto no consiste simplemente en conseguir que nazcan más niños, sino que el Estado debe procurar que las mujeres que desean tener hijos puedan hacerlo.

Las dificultades para conciliar empleo, maternidad y cuidados, junto con la carga desigual de las tareas domésticas, pueden impedir que algunas mujeres alcancen el número de hijos que desean.

Los tres planteamientos apuntan hacia una misma transformación, una sociedad con menos niños y una proporción creciente de adultos mayores.

Guzmán Molina advierte que este cambio tendrá consecuencias sobre las pensiones, el mercado laboral, la educación y los sistemas de cuidado.

Con familias más pequeñas también se reduce la cantidad de personas disponibles para atender a los adultos mayores. Por eso propone anticiparse al cambio demográfico y convertirlo en parte de la planificación económica.

Mejía plantea que República Dominicana necesita una política de población que considere conjuntamente fecundidad, mortalidad y migración.






Karla Alcántara

Abanderada por los viajes, postres y animales. Ha cursado diplomados sobre periodismo económico impartido por el Banco Central, periodismo de investigación por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo, finanzas por el Ministerio de Hacienda y turismo gastronómico por la Organización Internacional Italo-Dominicano.

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